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Resiliencia rural: renovarse o morir

Raimundo de la Concepcion y Rafael Solís. /JUAN GARCÍA LLACA
Raimundo de la Concepcion y Rafael Solís. / JUAN GARCÍA LLACA

El Tayuelu, pequeña empresa láctea piloñesa, estudia el lanzamiento de su primer queso fresco

CARMEN ORDIZ

Rafael Solís Cardín nació y se crió en el campo. Y allí tiene claro que se quedará para siempre. Desde pequeño trabajó la tierra; con 16 años comenzó con la madera, siguió en una plantación de lechuga, y continuó con la recogida de manzana en la finca de la Caja de Ahorros de Villamayor. Para él, la tentación de abandonar el medio rural por una situación más sencilla y con más posibilidades en la ciudad nunca existió.

«Mi parroquia, la de Cereceda, es muy extensa, de hecho es una de las mayores de Piloña. Sin embargo, soy el único que se quedó y se dedica a la leche. Creo que o se facilitan las labores administrativas para trabajar en el medio rural, o nadie más querrá estar en él», opina Rafael.

Su familia ya era ganadera, y su padre, como mucha gente de la zona, contaba con media docena de vacas que servían para abastecer a la familia y realizar una venta pequeña en la zona. En el año 1996 Solís Cardín decide realizar el curso de incorporación a la ganadería que se impartía en Villaviciosa para, en el año 1998, actualizar la situación de la explotaciónfamiliar. Es en ese momento, cuando decide modernizarla, construyendo una cuadra nueva y aumentando hasta 20 el número de madres, más sus recrías.

«En el año 2009 la cosa se puso muy difícil. Yo me negaba a abandonar mis orígenes, así que tras pensar mucho y hacer muchos papeleos, decidí comenzar a envasar yo mismo. Eso sí, hay que tener una paciencia tremenda. Creo que si abro una central nuclear me hacen llevar menos papeles a la administración», bromea Rafael Solís.

Dos años después, salía a la venta su primer litro de leche fresca bajo la marca El Tayuelu. Hoy, tras siete años, elabora también yogures, galletas y arroz con leche, y estudia la introducción de queso fresco en el mercado.

«Si no llegamos a adaptarnos durante la crisis, no hubiera podido seguir trabajando ni yo. Ahora ya somos tres personas aquí, uno mi sobrino Raimundo, que proviene del mundo de la construcción, pero que la crisis le trajo de nuevo a aquí. En el campo quedan muchas cosas para hacer y hay trabajo, pero no se está gestionando bien. No echo toda la culpa a la administración. Llorar las penas en los chigres, como hacen muchos ganaderos, tampoco es la solución. Otro de los problemas es producir cantidad y vender a poco precio. En eso no se puede competir. Creo que hay que luchar por la calidad y el valor económico de un buen producto», considera Solís Cardín.

El Tayuelu es un ejemplo de que el producto, en su mayor parte, se elabora en el campo, donde, como bien dice, aún queda hueco y oportunidades para muchos. La calidad de la leche se entiende cuando Rafael Solís Cardín habla y transmite el amor por su trabajo, la pasión por los animales y las ganas de crear empleo en la tierra que le vio crecer.

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