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«Aquí emigras o te dedicas al campo, es lo que hay»

Rodrigo Llera cuida la planta del arándano en Nava. /Pablo Nosti
Rodrigo Llera cuida la planta del arándano en Nava. / Pablo Nosti

El arándano llamó la atención del hoy productor y elaborador de mermelada casera. La prepara en Nava hasta de sidra

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

En La Fabariega (Viobes, Nava) hay arándanos desde mediados de junio hasta septiembre. Rodrigo Llera y Lorena Morís empezaron a trabajar este fruto en 2013 y dos años después ya sacaron la primera producción. La cosecha sigue creciendo y este último verano alcanzaron los 5.500 kilos. Los responsables diversificaron su oferta y ahora ponen a la venta también mermeladas caseras. Primero, claro, las hicieron de arándanos. Ya las tienen de fresa, higos con almendra y nueces, y hasta de sidra.

El momento del arándano. «Cuando empezamos nosotros en 2013, ya se veían arándanos de bastante calidad y se preveía un buen futuro. Además, hacía un par de años que había surgido la Asociación Asturiana de Productores de Pequeños Frutos (AAPPF). Antes, las primeras plantaciones y el mercado lo copaba Asturian Berries, que fue el promotor y comercializador único que había aquí. Hay una cosa clara: entre los cultivos de fruta que hay en Asturias, destacan el kiwi, la manzana de sidra y el arándano. Nos decidimos por el último porque era el que en ese momento nos parecía más rentable».

Muchos cuidados. «Los arándanos piden suelos determinados, más bien ácidos, que no se encharquen y sean un poco arenosos. También un agua concreta para el riego. Al final, este cultivo requiere un trabajo minucioso y mucha atención. No basta con plantarlo y dejarlo ahí. A partir de ahí, hay que luchar contra plagas y malas hierbas. La drosophila suzukii es su talón de Aquiles y la velutina también le puede afectar comiendo y rompiendo el fruto. Haciendo bien las cosas, el cultivo del arándano en Asturias puede salir adelante».

El campo asturiano. «No hay muchas alternativas laborales en Asturias. La industria cada vez va a peor y la ganadería tampoco está atravesando un buen momento. Al final, las opciones que nos planteamos son emigrar o dedicarnos al campo. En unos años se verá si nos estamos equivocando los que elegimos la segunda opción. Yo la verdad es que creo que puede funcionar siempre y cuando nos organicemos, creemos estructuras y hablemos entre nosotros. Cualquiera puede apostar por un cultivo novedoso que se de bien, pero solo no saldrá adelante. Necesita formar un núcleo e ir en equipo porque no se trata solo trabajar la tierra, hay que comercializarlo y muchas cosas más. Ahora no tenemos buenas estructuras, lo que hay es muy pequeño o incipiente. En el sur se aprovechan más».

Las cosas de palacio van despacio. «La burocracia siempre es un poco lenta porque llegar a ella es difícil y exigen muchas cosas, pero voluntad hay y eso es buenísimo. Se van dando cuenta de que esto necesita ayuda y las conceden en gran parte. Está claro que la Administración no puede resolvernos todo, las cuestiones logísticas y la comercialización tienen que ser algo privado, pero hay otros asuntos, como lo relacionado con el control de plagas, que no. Vamos a confiar. También es clave que el público local empieza a valorar cada vez más lo que hacen sus vecinos. Entienden que esto genera una riqueza que se queda en la región y dejan de pensar que lo de fuera es lo mejor. Por eso se van creando mercados de comercio local al estilo de las plazas de abastos de antes».

Oscuro y en bote, mermelada. «Con las primeras campañas de arándano, empezamos a ver que había fruta que no cumplía con los estándares mínimos de calidad en cuanto a firmeza o tamaño y pensamos la forma de darle salida. Se nos ocurrió hacer mermelada, la cual empezamos a mover por ferias y funcionó. Esta primavera nos aventuramos a prepararla de sidra, que es algo que podemos tener durante todo el año. Nos llevó un tiempo conseguir la receta que nos gustaba, la cual mantuviera el sabor al producto principal sin quedar muy dulce, pero sí cuajada. En otoño fuimos probando mermelada de fresa, que ya se nos agotó, y ahora estamos haciendo de higo con nuez y almendra.

Yo me lo guiso, yo me lo como. «Los arándanos son de nuestra plantación y la sidra del padre y el tío de mi novia, Lorena Morís, que son los de Sidra Los Gemelos. Los higos también los trabajamos nosotros, y ya los frutos secos y las fresas los compramos. Queríamos que nuestra presencia en ferias no fuera monotemática. El objetivo ahora es colocar nuestros productos en tiendas de la región, pues por el momento hacemos solo venta directa y 'online'».

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