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AVILÉS

La Viñuca

Restaurante La Viñuca

Un rincón que nos regresa a la aldea para compartir unos cuantos guisos caseros y maternales ricos en gracia y nostalgia

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Jose ‘el de La Viñuca’, que así le conocen amigos y parroquianos, posee profesionalidad acrisolada por vía personal y genética, que sus familias materna y paterna, de Miranda la primera y de Salas la segunda, gobernaron tiendas mixtas.

Por eso, aunque comenzara como camarero, su deseo de tener bar propio se hizo realidad al poco, instalándose en un local con ambiente y decoración de vieja taberna aldeana llena de pulcritudes modernas. Y lo abrió en una calle recoleta del viejo Avilés que aún rodea huertas y jardines indianos entre el Hospital San Agustín y el palacio de Balsera, a espaldas de Galiana y cuesta abajo de la plaza del Carbayedo.

La Viñuca

Dirección:
Calle Sánchez Calvo, 2, Avilés
Teléfono:
985 56 48 99
Propietario:
José Luis Fernández Álvarez
Apertura:
1995
Descanso:
domingo
Tarjetas:
no, sólo efectivo

Una barra de azulejos blancos y orla azul rompe el casi absoluto dominio de la madera desde que se entra por la puerta batiente;hay zócalos, mesas, asientos corridos, taburetes, estanterías, botelleros profusos, botelleros, expositores de viejas etiquetas, relojes, cuadros marineros, metopas de la Armada y escenas vinateras de azulejos.

Aquí debemos aclarar que la frase de ‘Jose comenzó como camarero’ sólo ilumina una mínima parte de su personalidad, tan afable como compleja, puesto que se licenció en Filosofía y Letras (aquella carrera con tantísimos estudiantes ahora letárgica), hizo una tesis sobre terrorismo, estuvo en la Armada, impartió clases a pilotos de la base de Rota, ha investigado y escrito sobre hórreos, le atrae lo que verse sobre tradiciones y posee grandes conocimientos acerca de la historia y la política, dos ciencias que cada vez parecen llevarse peor.

«En Salas, en mi infancia, cada bar cocinaba cuatro o cinco platos con especialidades conocidas a viva voz por su perfección, fabes, en uno, pote en otro, callos en el tercero, adobo allí arriba, bacalao allí abajo, cada cual lo suyo, poco pero perfecto. Aquí seguimos igual línea, lejos de menús o cartas», aclara Jose.

Una línea bordada por su madre María Elena, fallecida hace un par de años, y proseguida por tía y prima: la familia cuida de que el punto y la autenticidad permanezcan.

Y sus suavísimas carrilleras, sus jugosas albóndigas, su longaniza de avilés frita, sus melosos codillos, sus alegres y densos callos o su picadillo matancero, acompañados con patatas fritas y pimientos asados de la gozoniega Manzaneda, se sirven en raciones que dan para una comida de plato único –o de dos a compartir– uniendo calidad, cantidad, precio y atención.

Recordamos de una visita anterior las costillas ibéricas que han retirado por preferirlas los asturianos a la parrilla. ¡Gran parcialidad!

En La Viñuca se guisa. De inicio la cazuela o sartén, el aceite de oliva y el sofrito. Y los carnosos huesos que apurábamos antes de traer los indianos sus –por otra parte enviciantes– modas parrilleras: la convivencia debe restablecerse y las de salsa y fuego lento ocupar su justa parte.

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