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AVILÉS

Punto de Encuentro La Madreña

Marta, Ángeles y Cristian, en el restaurante. / MARIETA
Marta, Ángeles y Cristian, en el restaurante. / MARIETA

Efectivamente. Un punto de encuentro alrededor de fuegos lentos, potas vigiladas y guisos de siempre

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Es una casa de comidas, dice Ángeles poniendo énfasis en un título que recuerda al viejo grabado de Jules Worms donde un grupo de asturianos bailan la media vuelta bajo el letrero 'se guisa de comer'.

Pues sí, es una casa de comidas afayaíza y gustosa. Y de bebidas, que hay variedad de vinos con diferentes espíritus, cuerpos y origen.

Además se ubica en la avilesina calle de la Ferrería, que no es cualquier calle, frente a los soportales de los pares, y con la plaza Mayor a un lado y el palacio de Valdecarzana al otro, mostrándose nuevamente al paso de los peregrinos jacobeos que suben de la iglesia de San Francisco, fundada -aseguran leyendas merecedoras de recuerdo y credulidad- por el propio santo de Asis de paso hacia Compostela. Y si non è vero, è ben trovato.

Punto de Encuentro La Madreña

Dirección:
Calle La Ferrería, 3. Avilés
Teléfono:
669 191 041
Cocina:
Ángeles Azabal Casares y Marta Rodríguez
Sala:
Cristian
Apertura:
2017
Menú laborales:
11 euros
Menú asturiano finde:
18 euros
Bodega:
variada
Descanso:
martes tarde y miércoles

La piedra encuadra y domina. Fuera rodea recta y lisa el marco de entrada, dentro se descubre irregular, severa y alineada en los dos veces centenarios tabiques.

También encuadra y domina la madera, vetusta en la barra, la alacena o la chimenea, adivinándose que fueron puertas, vigas y talameras rescatadas y felizmente reutilizadas de algún hórreo ruinoso.

O de la propia historia del local, que aquí hubo una tienda de fabricación, reparación y venta de madreñas antes de su primer destino hostelero; el nombre no lo lleva, por tanto, al albur, y se multiplica en artesanías e imágenes, de la escarpia sobre el tronco de haya o castaño al Madreñogiro de Pinín, 'que de Pinón ye sobrín'.

Largo y profundo de trazo, la entrada se reserva a vinos y tapas, y el resto lo ocupa el coqueto comedor donde se sirven una carta y menús de la casa según día y mercado. Disponemos de ensaladas imaginativas, sartenes variadas, croquetas de jamón ibérico suaves y sin ocultaciones, sanísimo pote de lombarda, carrilleras a punto de caramelo, carne guisada, lentejas con chorizo, cocido de garbanzos, patatinas con pescado, chipirones en tinta, merluza en salsa, alcachofas en tempura, bacaladas rebozadas, solomillo, menestra, setas al ajillo, bacalao a la vizcaína... Sábados y domingos se reservan para un menú asturiano incuestionable y rotundo: de primero fabada o pote, de segundo cachopo o callos y de tercero requesón o arroz con leche; siempre en cantidades antiguas y a precio antiguo: difícil no dormitar luego bajo las largas y cálidas tardes de la ya avanzada primavera.

Ángeles reabrió y dió sus actuales contenidos a La Madreña hace año y medio. Pero comenzó mucho antes la dedicación. Hija de padres extremeños, y de las Hurdes, un paraíso recóndito sobre el que no cabe leyenda negra alguna y sí únicamente deslumbramientos, nació en Avilés y creció en Illas. Casada joven tuvo dos hijos y aprendió a cocinar por herencia materna e influencia de su hermana, propietaria de restaurante. Tiempo después se hizo cartera de aldeas hasta que, recién inaugurado Parqueastur, le ofrecieron trabajo en la conocida franquicia 'Cañas y tapas'.

«Entré de ayudante y acabé de encargada; y puesto que me ejercité en trabajar cara al público, decidí abrir una vinatería en la calle Cabruñana, mi calle natal. Comencé con tapas y acabé preparando platos fuertes, por lo que decidí coger La Madreña y revitalizarla ayudada por Marta, mi mano derecha. ¿Que defina lo que hago y sirvo? Exactamente lo mismo que hacía y servía en casa para la familia», explica Ángles.

Y el comensal siente, en muy bien avenido, el gusto familiar.