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SAN MARTÍN (TEVERGA)

La Tevergana

María Teresa García, en la sala del establecimiento. /Hugo Álvarez
María Teresa García, en la sala del establecimiento. / Hugo Álvarez

Es confitería y restaurante;cada parte va por su cuenta, pero unirlas y combinarlas implica disfrute y provecho

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

San Martín. En su flanco Peña Sobia, soberbia masa caliza. Al poco de desviarnos hacia puertu Ventana encontramos La Tevergana donde antes sólo había praos. El concejo de la 'oreya tcharga', despojado de sus minas, crece y se moderniza. Hasta posee un neomuseo dedicado al arte paleolítico mientras su patrimonio de pinturas neolíticas, prerrománico y románico anda entre el abandono y el olvido.

No corresponde tal tema. Hemos venido al concejo de los tres valles, la Colegiata y la cueva de Fresnedo para visitar un restaurante pastelería cuya colineta proporciona experiencias cuasi místicas. ¿El secreto? La vieja receta de una tía abuela.

La Tevergana

Dirección:
El Solanu, 10. El Solanu-El Remedio (Nava)
Teléfono:
985 71 80 62
PROPIETARO:
Ramón Díaz Velasco
COCINA:
Pedro Iván Castrillo Nuño, Peyo
Ayudante:
Alberto Espina
SALA:
Borja Díaz Augusto
APERTURA:
2008
DESCANSO:
lunes, martes y miércoles
MENÚ LABORABLES:
de 10 a 12 euros
MENÚ FINDE:
15 (s.) y 22 (d.)
SIDRA:
Viuda de Angelón

¿Qué que es una colineta? Un pastel festivo local de cuando Maricastaña, que mezcla nuez molida, huevos, harina y azúcar antes de subir y esponjar horno adentro.

Además del obrador de Teresa salen escandinas (pastas de escanda), hojaldres finos y sutiles, casadielles, frixuelos, teresitas, cubiletes, petichús, yemas, pasta de té, pastelitos, huevos por Pascua, huesos de santo por Semana Santa y cuanto da una imaginación viva y una técnica templada al lado de maestros. ¿Cuáles? Vicente Crespo, Luis Alberto, Alberto Díaz, Tino Helguera: todos grandes, todos amigos.

Pero no sólo de dulces vive el hombre, mujer incluida. Tampoco Teresa y su marido José Antonio. Por eso el local dispone de cafetería y de comedor, que amplían prau y terrazas, y comparte llambionaes (tchambionáes, hablemos apropiadamente)con pote de berzas, fabada, fabes amariscadas, tortos de escanda con variada cobertura, codillo de cordero guisáu, cordero al horno y una ensalada que lleva xuan, embutido de gochu familia del chosco, que va retornando del olvido.

Teresa, aunque de Gijón, creció con un padre de Monteciello, una madre de Entrago y largas y felices vacaciones bajo el Sobia y sobre el Sobia. Los potes de las güelas orientaron, y en vez de hacerse delineante –la profesión que proveía al hogar– prefirió estudiar cocina. Formó parte de la primera promoción de la Escuela de Hostelería gijonesa y trabajo con los notables mencionados y otros no menos para finalmente casarse con un tevergano de Taja y, construido un edificio en la parcela familiar, elegir el lugar propicio, justo donde estuvo la ferretería del abuelo:«Llevaba muchos años queriendo hacer cosas que, en mi ramo, señalen y distingan a Teverga», dice.

El día de la visita, una fornida y veterana dama teutona, vestida entera de cuero sonoro por la ferrajería y con aspecto de valquiria en cabalgada, aparcó su moto de gran cilindrada ante la puerta y entró. Bajaba del puertu Ventana, llovía a mares y corría el impropio frío del pasado mes. Venía hambrienta. Dudo que el abrazo a Santiago, su destino, le emocionara más que el enorme cachopo literalmente devorado, sabrosa fuente de calor y fuerza.

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