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LA FELGUERA (LANGREO)

La Toscana

Restaurante La Toscana - Langreo

Aunque ofrece algunos platos de pasta, todo lo suyo es muy asturiano; eso sí, a su original manera

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Da para preguntarse por qué a este restaurante de La Felguera lo bautiza una soleada y vinícola región italiana cuya capitalidad corresponde a Florencia, la ciudad que acumula más obras de arte por metro cuadrado del mundo. Y quede claro que no lo señalamos por contraste o comparación, que la Cuenca del Nalón lleva tiempo aumentando en parques, torreones, casonas, museos y esculturas, y disminuyendo en fábricas y pozos hulleros. El paraíso natural y la despoblación van siempre de la mano, aunque si faltan viñedos, sobran pomaradas.

Pues la razón es sentimental. Estrella casó con un italiano y vivió unos cuantos años por donde naciera y se inspirara el mismísimo Dante. Y Víctor solía ir a visitarla. Cuando ambos primos –retornada ella– pensaron qué nombre ponerle a su restaurante, el de Toscana les sonó musical, sea por Tosca o Toscanini, y mantienen como vinculación y recuerdo a unos macarroni carbonara, unos espagueti boloñesa y unos tallarines con jamón.

La Toscana

Dirección:
Ramón Bautista Clavería, 10. La Felguera
Teléfono:
984 18 20 89
Jefe de cocina:
Víctor Manuel Santiago de la Paz
Cocinera:
Ana María Antón
Sala:
Estrella Paz de la Paz
Horario:
lunes, martes, miercoles y domingos, solo comidas; jueves, viernes y sábados, comidas y cenas

«Pesó igualmente en la elección del nombre lo mucho que me gustó la película de Audrey Wells ‘Bajo el sol de La Toscana’, añade Víctor.

Pero a Asturias le corresponde poner el paisaje culinario principal, abierto y amplio como dicta nacer en La Coruña, mientras sus dos hermanos lo hicieron en Murcia y Langreo: «Manuel, mi padre, trabajaba para una empresa de montajes y la familia debía desplazarse donde tocara la faena. Por eso, contaba yo doce años, decidió elegir un sitio para establecerse, y se pasó a la hostelería; mejor dicho, todos nos pasamos a la hostelería».

E hicieron suyo El rincón de Eladio, que alcanzó fama por sus chateos y tapas. Y fallecido su padre tempranamente, tuvo Víctor que tomar el timón con diecisiete años recién cumplidos, cosa que hizo hasta el 2012 para dedicarse entonces exclusivamente a La Toscana, abierto seis años antes.

Tocaba. Sus hermanos encontraron otros caminos, llegaron nietos, la madre se jubiló, y las vinaterías sufrieron con especial dureza los embates de la crisis. Había que centrarse, y La Toscana puso ese centro justo al lado viejo del parque felguerino, con el quiosco de música a la vista, una terracina bajo toldo, una entrada de barra e informalidades, y un comedor escaleras abajo que amplía en algo los pequeños espacios originarios reduciendo esperas. La gruesa cantería de las paredes y los claros ocres de la pintura enmarcan mesas y servicios amables y acogedores.

Y platos igualmente amables y acogedores como los mejillones con vinagreta de fresas, la ensalada de bacalao y naranja, el crujiente de langostinos y alioli, el calamar relleno de marisco, los frixuelos rellenos de morcilla matachana y compota de manzana, la merluza al cava, el lenguado relleno de marisco, un brownie denso y goloso…

A propósito del brownie: prestaría recuperar el nombre de ‘negrito’ para especialidad de tan extranjera escritura. A fin de cuentas ya no se elaboran pasteles con los recortes de otros pasteles –del mismo color y similar textura–, que además salían a peseta.

Dudamos de que la idea prenda al convertirse la inocente denominación en políticamente incorrecta: cosas de los semánticamente complicados tiempos que nos toca vivir.

