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GIJÓN

Boccalino Capua

El equipo de Boccalinno-Capua. /Carolina Santos
El equipo de Boccalinno-Capua. / Carolina Santos

Roberto, con 'Pruden' siempre en la memoria, abrió un Boccalino mellizo, que no igual. ¿Y el cocinero?De Sicilia, por supuesto

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Conocimos a Roberto y el primer Al Boccalino en un Yantar del año pasado. Este simpático siciliano, cocinero por su isla y su madre («éramos cinco hermanos varones repartiéndonos tareas y a mí me tocaba la cocina»), estudió y trabajó en Alemania y Francia hasta que un compatriota le llamó para Gijón.

Acabó propietario del Calabria y casado con Natalia, una chica ucraniana del ramo hostelero;la hija común reafirmó las nuevas raíces: «Nos encanta la playa, los paseos, la tranquilidad, la simpatía de la gente, en fin, la calidad de vida», comentan.

Y digo comentan, porque si Roberto dedica cuerpo y alma al Boccalino de Fomento que fundara Prudencio González (fallecido demasiado joven y demasiado bueno como para convertir el triste hecho en triplemente injusto), el de Capua queda bajo la gestión de Natalia.

Acaba de cumplir su primer año de andadura donde antes fue el Biba, y antes aún el Palio, dos restaurantes de calidad y poca duración, dado que la crisis cambió gastos y gustos.

Boccalino Capua

Dirección:
Capua, 14. Gijón.
Teléfono:
984 83 01 94.
Gerentes::
Natalia Badytska y Roberto Fichera.
Cocina:
Antonino Rizzuto.
Sala:
Jaime González y Luis Durán.
Descanso:
martes.
Menú laborables:
10,50euros
finde :
carta.
Descanso:
martes.
Precio medio::
20 euros

Restaurante lógicamente italiano, luego mediterráneo y universal, que la gastronomía terráquea, para un gastrónomo marciano, tendría en el Mare Nostrum uno de sus tres grandes faros creativos, cuenta con un cocinero palermitano de nombre regio, Antonino (Roberto es de Catania, el otro lado del triángulo)y vocación peculiar: hijo de cocinero, al principio prefirió la marina mercante y alcanzó el grado de primer oficial de cubierta, aunque tras varios días en tierra disfrutando de la cocina paterna, cambió el oficio. «Pasé de entre olas a entre fogones», subraya.

¿Y Gijón? «Vine a un curso internacional de equipaciones y medios para bomberos que me interesaba aplicar en barcos, sentí con fuerza y naturalidad que era un lugar idóneo para vivir, y me quedé», asegura. (Que Gijón, sin grandes patrimonios monumentales y con decreciente peso económico, tiene algo especial –como cantaban de Sevilla– queda fuera de toda duda).

Los protagonistas y platos bastan, pero el espacio añade: fijémonos en la fachada novecentista, el altillo y el sótano donde juegan y acompañan luces y colores suaves, las ménsulas figurativas, las baldosas y ladrillos antiguos y contrastados o la acristalada bodega.

Los entrantes incluyen un capaccio de buey y un provolone a la plancha capaces por sí solos de templar el apetito para disfrutar pausadamente de los mayores siguientes; las pizzas salen recientes, crujientes y diferentes, tres 'entes' que puede simbolizar 'la de la casa', con tomate natural, orégano, ajo, mozzarella, boletus, gorgonzola, jamón serrano y rúcula; los entrecotes, escalopines y saltimbocca llegan envueltos en jugos y salsas que piden pan, y por destacar uno, el clásico saltimbocca a la romana aparece fragante de salvia y cosido de jamón serrano, mozzarella fresca, espárragos y patatas; las pastas alcanzan un cenit en los fiocchini rellenos de ricotta y pera con salsa de nata, bacon y champiñones...

Y de final, el tiramisú casero:¡qué feliche di stare lassu!

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