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MIERES

El lobo negro

Restaurante El lobo negro en Mieres

Un mierense, un bilbaíno y un veracruzano cocinan y sirven platos imaginativos junto al mercado de Mieres, su principal abastecedor

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Donde el mercado, la escuela de capataces y el polideportivo con piscina de infancias remotas, al sol de la plaza y los cruces que ensanchan el aire y la luz, y en el bajo esquinado de un edificio singular, el lobo aúlla a la luna llena.

El logotipo, relato de güelu a la luz del llar, podría ilustrar cuentos de bruxes y güestias si detrás no estuviera un joven y alegre restaurante que se aparta de caminos trillados y entona un ‘may way’ culinario sin fronteras desde la chigrera y tradicional capital del Caudal.

El lobo negro

Dirección:
Escuela de capataces, 27. Mieres
Teléfono:
984 29 00 62
Gerentes y sala:
David Enríquez Arguello y José Ángel Pérez Ardura
Cocinero:
Gustavo González López
Descanso:
12 euros
Menú laborales:
15 euros
Menú a la carta:
Cena domingo y todo lunes
Descanso:
25 euros

Sin fronteras, pero con la huerta mierense por lienzo sobre el que fructifican sabores del mundo entero como los entiende Gustavo, veracruzano formado en Le Cordon Bleu del D. F. y por media Europa, hasta la invitación de los hosteleros David y José Ángel, deseosos de avecindar el ‘algo diferente’ en la villa y el concejo otrora de inmigrantes, ahora en paulatina despoblación.

¡Hay que aumentar el vecindario!, debieron de decirse. Y en un local de pasado chigrero y cafetero –ahora con suavidades de maderas y azulejos– las carrilleras glaseadas, el steak tartar o el carré de cordero pueden ayudar a remontar el descenso demográfico. O el paté de cabracho en crujiente, el carpacio de tomate con tapenade, o la cocotte de verduras lugareñas en salsa romescu.

Del monte llegan las minihamburguesas de caza y el entrecot de vaca roxa y personal chutney; del mar, las colas de pixin con salsa de mariscos y alioli, el bacalao en salsa verde y almejas y el pulpo a la brasa con puré de patata y salsa de choriceros; del obrador, llambionadas ligeras y exultantes.

En fin, que estamos ante un descubrimiento digno de ser pregonado. Este Lobo Negro no nos come, nos da de comer. Y muy bien, por cierto.

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