Dejamos para el tramo final a los cachopos. Dos insignias de la casa con creciente fama que se anuncian (sin protestas, luego la aquiescencia marca grado) los mejores del concejo: uno lleva cecina, queso de cabra y cebolla caramelizada, y otro jamón, queso edam, espárrago y piquillo; ambos empanan ternera suavísima y relleno que, tras la crujiente entrada, dejan el paladar cremoso y complacido.

Cumplido el café y el orujo, y pasado el puro a la ilegalidad absoluta –Farias de pobres, Romeo y Julieta de ricos o atesorados en la última boda– el Parque Viejo de La Felguera queda al lado. Falta el paseo para sosegar placeres y excesos, un ejercicio calmo y reflexivo no sólo recomendable, incluso obligatorio.

¿Qué visitar?

Era el cementerio anejo a la iglesia, que no es la neorrománica que ahora vemos pues la anterior fue volada durante la revolución. Antes de tan desgraciado hecho se había trasladado el cementerio, dado el rápido crecimiento de la villa a su alrededor. Fuen entonces cuando los marqueses de La Felguera contruyeron este paseo arbolado que, de paso, ordenaba, alineaba y unía una población dispersa en barrios y aldeas. Esto ocurrió entre 1891 y 1917, derribándose además el viejo mercado de abastos para ampliar la superficie recreativa, a la vez que mandaban construir en las proximidades otro mercado moderno e higiénico. Dedicado a la nieta de D. Pedro Duro, la marquesa de Dolores Duro, conocido hoy como Parque Viejo para distinguirlo del nuevo o de Antonio García Lago, hay en su interior mucho que destacar: el quisco de música con sus artísticos forjados, la central y columnada estatua del fundador de Duro Felguera, las artísticas y altas farolas o los bancos salidos de la fábrica, los edificios del entorno y el agradable ambiente antañón que pareciera imponer sombrillas y bombines.

Calamar relleno de marisco

Para 2 comensales. Ingredientes:

-4 vainas o cuerpos limpios de calamar.

-1 merluza.

-1,5 kilos de cola de rape.

-400 gramos de langostinos.

- 1 paquete de surimi.

-2 kilos de cebolla.

-harina de maíz.

-brandy.

-ajo.

-sal.

-aceite de oliva.

Elaboración:

1. Desespinamos la merluza sacando los lomos.

2. Con la cabeza y la espina preparamos un fumé de pescado.

3. Troceamos los lomos de merluza en tacos pequeños y hacemos lo mismo con la cola de rape, los langostinos y el surimi

4. Ponemos una tartera al fuego con un chorro de aceite de oliva y añadirnos dos cabezas de ajo picadinas en pequeños trozos; una vez empiece a dorar, añadimos el relleno y dejamos que poche.

5. Ya pochado vertemos un poco de coñac, dejamos que el alcohol se evapore, añadimos sal hasta el punto deseado y dejamos enfriar.

6. Cogemos las vainas de calamar y las rellenamos, cerrando la abertura superior con un palillo redondo.

7. En una tartera añadimos un chorro de aceite de oliva y las cebollas cortadas en juliana, dejando que pochen.

8. Cuando estén pochadas añadimos los calamares colocándolos en el fondo de la tartera, a lo plano, que no quede ninguno encima de otro para que se hagan a la vez.

9. Añadimos el fumé de pescado hasta cubrir poco más de la mitad del calamar, tapamos y que guisen a fuego lento.

10. Una vez tomen color dorado, les damos la vuelta para que se hagan por la otra parte.

11. Dado que el relleno ya está cocinado, sólo habrá que esperar que cada calamar este tierno según su tamaño.

12. Los vamos sacando de la tartera, probamos la salsa que nos ha quedado, rectificamos de sal si fuera necesario, y la pasamos por la batidora y el chino: si se desea un poco espesa, basta añadir harina de maíz disuelta en pocos de agua fría y dejar que engorde.

13. Emplatamos el calamar con ligeros cortes en abanico y acompañado por un gratén de patata, o una base de patata panadera, y langostinos.

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