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El precio del rey, por las nubes

El precio del rey, por las nubes
Un ejemplar de rey, característico por su llamativo color rojo. / Juan García Llaca

Los pescados de temporada, lejos de abaratarse, siguen subiendo, y aún no ha llegado siquiera la Navidad

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

El precio de los pescados, en general, y en particular, el del rey –llamado también virrey– lejos de no bajar, sube. Lo que hace unos años suponía la llegada del otoño para los bolsillos parece haber desaparecido. Tanto los hosteleros dedicados al mar como los amantes del pescado ven ahora cómo sus productos favoritos mantienen un precio excesivo aunque el tirón veraniego haya quedado muy atrás.

«Está todo carísimo, no hay ventas, nos van a obligar a hacernos carnívoros», se queja Abel Álvarez, al frente de Güeyu-Mar, en la playa de Vega de Ribadesella. «Hay poca mercancía y poco consumo, la gente se cansa de tener que pagar tanto», argumenta, al tiempo que asegura que hacía mucho tiempo que la situación no se mantenía así a estas alturas del año porque, incide, aún queda la subida pareja a la Navidad. «Esta última semana ni siquiera traje virrey», cuenta el cocinero, que intenta no comprarlo cueste lo que cueste porque, si no, no bajará nunca. «Pero veo que de un tiempo para acá esto tampoco funciona, porque las rulas reciben demanda de fuera de Asturias y, claro, si lo van a vender igual, para qué van a bajarlo», se lamenta.

El momento óptimo del rey suele ser los meses de enero y febrero, si bien ahora empieza a haberlos de gran calidad. Aún así, en pocas pescaderías de Asturias se encuentra. En Los Playos estos días no lo tienen, pero Pedro Fernández, su responsable, cuenta que está a punto de alcanzar «un precio récord».

«Da igual que haya marejada que no, el pescado siempre está muy caro», apunta Ataulfo Blanco, dueño de la sidrería que lleva su nombre en Gijón. «El mero está a 36 euros el kilo y el rey ronda los 40», se queja el hostelero. El margen de ganancia que les queda es muy bajo, porque tiene, mínimo, que sumar el IVA. «Me aprieto el cinturón yo para poder servirlo a mis clientes. Al final, trabajas solo para no perder», dice.

El rey, un producto con larga tradición en Asturias, ha dejado de ser un secreto y cada vez es más fácil consumirlo en grandes ciudades como Madrid. Desde allí lo compran aun pagando precios excesivos.

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