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«Para que el campo siga, nos tenemos que poner las pilas»

Judith Naves, con una selección de productos Astursabor y, en la 'tablet', la caravana que quiere arreglar./j. c. Román
Judith Naves, con una selección de productos Astursabor y, en la 'tablet', la caravana que quiere arreglar. / j. c. Román

La emprendedora ha lanzado una campaña de 'crowfunding' para conseguir 4.000 euros y montar el 'food truck' de Astursabor

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

La cabeza de Judith Naves (Las Regueras, 1993) no descansa. Ganadera, emprendedora y empresaria, o al revés, siempre está buscando cómo hacer más completa su oferta. Montó hace cuatro años la empresa de conservas cárnicas de razas autóctonas Astursabor y, ahora, acaba de sacar una campaña de 'crowdfunding' para alcanzar la financiación necesaria con la que poder llevar a cabo su nueva idea: el 'food truck' de Astursabor. Necesita 4.200 euros. Tiene hasta mediados de marzo para conseguirlos.

Proyecto rodante

«He lanzando la campaña de crowdfunding en la plataforma goteo.org para conseguir la financiación necesaria para adecuar el interior de una caravana que tengo. Hay que reformarla entera para poder utilizarla para trabajar; necesito que tenga baño María para calentar la comida, horno, fregadero y un suelo. Necesito, al menos, 4.000 euros, pues con eso ya podría hacer la reforma. Fijé el óptimo de 5.000 porque así podría también preparar el exterior, poner unas mesas y unas sillas. En el 'food truck', ofreceremos nuestras conservas de razas autóctonas asturianas. Damos una especie de detalle a quienes aporten algo de dinero, desde 'packs' de productos a ir a visitar nuestra ganadería».

Cultura asturiana

«Con el 'food truck', además de servir comida, estaremos dando a conocer las razas autóctonas de Asturias, idea esta que hemos mantenido siempre. En AsturSabor trabajamos corderu xaldu, cabritu bermeyu, ternera casina y de los Valles, gochu asturcelta, potro asturcón y pita pinta, todo a su vez regado con caldos asturianos, es decir, con sidra, vino de Cangas y cerveza. Además, hace un año, sacamos un producto nuevo, el pote de castañas valdunas de Las Regueras. Ir a festivales con nuestro producto ya servido es un plus que no tenemos en las tiendas ni en los supermercados. Es un marketing diferente, sin duda. Estamos presentes en negocios de Madrid, Úbeda, Cádiz, Barcelona y Asturias, y en locales de hostelería, a los que servimos nuestros productos con un embalaje diferente. Nos estamos enfocando ahora a los gastrobares».

Una idea resultado de una boda

«Llevo mucho tiempo barajando la posibilidad de trabajar en un 'food truck'. Creo que fue en agosto del año pasado que tuvimos una boda rural y me encantó la idea de servir la sesión vermú en una 'gastroneta', pero conseguir una en esa fecha fue imposible y traerla de fuera, carísimo. Soy la tercera generación de una familia de emprendedores, así que empecé a darle vueltas a la idea. Pero hice una inversión muy grande la fábrica, así que no podía volver al banco y pedir un crédito».

Más trabajo

«También queremos concienciar a la gente de que actividades como esta acaban generando empleo, bien sea directa o indirectamente, porque hay quien empieza a criar estas razas autóctonas. Ahora mismo, nosotros criamos, pero es que a su vez compramos a los ganaderos de las asociaciones. La verdad que no sé con cuantos trabajamos porque esas gestiones las hace mi padre».

Trabajar juntos por el futuro

«Ojalá el campo asturiano tenga futuro. Es un tema muy complicado y lo estamos sufriendo. Todo el mundo se tiene que poner las pilas ya porque cualquier día va a haber un abandono absoluto. Tenemos que buscar soluciones entre todos, pero empezando por los de arriba, por el ministerio correspondiente, porque este tema no solo afecta a Asturias. Tenemos que ser todos conscientes de que hay que luchar por ello. Yo conozco a jóvenes que apuestan por el campo quedándose con ganaderías que fueron de sus abuelos o padres, pero otros optan por irse a las ciudades ».

Joven emprendedora

«Empezar con el negocio no fue fácil, primero porque es un producto nuevo y cuesta hacerle un hueco. En este sentido, daba igual que fuera joven y mujer. Luego, sí, tenía 21 años y mucha gente pensaba '¿a dónde va esta pinina?'. El secreto está en creer en ti y en tu proyecto para lograr que sea un sentimiento recíproco. No tienes que ser tonta, pero sí humilde y no abandonar. Ahora tengo mucha gente que me apoya porque sabe que voy a piñón. El tema de ser mujer ya es otra cosa... Cuando empecé, vi muy complicado poder comprar materia prima, ser la tratante con los ganaderos. Tan difícil lo vi que se empezó a encargar mi padre y hoy, cuatro años después, sigue haciéndolo».

 

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