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«Los clientes me pidieron que no reformara el local»

Germán Blanco, ayer, en su negocio, que hoy martes cierra por descanso. /  MARIETA
Germán Blanco, ayer, en su negocio, que hoy martes cierra por descanso. / MARIETA

La histórica cafetería Germán, en El Muelle, cierra el próximo lunes

C. DEL RÍO AVILÉS.

La cafetería Germán, el último de los grandes cafés del siglo XX en el entorno del parque del Muelle junto con el Colón, Busto y Fornero, bajará la persiana definitivamente el próximo lunes. Germán Blanco Rubio (Avilés, 1955) se despide de la que ha sido su casa y con él se va una forma de entender la hostelería que sus clientes ya añoran. La cortesía de Germán es una de las enseñas del local junto con el 'solomillo mantequilla' o la ensaladilla rusa, «otro de nuestros buques insignia».

-El próximo lunes día 30 abrirá por última vez. ¿Triste?

-(Aprieta los labios y encoge los hombros). Llevo toda una vida aquí y cotizados, 42 años. Aquí nací, empecé a caminar y crecí. Seguiría, pero lo dejo por problemas de salud. Tengo mal los pies y el pulso. Y tengo ganas de descansar.

«Si tuviera que dar marcha atrás, no cambiaría mi decisión de ser hostelero por nada» «Aquí se reunieron muchas peñas como La Escucha, El Sifón o Les Berces y se fundó la de mus Los Diez Amigos»

-¿No lo echará de menos?

-Un poco. Un poco mucho. Sobre todo a los clientes. Siempre he tenido buena clientela. Tengo mucho que agradecer al pueblo, que siempre ha respondido en los momentos difíciles.

-Con usted se va una forma de entender la hostelería.

-Pienso que el cliente tiene que sentirse como en casa. Cuando entra en un local como este tiene que encontrar a una persona que le facilite lo que desea. Educación y amabilidad, fundamentalmente. La técnica se aprende enseguida.

-Usted es la tercera generación. Y no habrá cuarta.

-No, a mi hijo no le gusta la hostelería. Y tiene que gustarte para dedicarte a ello porque si no se hace muy cuesta arriba. Son muchas horas y eso es un hándicap para la gente joven porque mientras los demás están divirtiéndose, tú estás trabajando.

-El negocio lo cogió su abuelo, ¿no?

-Sí, mi abuelo empezó a trabajar en esta cafetería con catorce años, en octubre de 1935. Mi padre comenzó a echar una mano a los diez junto a sus hermanos Germán, Carmina y Electra. Lo llevó él hasta su fallecimiento en 1953. Asumieron las riendas sus hijos (mi padre y mis tíos) y dos años después hicieron la primera reforma del local. El diseñador fue un pariente, Tuto, que era delineante en el Ayuntamiento. Con esa nueva imagen se inauguró en la Nochebuena de 1955.

-¿Cuándo comenzaron sus padres a gestionarlo?

-A partir de 1962 ó 63. Mis tíos se fueron y los sustituyó mi madre Mari. A finales de esa década, el Germán afrontó su reforma definitiva y abrió sus puertas tal y como está ahora el día de San Agustín de 1970.

-¿Por qué no lo ha reformado desde entonces?

-Por petición de los clientes. Este edificio sufrió una rehabilitación en el año 2000 y tuvimos que cerrar nueve meses. Los clientes me 'permitieron' que pintara y arreglara la cafetería, pero me pidieron que no tocara el diseño. Fue diseñado por un arquitecto de Oviedo, Ángel Corominas.

-¿Fue entonces cuando amplió el servicio a la restauración?

-Sí. Conservo enmarcado el tíquet original de aquella venta. Fueron 48 pesetas por unas gambas a la gabardina y dos Martinis rojos.

-Las gambas han sido uno de los platos por excelencia del Germán junto con...

-El solomillo mantequilla y la ensaladilla, uno de los buques insignia. También creamos nuestra propia compuesta.

-Esta cafetería fue lugar de reunión de múltiples tertulias y anécdotas.

-Uf, anécdotas innumerables. No me vienen a la cabeza. Aquí venía mucha gente de la mar y muchas peñas como La Escucha, El Sifón o Les Berces y se fundó la histórica peña de mus Los Diez Amigos, precursora del Campeonato Avilesino de Mus. Por aquí han pasado también artistas como Víctor Manuel, Rocío Jurado o políticos como Marcelino Carillo o Julio Anguita, entre otros.

-Tengo entendido que era usted un estudiante brillante y que empezó la carrera de ingeniería.

-Sí, pero lo dejé por trabajar con mi padre aquí. Del negocio me hice cargo a raíz de la muerte de mi padre, en 1992. Hoy, si tuviera que dar marcha atrás, no cambiaría mi decisión por nada del mundo.

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