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«Los negocios de barrio no salen adelante sin respaldo»

Juan Pablo Corte, en su tienda de la calle Langreo./Daniel Mora
Juan Pablo Corte, en su tienda de la calle Langreo. / Daniel Mora

«Las tiendas cierran, pero no tanto porque los clientes dejan de comprarnos como porque se agota la ilusión de los tenderos»

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

La Alacena Gourmet es la pequeña tienda de alimentación que el naveto Juan Pablo Corte Valdés abrió en el centro de Gijón hace casi siete años. En sus 33 metros cuadrados hay más de un centenar de referencias de vinos, quesos, conservas, pasta fresca, legumbres, embutidos... La tienda ha evolucionado en función de la demanda de la clientela, que pasó de entrar solo para comprar a hacerlo también para tomar algo. Así lo cuenta el tendero, que agradece la ayuda familiar recibida para sacar adelante el negocio. Hace medio año, abrió la sidrería La Alacena de Angelón, en su Nava natal.

Nuevas perspectivas. «Yo era soldador, pero me pilló el final del 'boom' de la construcción y acabé fuera de la empresa. Aproveché entonces para hacer una cosa que siempre había querido: trabajar como buzo. Me saqué el título en el País Vasco y estuve un año viviendo de ello. Así pude hacer algo de dinero, el suficiente para cambiar totalmente de palo y abrir La Alacena Gourmet el 9 de marzo de 2012. En cuanto me planteé montar una tienda de alimentación tuve claro que quería que fuera especializada, con productos que no se pudieran encontrar en otros sitios».

Sin apoyo sería imposible. «Me decanté por una tienda de comestibles porque me gusta la rama y porque tras Embutidos El Remedio está mi familia y sabía que ellos podían ayudarme a empezar. Soy autodidacta del todo; empecé poniendo interés y ganas. Tengo que agradecer a todos los profesionales que me han enseñado a lo largo de estos años. También, y mucho, a mi familia. Monté el negocio en plena crisis y lo cierto es que nos abrasan con los impuestos. Sin la ayuda de los míos no habría podido resistir. Viendo cómo está el tema, sin un poco de respaldo los establecimientos de barrio no pueden salir adelante. Nosotros tardamos tres años en estar bien asentados».

Tiendas de barrio en peligro de extinción. «En establecimientos como el mío se habla de fidelidad y de trato cercano con el cliente, del cual llegas a conocer hasta los gustos y preferencias. Creo que se está acabando con este concepto, pero no porque el público deje de comprarnos, sino porque se está agotando la ilusión de los profesionales. Nos ponen muchas trabas, de verdad. El vínculo que se crea con las personas que entran hay que trabajarlo, y eso, en negocios más 'despersonalizados', no se hace. Además, en tiendas como estas el que te vende los productos sabe perfectamente lo que ofrece, y eso también genera fidelidad».

Evolución de la oferta. «La Alacena Gourmet ha cambiado en función de lo que ha demandado la clientela. Al principio tenía los dos escaparates con mucho producto y 'pipes' aún con más catálogo. Eso estuvo muy bien al principio, pero transcurridos dos años la cosa se atascó. La gente quería algo más. Siempre he tenido muchas cosas desconocidas y la mejor forma para que dejen de serlo es dárselas a probar a los que entran por la puerta. La clientela veía vinos exclusivos y quería probarlos, así que eso es lo que les ofrecimos. Quitamos un escaparate para poner unas mesas, y luego, visto lo bien que había salido, eliminamos el otro también. Antes, la gente entraba a comprar; ahora, lo hacen para tomar algo a sabiendas de que también se lo pueden llevar a casa».

Referencias de todo el país. «Tenemos más de un centenar de productos, desde una treintena de vinos a legumbres de Asturias o León, pasta fresca, conservas de pescados y mariscos y platos preparados, entre otras muchas cosas. Quisimos trabajar marcas que no tuvieran distribuidor en Asturias y, además, buena parte de la gama va rotando. Trabajamos con denominaciones de vinos que no se encuentran ni en bares, como Campo de Borja (Zaragoza) o los Arribes del Duero (Castilla y León), por ejemplo. Apuesto por agricultores de explotaciones familiares, que tengan una producción muy limitada porque son los que de verdad disfrutan con lo que hacen».

Una sidrería en la familia. «El pasado mes de junio abrimos una sidrería en Nava: La Alacena de Angelón se llama, porque es el local que tenían los del lagar. Este proyecto fue muy pensado y también tiene importante peso familiar. Animé a mi madre y a mi novia, que se había quedado sin trabajo, a hacerlo porque era el momento. Ahora tengo clientes en Gijón que nos conocen por la sidrería, y viceversa. Por el momento estoy muy metido en Nava para arrancar el proyecto, aunque lo mío es La Alacena de Gijón».

 

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