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GRAO

Feudo Real

Flor Gancedo y Jose Luis Alonso. /Mario Rojas
Flor Gancedo y Jose Luis Alonso. / Mario Rojas

Una sidrería de calidades y popularidades allí donde el Grado medieval traza callejuelas peatonales y rondas de murallas

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Feudo real suena bien. Y contradictorio. Donde mandaba el feudal no mandaba el rey. Bien lo supo el concejo de Grado, pidiendo repetidamente a la corona que lo acogiera y librara de los señoríos. Aunque concejo tan fértil en puertas de la capital, si sufrió de nobles abusones también tuvo vecinos poco dispuestos a soportar tales abusos.

Pero dejemos el pasado, si bien la sidrería se rodea de los restos de las viejas murallas medievales –junto con casonas, palacios y el mismo Ayuntamiento–, enclavada en un centro histórico merecedor de atenciones. Regresemos al 2007, cuando la apertura.

Por entonces, y no digamos en los años siguientes, de plomo y paja, desaparecieron unas cuantas referencias hosteleras locales;mantener esta supuso esmero en calidad, generosidad en cantidad y originalidad en decoración:el menú de la casa ganó fama, igual que las tablas y muelas, y durante los fines de semana no decrecieron las visitas, los consumos y las alegrías.

Feudo Real

Dirección:
Tras los Hórreos, 2. Grado.
Teléfono:
985 75 47 96.
COCINa:
Marcelino Iglesias.
Encargado y sala::
José Luis Alonso Molina 'Pepelu'.
apertura:
16 de julio de 2007.
Descanso:
lunes.
Menú laboral:
8,90 euros.
Menú sábados:
15 euros
Menú domingos:
17 euros.
Sidra:
Trabanco, Trabanco Selección y Viuda de Corsino.

El Feudo Real dispone y gobierna una terraza protegida, vidrieras alusivas a la manzana y la sidra, un comedor, una larga barra de pinchos y escanciados, una línea de mesas altas y taburetes, y una tienda pletórica de jamones, quesos, legumbres, hortalizas, conservas, licores, vinos y carnes de novilla.

Lo de las carnes de novilla merece subrayado, puesto que provienen de la propia crianza, y desde el nacimiento a la plancha no paran de recibir cuidados; mimos casi.

Los glotones disponen de las antedichas tablas surtidas y variadas a precio fijo –embutidos y quesos, carnes, carnes y pescados– y muelas, bases redondas y giratorias con un poco de todo lo que pasta y un poco de todo lo que nada.

Y no faltan potes, ensaladas, lacón con grelos, fritos de pescado, calamares afogáos, tacos de bacalao con cebolla caramelizada, frixuelos de primera y golosos postres caseros, que el cabraliego Marcelino, con una larga trayectoria en La Chalana de Granda, añade al guiso el valor siempre constatable de la veteranía.

En sala atiende y anima Pepelu, de Nueva de Llanes, que pensaba estudiar ingeniería pagando los gastos como camarero, hasta que atender salas le pareció más divertido y productivo que aumentar las cifras del paro o la emigración.

Entre dos ostentosos sillones que realzan el ambiente con pinceladas de mesón cervantino, y junto a un cuadro del caudillo Pelayo seguido por sus huestes, vemos un texto en espiral laberíntica que no podría resultar más apropiado al lugar:don Carnal, desde el 'Libro del buen amor', pontifica sin margen de error que: «Las puestas de la vaca, lechones et cabritos, /allí andan saltando e dando grandes gritos, /luego los escuderos, muchos quesuelos fritos, /que dan de las espuelas a los vinos bien tintos».

Pues a darle, que son dos días...

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