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GIJÓN

La Mar de Vinos (Casa Óscar)

Óscar González, en su comedor, con una gran tortilla. /JORGE PETEIRO
Óscar González, en su comedor, con una gran tortilla. / JORGE PETEIRO

Un sitio difícil de encerrar entre convencionalismos al que se acude para comer, beber y pasar el mejor de los ratos

L. A. ALÍAS

Óscar ye Cimavilla. Al menos parte de su siempre menguante paisaje original. Ypor ende también mundial. EnLa Mar de Vinos tiene su rincón. Lleva con él ocho años, bastantes más de los que pensábamos sus vecinos y clientes cuando lo abrió.

Entiéndase bien:de sus buenos haceres no dudamos, hasta los calificamos de magníficos. Ya la memoria nos viene su anterior taberna, la Gijia, casa común de la heterodoxia local allí donde La Colegiata;y después abrió La Tabacalera.

Ambas aventuras obtuvieron inmediatos éxitos, popularidad y barullo del bueno, que este paisanín pequeño, simpático, ocurrente, hábil y trabayaor ensambla buen ambiente, buena sidra, platos guapos y precios económicos.

La Mar de Vinos (Casa Óscar)

Dirección:
Calle Escultor Sebastián Miranda, Gijón
Teléfono:
695 20 5 4 65
cOCINA y sala:
Óscar González Vena y Rocío Ibáñez Hermoso
apertura:
2010
DESCANSO:
Lunes
Media de la comida a la carta:
10 euros
Sidra:
Baldornón

Lo que Óscar ofrece solo a Óscar corresponde:ye asina fía. Pero de cuando en cuando se toma temporadas sabáticas, desaparece por donde el moro o los lapones, preguntas si alguien sabe de él, y cualquier día, sin avisar, reaparece y monta otro lugar de encuentro. Y de nuevo le llenamos cada rincón, especialmente los bancos que dan a la pindia calle, para sidras y cacharros.

Lleva mucho aposentado en La Mar de Vinos (será que nos vamos haciendo mayores)pequeñina, afayaíza y vecina por ubicación y sociología del 'arca de Noé', que raigaña firme y bulliciosa en la calle Escultor Miranda, subida lateral de la Casona de Jovellanos, custodia del Retablo del Mar, relieve iniciático de la intrahistoria playa .

La cocina se centra en tapas, tostas, tablas y unas cuantas especialidades que, sin buscar complicaciones, atraen por su preparación, su disposición, su gusto, su tamaño y su generosidad no en el pan, abuso de listillos, si no en la selecta cubrición o chicha, que una petición o dos dejan al comensal ahíto y complacido y con diez euros comes, bebes, alternas y saludas a aquel camarada de célula de cuarenta años atrás incapaz –igual que tú– de conseguir sillón de concejal o diputado.

Podemos elegir ensaladas, tablas de embutidos y quesos, patés caseros, morcilla con queso de cabra y miel, mermelada de tomate y quesu cabrales, cebolla caramelizada con crema de cabrales, anchoas con verdura, platos de güela, foie con arándanos, sobrasada y torta del casar. Ygloriosas tortillas de patata obesas y jugosas y, a veces, pote, fabada, cortes de vacuno...

Óscar, que a La Mar de Vinos realmente la llamamos Casa Oscarín, lleva trabajando y fundando chiringuitos de alta gama y asegurados bienestares desde los mismos comienzos; y si de tanto en tanto pega la espantada y nos deja, finalmente reaparece siguiendo el famoso síndrome de Pachín de Melás que reproduce la carta: «Padezco una rara enfermedad que si en el orden físico no me afecta, en cambio moralmente me hace sufrir mucho: tengo gijonesismo agudo».

Que nunca deje de padecerlo.

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