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GIJÓN

La Montera Picona

Sidrería La montera picona Gijón

Llegó alto pero la crisis cortó sus vuelos; pronto hara un año de su retorno con una nueva gerencia que ha logrado remontarla

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

La Montera Picona no es un chigre más en una villa llena de ellos. Céntrico, grande y rodeado de jardincillos y peatonalidades, del Carmen al Llano y de la plaza de Europa a la avenida de la Constitución, un amplio vecindario lo quiere por afayaízu, hospitalario y bien preciado.

Su interior dispone de un gran salón de entrada, de comedores que posibilitan celebraciones, de una decoración con detalles lucidos –expositores de pescados frescos, cetárea, relieves y fotos dedicados a escenas manzaneras y chigreras– y de un ambiente alegre y diligente.

La Montera Picona

Dirección:
Calle Savedra, 3. Gijón
Teléfono:
984 19 02 37
Gerente:
Emilio Rubio Blanco
Cocina:
Francisco Ramírez
Sala:
Alejandro Menéndez
Actual etapa:
Abril 2017
Descanso:
ningún día
Menú laborales:
10 euros
Menú parrillero:
12 euros
Sábados:
13 euros
Domingos:
18 euros
Sidra:
Menéndez

La sidra, según doctrina, siempre se escancia, y un pescado a la sencillez de la espalda, el horno o la sidra puede elegirse con señalamiento del índice, o sea digitalmente.

La cocina queda bajo las buenas maniobras de ‘el Negro’, que así le llaman y le gusta ser llamado pasando de correcciones políticas, un dominicano que entró en los fogones «cuando mi padre, poco antes de fallecer, me dijo, hijo mío, aprende a cocinar con la cabeza y el corazón, que como afición te permitirá comer bien y como profesión te permitirá vivir».

Y lo hizo con trece años: estudió, trabajó en los hoteles del suroeste de la isla, lo que le permitió manejar una cocina cosmopolita y, tras venir a Asturias, se adaptó sin problema alguno: «Me encantó encontrarme con el punto poco hecho de carnes y pescados; casi toda América ruste materias primas que aquí apenas reciben un golpe de calor para que el sabor surja fresco e intenso», comenta.

Bajo tal criterio trabaja con planchas y parrillas. Ycon cazuelas donde guisa potes, pulpo de varias formas, cachopos con carnes (rellenos y tamaños a elegir), parrilladas de cortes mínimos y máximos, mariscos, pescados... Y unos apetecibles menús de la casa.

Las croquetas de pollo (clásicas caseras de antaño), los chipirones afogáos y los callos caseros, igual que les patatines con pulpo y –muy especialmente– los arroces con bugre, con almejas o con zamburiñas y setas, merecen la debida atención.

Y también merece la debida atención quien gestiona, dirige y retorna el sitio a los esplendores de antaño, Emilio, un gijonés que pasó de trabajar en transportes a trabajar en sidrerías, un poco por atracción, un poco por seducción (su chica tenía el café bar Alejandría del Coto y luego sumaron la sidrería Ramón) y un poco por reto, el de la calidad, la atención y la limpieza rápidamente certificadas.

«Francisco y Alejandro, mi cocinero y mi jefe de sala, fueron dos apoyos imprescindibles para asumir las complicaciones de un local tan complejo como éste», destaca.

La cosa es que, entre los tres, han logrado ponerse al mundo por montera. O la Montera en el mundo.

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