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25 años de cocina entre amigos

25 años de cocina entre amigos
Nacho Manzano y Pepe Vieira, detrás, con Quique Dacosta, Esther Manzano y Nacho Solana, en Casa Marcial, en la localidad parraguesa de La Salgar. Por la tarde se les uniría Ricardo Sotres. :: JUAN LLACA

Casa Marcial celebra su aniversario en Parres experimentando entre fogones con los mejores chefs

G. POMARADA

Lo más bonito que deja el cuarto de siglo de Casa Marcial a Nacho Manzano son «los buenos amigos», un patrimonio del que la familia presumió ayer en su restaurante de la localidad parraguesa de La Salgar. Quique Dacosta, Pepe Vieira, Nacho Solana y Ricardo González Sotres -que se sumó por la tarde a la celebración- fueron los encargados de inaugurar los actos previstos por estos veinticinco años de andadura y lo hicieron, cómo no, tras los fogones. El experimento de reunir a algunos de los mejores chefs del país en una misma cocina responde a esa «nueva tendencia de meternos todos juntos y que surjan cosas, crear un plato que no sea ni suyo ni mío», explicó Dacosta, con tres estrellas Michelin en su haber. De esa cocina de lo colectivo salieron quince platos, repartidos en cinco aperitivos, ocho principales y dos postres. Entre ellos, el cocido montañés de Nacho Solana, la empanada de congrio de Pepe Vieira, la tapa de kiwi asturiano de Ricardo Sotres, un arroz de Quique Dacosta «que dialoga con el pitu caleya» o el aperitivo de algas y el calamar con enoki de Nacho y Esther Manzano. Cuarenta comensales pudieron disfrutar de la primera de las doce cenas que acogerá el restaurante parragués este año y en las que participarán cocineros de la talla de Martín Berasategui, Joan Roca o Albert Adriá. Además, el evento del mes de diciembre que cierre las celebraciones será de carácter solidario, adelantó Nacho Manzano. Más allá de la creación culinaria, el encuentro entre cocineros y «buenos amigos» sirvió para repasar la evolución de la profesión en estos últimos años. «Empecé como pinche en una cocina de carbón», rememoró Nacho Manzano, que destacó también aquellos primeros años de formación en los que los conocimientos eran guardados con celo por sus maestros. «El tío te mandaba a hacer un recado para que no vieras lo que echaba a la salsa», relató.

Tres décadas después, la cocina se ha convertido en un «código abierto, cuanto más sabe tu equipo y tu cliente, más se valora lo que hacemos», aseguró Dacosta. Eso que hacen los Manzano desde un pequeño pueblo tiene para sus compañeros de profesión un «doble mérito por hacerlo desde aquí». Para la propia familia de cocineros de Casa Marcial es un «milagro» fruto del «idealismo de hacer las cosas diferentes y bien». Desde aquel «¿y qué ponemos en la carta?» de los inicios del restaurante que se resolvió con un pitu caleya y croquetas, platos de tradición familiar, muchos han sido los avances, pero la «ilusión sigue siendo la misma», afirmó Manzano. Porque si algo tiene claro es que cuando le falte ese ingrediente principal, apagará los fogones.

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