https://static.elcomercio.es/www/menu/img/gastronomia-desktop.jpg
LAS REGUERAS

Casa Florinda

Adamina, Florinda, Begoña y María del Mar. /Pablo Lorenzana
Adamina, Florinda, Begoña y María del Mar. / Pablo Lorenzana

Usan dos cocinas de leña y carbón y pronto cumplirán sesenta años, siempre igual de bien

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

En la entrada, la mismísima Florinda suele dar la bienvenida al recién llegado desde su sillón de mimbre. Y ya suma 97 primaveras claras de cabeza y fuertes de cuerpo. Algo tendrá que ver el aire, el agua y el paisaje verde y reposado, de colinas suaves y castañéos renovados donde vuelven a florecer las incomparables castañas valdunas, con la suavidad de su acogida.

O con la energía mostrada cuando el guión de la vida se lo exigió:mediado el pasado siglo redondeaba los magros ingresos de José, su marido, práctico en la Trubia, trasladandose por tren a los mercados de Grado u Oviedo, y vendiendo directamente, «de la lechera al cazu», leche de las vaquerías vecinas.

Casa Florinda

Dirección:
Puerma, 12. Valduno (Las Regueras)
Teléfono:
985 79 94 76
Cocina y sala:
Adamina Suárez Álvarez, Begoña Álvarez Suárez y María del Mar Areces Álvarez
Apertura:
1961
Abierto:
Comidas todos los días, cenas viernes y sábados
Menú de lunes a sábados:
10 euros
Menú domingo:
16 euros
Sidra:
Trabanco

Demasiado trabajo y demasiado tiempo:«Mejor construyamos una casa en terreno familiar para que, con toda mi ayuda, allí cocines», le dijo José un día.

Gran idea la del bar. Florinda guisaba (¡y guisa!) maravillosamente, y de vecino a paisano, y de paisano a forastero, lo que allí se servía produjo visitas de cada vez más lejos, incluidos cazadores y peregrinos jacobeos. Unos para festejar y aprovechar las piezas cobradas, otros para continuar animados y fortalecidos.

En ese ambiente de honradez y destreza creció Adamina, la hija y continuadora por deseo propio, que tras acabar estudios prefirió quedarse en el pueblo y reforzar el negocio de sus padres; y otro tanto ocurrió con la nieta, Begoña, tercera generación: «viví en Oviedo, me hice administrativa, y finalmente regresé, una decisión acertada para mi y para mis hijos».

Probablemente hablemos en un futuro de cuarta generación.

Hoy por hoy, igual que hace casi sesenta años, de lo que seguimos hablando es de dos cocinas exclusivamente alimentadas por carbón y leña donde el pote y la fabada, fijo el primero los miércoles, y fijo la segunda los jueves, bullen lentamente sobre la bruñida chapa. Y de corderín guisado con patatinas, pitu caleyeru, carne guisadina, cocido de garbanzos, callos, platos de la güela, tarta de queso, arroz con leche…

Y en cuanto cantidades, dadas las calidades, si usted pertenece a la generación 'no dejes nada en el plato, rapacín', repetirá y le costará llegar al pan pringado. «Les fabes, los compangos, las verduras, las carnes, prácticamente todo, lo compramos a los mismos vecinos, o a sus hijos y nietos, de por aquí mismo», apunta Begoña.

Un aquí mismo notable con Candamo a un lado, al otro Peñaflor, cerca el sólido puente de piedra sobre el Nalón y sus fértiles vegas y de cocorota la sierra del Pedroso. Desde la terraza paraventada de Casa Florinda, su chigre de entrada o su pulcro comedorín, el concejo de Las Regueras nos coloca a medio camino de un montón de poblaciones importantes aunque permanezca tan fragoso y fragante como solitario e incógnito.