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Un helado de cabracho, por favor

Ángeles y Laura Arques, en la heladería Federico Verdú. /DAMIÁN ARIENZA
Ángeles y Laura Arques, en la heladería Federico Verdú. / DAMIÁN ARIENZA

Las propuestas de las heladerías son muchas y de lo más variado. Aunque triunfan los tradicionales, los nuevos sabores sorprenden en Asturias

GLORIA MARTÍNEZ

Qué es el verano sin un helado en la playa disfrutando del buen tiempo; ese cucurucho imprescindible para compartir en buena compañía o para comerlo a solas mientras llega el atardecer. Aunque el consumo de este alimento aumenta exponencialmente con la llegada del verano, es un producto cada vez menos estacional. Los sabores clásicos como la vainilla, la nata, el chocolate y la fresa son sustituidos por el arroz con leche, el cabracho, el ajo o la fabada asturiana. Y aunque en Asturias el verano es más bien 'la primavera' en otras provincias de España, se puede hacer la ruta de los helados por toda Asturias de la mano de Federico Verdú, Dos Hermanos, Islandia, Revuelta, Los Valencianos de Rivero y Helados del Cantábrico.

Allá por 1882 en la calle de los Moros de Gijón abría sus puertas una turronería llamada Federico Verdú, donde creaban turrón artesanal. Cuarenta años después, en 1922, decidieron iniciarse en los helados y hoy en día es una de las turronerías-heladerías artesanales más longevas de la ciudad gijonesa. «Hay más de veinte variedades de helados y el que más se vende es el del turrón, porque somos fabricantes», declaró Ángeles Arques, dueña del establecimiento. Además de los helados clásicos y prémium de cualquier negocio de este tipo, Federico Verdú también ofrece bombones helados de nueve tipos diferentes, batidos de distintos sabores y no utilizan colorante, sino que realizan caramelo líquido artesanal. También ofrecen sorbetes de frutas para las personas veganas y tienen un sección para todos aquellos que sean intolerantes a la lactosa.

El tamaño aquí sí que importa, ya que venden barquillos y tarrinas con diferentes dimensiones, y sus precios son proporcionales, donde el cucurucho mediano es el más vendido. «Nuestra temporada de helados es de abril a diciembre, también nos centramos en realizar turrón artesanal», señaló Ángeles Arques.

Arriba, una clienta compra una tarrina en la heladería Revuelta. Abajo a la izquierda, cpa estrella de la heladería Revuelta; a la derecha, Helados del Cantábrico, en Oviedo.. / D. Arienza / J. Llaca / H. Álvarez

En Dos Hermanos, junto al muelle de Gijón, predomina un ambiente retro que hace que el público viaje en una máquina del tiempo a 1983, cuando abrió el local. La heladería-cafetería ofrece una gran variedad de helados entre los que se encuentra el artesano, el prémium, o una mezcla de ambos que se pueden pedir en cucurucho o tarrina. «Los que más se venden son los más empalagosos como el de mantecado, por ejemplo. Pero también los que más fama tienen son los prémium como el de nata con oreo y Philadelphia con arándanos», declaró Andrea Iglesias, trabajadora del establecimiento.

En los años cincuenta llegaba a Gijón, Islandia, una heladería procedente de la cuenca minera que traería consigo una gama de sabores originales que dejarían incrédulos a los clientes: cabracho, sidra, ajo, fabada, queso de Oscos y miel son algunos de los helados a degustar. «Entre los clientes se han realizado apuestas porque creían que los sabores no eran reales», declaró Úrsula Noval, madre del dueño del local. Además de este tipo de helados más originales, los tradicionales también están presentes. «En España no hay la idea, como en otros países, de comer helado durante todo el año. Es un producto igual que los demás y no engorda tanto como nos dicen», afirmó Noval. Por este motivo, durante el invierno, el establecimiento se encarga de realizar tartas que distribuye a diferentes restaurantes de Gijón. «En invierno tenemos menos sabores para ofertar y nos centramos más en hacer tartas como la asturiana o la gijonesa». En Islandia todos los productos son artesanales, sin aditivos ni conservantes, y tienen en cuenta las regularidades alimenticias de las personas celiacas o aquellas que tengan algún tipo de intolerancia.

Cuatro generaciones

En Llanes son cuatro las generaciones Revuelta que llevan dedicándose a la elaboración y venta de helados bajo la marca del mismo nombre. Pese a que se trata de una empresa casi centenaria -en 2022 se cumplirá un siglo de su nacimiento-, los llaniscos están al tanto de las últimas tendencias y no dejan de innovar en su carta. Sin embargo, en las cosas del comer muchas veces lo que mejor funciona es lo más tradicional y, en el establecimiento que regentan junto al puente, uno de los productos estrella es la copa tropical. «Lleva nata, fruta tropical y seis bolas de helado de diferentes sabores», explica Virginia Revuelta, gerente del negocio familiar. Mientras su hija Inés prepara una de las copas, Virginia explica cómo en la elaboración de sus helados utilizan productos naturales «y de la zona, siempre que se puede. La leche, por ejemplo, es de Porrúa», asevera. Otra de las tradiciones que Virginia, su hija y las otras 32 personas que trabajan cada verano en Revuelta mantienen viva es la de «hacer las mismas rutas que hacían mis abuelos con sus carritos. Estamos en varias playas del concejo y no faltamos a las fiestas y ferias que se celebran por la zona», explica la heladera. Desde hace un tiempo cuentan, además, con numerosos embajadores dentro y fuera de la región, pues ya son varias las personas que se animan a guardar un hueco en sus establecimientos para Revuelta. «Les damos una formación y ellos venden nuestros productos», indica Virginia. Así, se pueden encontrar restaurantes y bares con helados 'made in Llanes' en lugares como Bilbao, León y Madrid, además de una nueva tienda que recientemente ha abierto sus puertas al lado del muelle de Gijón.

A la izquierda, polos de la heladería Islandia; a la derecha, tarrina de la heladería Dos Hermanos.
A la izquierda, polos de la heladería Islandia; a la derecha, tarrina de la heladería Dos Hermanos. / D. Arienza

En Avilés, la heladería Los Valencianos de Rivero es un negocio fundado por Antonio Guillem Nomdedeu, natural de Ibi (Alicante), que aprendió a fabricar helados en Italia a principios del siglo XX. Con 19 años, doce pesetas en el bolso y una garrafa metálica emigró hasta Asturias, donde la estirpe familiar ha continuado la tradición. Es la heladería más antigua en funcionamiento de la ciudad. Se estableció en 1928 y cuenta con cuatro establecimientos en Avilés y el quinto en Mieres. «Lo normal es que los clientes pidan tarrinas o cucuruchos con una o dos bolas a lo máximo. Son los extranjeros los que se decantan por la mezcla de tres y hasta cuatro bolas», afirmó Vanessa Guillem, propietaria de la marca en Avilés.

En la capital asturiana la histórica heladería Helados del Cantábrico, en el extremo noroeste del Paseo de los Álamos, ha permanecido en la ciudad durante varias décadas heredándose de generación en generación como si de una reliquia familiar se tratase. Hoy, tras el mostrador, el cliente puede encontrarse con un sinfín de sabores. Hay helados prémium de chocolate y plátano, clásicos de turrón o vainilla, de máquina, envasados, granizados, 'smothies' con grutas naturales, refrescos y tentempiés para todos los gustos. Así lo explica María Chouseiro, empleada del establecimiento. «Tenemos muchos más sabores de los que se pueden ver ahora mismo, porque los cambiamos cada día para sorprender a los clientes habituales», afirmaba Chouseiro.

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