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SAMA DE LANGREO

Nenyuri

Cristian Gómez y Lorena Candanedo, en el comedor de Nenyuri.n/Juan Carlos Román
Cristian Gómez y Lorena Candanedo, en el comedor de Nenyuri.n / Juan Carlos Román

Aunque signifique 'en ninguna parte', se encuentra fácil la casa donde Cristian prepara y ofrece sus saberes y sabores

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Nenyuri es término asturiano expresivo y tajante, llamativo para un establecimiento hostelero que destaca por la peatonal de Sama, o de Langreo, o de ese conjunto urbano continuo y complejo que sólo los allí nacidos aciertan a diferenciar: Riaño, Barros, Lada, La Felguera, Ciaño, Sama y el Nalón por medio, con su paseo bucólico entre recuerdos industriales.

En Riaño nació Cristian. Venía, como entonces era feliz norma siempre y cuando los derrabes y el grisú no cobraran sus trágicos peajes, de familia minera, pero desde pequeño tuvo claro que lo suyo era el mandil y el toque o gorro.

Todo un vidente en una región que muy pronto exportaría mayor número de cocineros que de toneladas de hulla.

Nenyuri

Dirección:
Calle la Industria, 11. Sama de Langreo.
Teléfono:
984 70 90 07. .
COCINerO:
Cristian Gómez Ramírez
Ayudante:
Jorge López
Sala
Lorena Candanedo y Luis Fernando
Descanso:
lunes tarde y martes.
Menú laborables:
15 euros
Bodega:
buena selección

Él quedó. Empezó de camarero y de aprendiz de cocinero, pasó por el Reconquista y el Hotel La playa, se preparó tenazmente desde la ayudantía hasta la jefatura, y acabó dirigiendo los guisos del Langrehotel, donde se juntan vecinos, ejecutivos foráneos y, en la vecina residencia, tercera edad, lo que multiplicó sus capacidades y habilidades.

«Allí cumplí una importante etapa de mi vida, años que me permitieron mejorar con seguridad y tranquilidad, pero pasados los treinta comencé a necesitar un nuevo reto, el de poseer un lugar propio, a pesar de que supusiera volver a la cuerda floja», comenta.

Y apareció el Nenyuri, abierto por jóvenes que pronto se lo cedieron, como un destino marcado «para preparar platos a mi manera, desde una jugosa tortilla de patata o una hamburguesa de carne roxa, a un bonito en escabeche de sidra o un risotto de ternera y ahumado de Tineo».

El Nenyuri debería llamarse Touyuri, puesto que con raíces fonderamente locales, trátese de fabada y pote, de cebollas rellenas, de caldereta de cabritu, de pitu caleya, o de –en la temporada aún de cercano recuerdo- rollo de bonito, suele añadir especialidades de Tailandia, de Cuba, de Italia, de Méjico, de Estados Unidos, del Mediterráneo, de las Vascongadas, de Andalucía y de donde nuestro viajero chef se inspire. Luego prepara jornadas, degustaciones, tapas y pinchos que añaden pinceladas de color y sabor a quien se acerque no sólo a comer y cenar, también al reconfortante tentempié del mediodía o visitación del Ángelus.

Hoy puede que nos tiente con un pad thay de tallarines de arroz y langostinos, o con un taco de cochinita pibil, o con un arroz negro al alioli, o con una fritada mallorquina de chipis, o con una hamburguesa a lo Dakota del Norte, o con un pisto manchego, o con unos fetuccini di mare arrabiata, o con dispares variaciones geográficas e imaginativas sobre un fondo permanente de temporada y tradición:véase la lubina con muselina de oricios, la merluza del pinchu con salsa de berberechos, o el pixín entero y verdadero.

Nenyuri ocupa una casina casi de cuento justo en el borde del valle, con piso bajo de cantería, y alto de ladrillo interrumpido por balcones y saliente alero. Hay luz y vista. Por fuera, y en un lateral, una escalera alcanza los barrios cuestos que flanquean el valle, al lado de los modernos prismas y redonda torre del Conservatorio. En el otro, la pared se puebla de imágenes simbólicas y caleidoscópico alrededor de la leyenda 'nacemos diferentes para celebrarnos iguales'.

Ya por dentro, encontramos un ordenado chigre que se comunica, escaleras arriba, con un elegante comedor cubierto a dos aguas, y cuelga bicicletas por tarimas y lucernas mientras decora la única pared ciega con un psicodélico damasquinado: sentarse en un lugar así, que te sirvan, saborear lo servido, y satisfacer una factura tan ajustada resulta excepción, no norma.

Pan de cristal, milhoja de patata dos salsas, y vermú de sidra, tres imprescindibles:uno por su ligereza crujiente, otro por su golosa finura, el último al ejercer de óptimo aperitivo o digestivo.

¡Y qué bello es vivir!

Ingredientes para 2 personas

- 2 ó 3 cebolletas.

- 3 pimientos del piquillo.

- 200 gramos de harina.

- 1 decilitro de agua con gas.

- 1 yema de huevo.

- 1 buen lomo de bacalao salado.

- Aceite de oliva.

Elaboración:

1. Pelamos y picamos la cebolla.

2. La echamos en una sartén con aceite de oliva.

3. La caramelizamos a fuego muy lento entre dos o tres horas, añadiendo chorrinos de agua, y siempre a fuego muy suave, revolviéndola hasta que quede tan oscura como melosa.

4. Cortamos los pimientos del piquillo en juliana.

5. Los añadimos y mezclamos con la cebolla caramelizada.

6. Preparamos una tempura tostando antes, suave y levemente al horno, la harina.

7. Sacada la harina y puesta en volcán, le echamos el agua con gas fría y la yema de huevo.

8. El lomo de bacalao, previamente desalado como resulta reglado –dos día en aguas cambiantes y dentro del frigorífico– se escurre, se seca con paño, y se corta en tacos de centímetro y medio aproximadamente.

9. Rebozamos estos tacos en la tempura, antes de freírlos en orta sartén.

10. Una vez doren, los sacamos y escurrimos.

11. En un plato ponemos de base la cebolla caramelizada con los pimientos.

12. Encima los trozos de bacalao.

13. De acompañamiento, apenas una pequeña mezcla de ensalada verde.

14. Servir de inmediato.

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