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La sidrería El Mariñán, de Gijón, echa el cierre

Javier Montequín, en la barra de la sidrería El Mariñán. / S. M.
Javier Montequín, en la barra de la sidrería El Mariñán. / S. M.

El antiguo Kierche, hoy dirigido por Javier Montequín, pone punto final a 80 años de historia para la reforma del edificio

SENÉN MORÁNGIJÓN.

«Se cerrará en septiembre aprovechando la rehabilitación que van a hacer en el edificio». Y de esta manera se pondrá fin a una parte de la historia de la ciudad. Una de las sidrerías con más solera en la calle San Bernardo de Gijón dejará de echar culinos. El Mariñán, establecimiento que había cogido el testigo del antiguo Kierche, dice adiós así a ochenta años de historias delante y detrás de la barra. Y, también, a un local que ha visto pasar varias generaciones desde los años cincuenta. Un lugar que a lo largo del tiempo se convirtió en punto de referencia para muchos gijoneses.

Entre cantarinos, sidra recién escanciada, olor a serrín -antes de que se prohibiera su utilización en estos locales- y el tumulto de gente habitual, el chigre vivió ocho décadas doradas.

El paso de los años ha obligado a realizar una reforma general en el edificio en el que se encuentra ubicado este negocio. De hecho, el inmueble va a ser demolido. Y Javier Montequín, el propietario de esta sidrería, ha decidido aprovechar para dar un giro a su trayectoria en la hostelería. Así, pondrá punto final a su relación con la sidra. «Lo dejo por completo», aseguró Montequín. Ese cierre se llevará a cabo cuando pase el verano, el próximo mes de septiembre. A partir de entonces, de este emblemático negocio solo quedarán ya los recuerdos.

«En el año 2013 cogí el Mariñán de Begoña y he estado aquí hasta la fecha», explicó Javier Montequín, dueño del negocio. Javi se hizo cargo del conocido local cuando, por jubilación, el Kierche cerró sus puertas. Antes dirigía la sidrería Mariñán, que nació «a finales de los años treinta en la calle Casimiro Velasco».

Ambos locales estuvieron abiertos al público simultáneamente durante tres años, hasta el 2016, año en el que solo quedó el de Begoña. «El primer Mariñán nació hace unos ochenta años, en el año 1974 llegamos nosotros, con mi padre y mi madre. Ellos son los que llevan el negocio hasta 1997, que es cuando yo me quedo a cargo», indicó. El dueño del negocio tiene en mente nuevos horizontes, abrió «una vinatería» el 1 de mayo.

Derribo

Se trata de la Gran Taberna del Tío, en la calle Soria, situada en el barrio de Pumarín. Su compañero de calle, el Llagar de Begoña, quedará por el momento como referencia en la zona del paseo de Begoña.

«En esta zona va a quedar sólo el Llagar de Begoña, aunque no sé qué pasará en el futuro. Quizá en 18 meses, cuando acaben las obras en el edificio, vuelvan a poner aquí un local de hostelería, no lo sé», afirmó. Por el momento, los culinos de sidra no serán protagonistas en el número 79 de la calle San Bernardo. Tras el derribo, el plan de futuro para la infraestrcutura es que la constructora gijonesa Fresno haga un edificio para cuatro viviendas de lujo. En el aire queda el uso que se le dará al actual local que hoy ocupa la sidrería y que podría dar paso a nuevos negocios.

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