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GIJÓN

La jaula de los tres grillos

La jaula de los tres grillos

Guisos de crónica y sentimiento que un pintor, respaldado por su taller culinario, nos reproduce y sirve

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Parece un nombre oriental, cabalístico; el título de un sueño de Kurosawa o de un cuento de don Saturnino Calleja. ¿Qué tipo de restaurante puede designar? Pues uno tan sorprendente, poético, musical, llamativo e inclasificable como una jaula con tres grillos, que eso de cazar grillos, meterlos en jaulas, darles lechuga y robarles el canto es cosa antigua.

Para imaginarlo antes de ver y probar, debemos centrarnos en la personalidad de Gallinota, compleja y colorista, en perfecta correspondencia con sus calidades y cualidades de pintor, grabador, galerista, empresario de materiales plásticos, gastrónomo, recopilador de recetas, cocinero, y lo que en el tintero (o procesador) quede.

La jaula de los tres grillos

Dirección:
Calle Marqués de San Esteban, 7. Gijón
Teléfono:
984 19 59 81
Cocina:
Ángeles Abad, Loli Álvarez
Sala:
Mar Alonso, Alfonso Palacio, Alba Miranda
Apertura:
Marzo 2017
Horario:
miércoles, cenas; jueves, viernes y sábados, comidas y cenas; resto de la semana cerrado
Precio medio:
25 euros.

Este gijonés, que obtuvo de adolescente el segundo premio del campeonato español de dibujo convocado por la marca Nocilla (¡qué merendilla!), que trabajó en una galería de arte aparte y fuera de sus estudios y obligaciones administrativas, que acrecienta de continuo la obra pictórica propia, y que gusta del viaje y del buen yantar, añade a sus creatividades la de poseer y dirigir un comedor según sus premisas donde estuviera La Farándula.

«¿Mis premisas? El dueño siempre cerca, jamás agobiando; los platos hechos de tal forma que dejen impresión y marquen recuerdo, la gente degustando y charlando sin tiempos marcados, el conjunto produciendo bienestar e incluso felicidad a los clientes», resume.

¿Y el recetario? ¿De dónde salen los torreznos con patatas y huevos rotos, el paté de foie gras de pitu de aldea, la tortilla de sardinillas Adelita, los callos Julia Manzano, los calamares fritos Olimpia, la tortilla de patata Geli, la ensalada cretense Txecorra de boquerones y queso, la longaniza fresca de Pin, la 'marranada' de Rosa o xuntanza toscana de legumbres y burrata, las fondues de aristocrática marca hispanosuiza, la tarta de queso de Lucía y Eloísa, el arroz con leche de Isabel...

Gallinota elige sensaciones visitadas, vividas y disfrutadas, luego las selecciona y cocina hasta reproducirlas fielmente, las anota en carta documentando ampliamente su historia y el nombre propio que la aportó, y nos las ofrece esperando que compartamos su mismo y cordial pasmo gustativo.

Entonces, en un mano a mano con dos excelentes gastrónomos leoneses, José y Ana, a quienes debemos el descubrimiento grillero, paladeamos y charlamos, dos fundamentos de toda vida saludable.

Mesas altas en el piso bajo, mesas bajas en el piso alto, cestos, calderos, tapetes, floripondios, barriles, botelleros, bicicletas, bandurrias, muñecos, madreñas gigantes, fotos de comensales amigos y de amigos comensales –uno conlleva lo otro– distribuidas ordenadamente por gradas y tarimas, cuadros del susodicho y otras fantasías heterogéneas redondean este sitio subtitulado 'casa de comidas y pública de conversación'.

Subtitulado y en versión original.

 

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