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Cierra El Globo, un clásico de la hostelería de Gijón

Armando, a la puerta de la emblemática sidrería de la calle San Bernardo. / ARNALDO GARCÍA

Echará el cierre el 1 de octubre tras 26 años en la calle San Bernardo | Armando Rodríguez tiene el nombre de la sidrería registrado y deja la puerta abierta a volver en otro local tras dos años sabáticos para dedicarse a la familia

M. MORO GIJÓN.

Armando Rodríguez bajará por última vez la persiana de la sidrería El Globo el próximo 1 de octubre. El veterano hostelero que a sus 69 años sigue al frente del emblemático negocio, pero como jubilado al lado de su mujer Covadonga, asegura que da este paso no por cansancio -«me encanta estar en contacto con el público»-, sino por su hija adoptiva de 14 años, Andrea. «No puede ser que se pase todo el verano y los fines de semana sola con sus dos padres trabajando», explica.

Llegado este momento del cercano adiós con la clientela afirma que solo tiene «palabras de agradecimiento infinito para las personas que confiaron en nosotros y durante tantos años nos fueron fieles». La gratitud la hace extensiva también a todos aquellos que le dieron la espalda en 2015 cuando dejó de escanciar culinos de sidra en el local. «Comprendo a las personas que dejaron de venir. No me enfado porque no vengan, porque yo gestiono mi casa a mi manera y en hostelería siempre hay que llevar al cliente a tu terreno», defiende.

Con reseñas de su negocio en 'Rolling Stone' y 'Le Figaro', además de en EL COMERCIO, como figura en sus cartas, Armando asegura que después de tantos años detrás de la barra ha aprendido las reglas básicas: calidad del producto que se sirve y respeto. «Todo lo que se salga de ese contexto es complicarse la vida», sostiene.

Hijo de Cuca, una adivinadora que hizo de todo para sacarle adelante, empezó a trabajar a los doce años en una farmacia como mancebo. Su primera experiencia en hostelería fue con un pub de nombre Gaudiosa -«como la mujer de Pelayo»- que abrió con un socio en la calle Doctor Aquilino Hurlé. De ahí pasó a regentar un tablao flamenco en Cimavilla. El Globo surgió en 1992 en San Bernardo número 2, en la esquina de la plaza Mayor donde actualmente se encuentra el restaurante La Farola. Cuenta que, cuando en 1998 se restauró el edificio en cuyo bajo estaba primeramente la sidrería, Vicente Álvarez Areces, por aquel entonces alcalde, le ofreció ser el primero en tener la opción de compra para retornar allí. «El metro cuadrado eran 870.000 pesetas más IVA así que le dije a Tini que, como el conjunto musical, me pusiese el último de la fila», rememora. «Tuvimos después la suerte de coger este local -en San Bernardo, 13- que había sido una sidrería, Casa Julio, y anteriormente el café de Coto. El 13 de septiembre se cumplirán veinte años justos de permanencia en esta ubicación», apostilla.

Armando deja la puerta abierta a que el cierre de El Globo sea un 'hasta luego' y no un 'hasta siempre'. Él y su mujer tienen planeado tomarse dos años sabáticos para dedicarlos por completo a la niña rusa de sus ojos, Andrea. Pero como Covadonga aún es cotizante joven -tiene 52 años-, el nombre de la sidrería está registrado y ambos son propietarios de otro local próximo al actual, el regreso después del citado paréntesis de dos años es factible.

El veterano hostelero, que también tuvo un programa de radio y fue comentarista deportivo, tiene claro a qué va dedicar tanto tiempo libre a partir del próximo 1 de octubre. Su idea es viajar mucho. «Este es uno de los trabajos más esclavos que hay. Me perdí todos los espectáculos, el teatro, las verbenas, los toros... Al Hípico llevaba sin ir cincuenta años», se lamenta.

Su gran preocupación antes de echar el cierre son sus ocho empleados. «Ninguno va a marchar de aquí con menos de lo que le corresponde. Soy socialista y quiero dormir tranquilo y andar por Gijón con la cabeza muy alta», remarca.

Hermano de Ramoncín

Asegura que su «gran pena es que no podré despedirme de El Globo con oricios» porque el preciado equinodermo no llegará a tiempo a las mesas de sus comensales para celebrar su paso a la reserva hostelera. Lo que sí tendrá para ofrecer en su carta son otros manjares como el último bonito del año, el bocarte del Cantábrico, la fabada, el pulpo a Feira o la tortilla de rape y gambas.

Armando es hermano de padre de Ramoncín, con el que se vio recientemente con motivo de su participación en un festival en Avilés el pasado mes de agosto. Confía en que el 'rey del pollo frito' se acerque hasta Gijón para acompañarle antes de pesllar. Aunque no se puedan servir oricios.

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