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El Llagar de Colloto reabrirá Casa Conrado con Javier Antón «como cabeza visible del proyecto»

Iván Suárez y Javier Antón./H. ÁLVAREZ / M. ROJAS
Iván Suárez y Javier Antón. / H. ÁLVAREZ / M. ROJAS

Contará con personal del restaurante original con la intención de «traer al centro de Oviedo la carne de buey»

J. C. A.

Casa Conrado, uno de los clásicos de la restauración ovetense, cerró su puertas hace más de un año. Sin embargo está muy próximo a su reapertura. Iván Suárez, dueño del Llagar de Colloto, ha llegado a un acuerdo con la propiedad para gestionar el local. Su idea es «llevar la carne de buey de nuestra ganadería al centro de Oviedo».

Suárez se muestra cauto con los tiempos de apertura, a expensas de ultimar trámites, pero avanza que «la obra que planteamos» para modernizar y redecorar el restaurante «no es muy complicada». A lo sumo un mes desde que se concrete la idea que tiene en la cabeza para convertir Casa Conrado en un «restaurante de producto, con una carta no muy extensa y de calidad a un precio normal».

«El nombre y la historia de Casa Conrado me sedujeron», explica Suárez. «Es muy goloso, porque no me plantearía jamás otro restaurante de estas dimensiones para posicionar la carne buey que tenemos en el Llagar de Colloto», añade. La ubicación, en pleno centro de la ciudad, ayuda.

Pero no solo el peso de la historia inclinó la balanza para lanzarse a un nuevo proyecto. Las personas también. Javier Antón, hijo de Marcelo Conrado «va a ser la cabeza visible del proyecto» por «su experiencia en el mismo local y su conocimiento del cliente y sus relaciones personales. La gente lo quiere mucho», explica el empresario.

Asimismo, Suárez contará con Samuel Perera como cocinero y en sala, con dos de los trabajadores de la anterior etapa de Casa Conrado,Miguel y Pepe. Del Llagar de Colloto, se trae, aparte del gusto por la carne y la brasa, a Miguel Fernández, profesor de la escuela de Hostelería y experto en gestión de locales.

«Quiero potenciar la sobremesa», añade Suárez, «que sea un local donde el cliente esté a gusto y se pueda tomar una copa y alargar la comida», remata. Un concepto diferente, en un local de solera, que se reactiva tras un año con la persiana bajada.

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