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Celia Pinto

«El bacalao gusta más en Asturias que en Portugal»

Celia Pinto sirve un plato abrazada a la bandera de Portugal. /M. ROJAS
Celia Pinto sirve un plato abrazada a la bandera de Portugal. / M. ROJAS

Celia Pinto, propietaria del restaurante ovetense: «En el restaurante despachamos más de cien kilos de bacalao cada dos semanas. Los lomos pasan siete días desalando», asegura

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

El destino y la persistencia colocaron a Celia Pinto en Oviedo hace más de una década. En la capital lleva cinco años al frente de un negocio que lleva su nombre y en el que se sirve lo mejor de Portugal, su tierra natal, con guiños a la Asturias que la acogió «con los brazos abiertos». Celia Pinto procede de una familia trabajadora y numerosa, mucho. Tanto, que tiene siete hermanos menores que ella. Semejante situación favoreció que desde muy joven empezara a encargarse de las tareas de la casa, especialmente de la cocina, que «siempre me gustó». Ese fue el primer paso. Luego llegó el traslado a España y el trabajo en establecimientos de diversa temática. Hasta que Celia Pinto, su proyecto más personal, abrió sus puertas en pleno centro sidrero de la capital, muy cerca de Gascona. «Es gracias a los clientes que hoy estoy aquí», asegura, agradecida.

Cada maestrillo tiene su librillo. «Lo aprendí todo en casa, viendo a mi madre. Nací en Chãos-Bitarães, al norte de Portugal, en una familia dedicada a la carpintería y muy numerosa: ocho hijos tuvieron mis padres; yo soy la mayor. No me gustaba estudiar porque soy muy inquieta, me encantaba la costura y cocinar, así que dejé la escuela a los 15 años. Como veía a mi madre siempre ocupada, empecé a ayudarla en casa, por una parte por pena y solidaridad, pero lo cierto es que me gustaban esas labores. En una familia tan amplia siempre hay cosas que hacer, es como tener un restaurante siempre lleno y con los clientes más críticos del mundo (ríe). También empecé a confeccionar ropa. Así fueron mis primeros años».

Destino Asturias. «Cuando tenía 18 años, mi madre murió y todo mi mundo y el de mi familia se derrumbó. Fue un año muy difícil en casa, así que decidí alejarme y probar fortuna en Asturias, adonde me trasladé con mis dos hijos maravillosos y el que era mi marido. Ahí empezó el verdadero máster de mi vida, pues tenía que aprender el idioma, trabajar para poder subsistir y aprender el gusto de los asturianos. De esto hace dieciséis años. Empecé trabajando en el sector de la moda y la imagen y fue en una tienda de vestidos de novia donde me animaron a dedicarme a la cocina porque es lo mío, realmente. Después, abrí una cafetería delante de El Cristo, donde empecé a introducir pinchos de bacalao. Ahí estuve tres años y fue un gijonés que se dedicaba a la cocina, que hoy es mi pareja, el que me animó y ayudó a montar un restaurante. Así nació Celia Pinto».

Mil y una recetas de bacalao. «Una cosa que he aprendido en estos años, es que a los asturianos les gusta más el bacalao que a los portugueses. Aquí despachamos cien kilos cada dos semanas, y eso que es un local pequeño. A mí me encanta comerlo a la gallega y con sus callos, pero es que las posibilidades son muchas, hay mil y una recetas y seguro que aún me dejo alguna. Trabajamos Gadus morhua traído directamente de Nazaré y cuidamos mucho el proceso de desalado, pues nos llega con siete meses de curación, como si fuera un jamón, vamos. Dejamos los lomos en agua durante siete días, cambiando esta una vez cada 24 horas; la ventresca aguarda dos jornadas y tres, la cola. Lo servimos a zé do pipo, a la portuguesa y al azafrán, entre otras».

Menos sal y sin cilantro, por favor. «Me costó adaptar mi forma de cocinar al gusto de los asturianos. En mi país los platos salen más secos, salados y fuertes, más próximo al sabor mexicano porque potenciamos al máximo los sabores con muchas especias. Los asturianos me piden menos sal y que no eche cilantro (ríe). Yo siempre digo que en mi casa se sirve comida de abuela, cosas muy sencillas, que se preparan al momento. Solo se fríen las patatas, el resto de elaboraciones son al baño María y a la plancha, especialmente. Cuando me dicen que amplíe el negocio, respondo que entonces tendría que colocarme dos brazos más porque estoy sola en cocina».

Tradición, mestizaje y modernidad. «Trabajo una cocina tradicional, abierta a la innovación. En Celia Pinto se sirven, ante todo, platos que son portugueses adaptados a los gustos asturianos. Por ejemplo, tengo en la carta croquetas de bacalao, algo que en Portugal no hay, y me aventuré a hacer fabes con bacalao y arroz con leche. Creo que si un portugués viera mi carta, identificaría cosas, pero no todo, pero es que mi cliente mayoritario es el local. Yo la verdad que ya me he acostumbrado, y me gusta más lo que sirvo ahora que lo original. También hago postres, el molotov, babas de camello y bolo de bolachas, por ejemplo».

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