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GIJÓN

El Feudo

Hernán Morán Soto, en su restaurante. /Damian Arienza
Hernán Morán Soto, en su restaurante. / Damian Arienza

Abrió con el siglo e innovó. Vinatería de amplitud, sus cuidadas tapas ganaron peso y aprecio hasta volverse restaurante de refinamientos y reservas

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Hernán pasó de estudiante a hostelero en un pispás. O en un tristrás, que son medidas de tiempo tan breves como indeterminadas. Apenas dejado el instituto, pasó a trabajar en la noche gijonesa, y acabó encargándose de establecimientos ajenos. El rapaz valía. Ypues valía, sintió el deseo de tener un establecimiento propio y a la medida. Su feudo en El Feudo. Y con la compañía al principio de Ramón, compañero de tempranas aventuras profesionales, luego ya solo, pero con un equipo amplio y motivado, abrió una vinatería de oferta novedosa por donde se estrenaron en plaza algunas denominaciones de origen y etiquetas entonces desconocidas y pronto populares:acababa de inaugurarse el siglo y la gastronomía gijonesa bullía de ideas, innovaciones e inauguraciones al son de los entonces veinteañeros;aquel prometedor presente afianzaba la ilusión de un futuro eternamente provisorio.

El Feudo

Dirección:
Calle Felipe Menéndez, 4 - Gijón
Teléfono:
985 35 16 59
Propietario:
Hernán Morán Soto
Equipo:
Edison Escobar, Tatiana Smaranda, Angélica, Florence, Rosa
Apertura:
2001
Descanso:
Ningún día
Menú laborables:
15 euros
Menú Finde:
18 euros
Bodega:
Nacional e internacional

En España no hay vino sin tapa desde que lo ordenara Alfonso X, tan justamente apodado Sabio, y éstas, las del Feudo, comenzaron a destacar por sabrosas y complejas hasta convertirse en –qué mejor adjetivo– platos redondos de temporada excepto aquellos permanentemente demandados, por ejemplo los espárragos de Navarra con jamón ibérico y foie de pato en salsa de trufa, las carrilleras 5 Jotas en larga cocción de vino tinto, el lomo de bacalao al ajoarriero, o los frixuelos rellenos de centollu en crema suave de oricios, enunciados que prevén por dónde anda una cocina capaz de estimular más sentidos que los palatales. Hasta seis.

Se sigue alternando, por supuesto, a pie de banqueta y barra, con la vista puesta en los botelleros, en la acristalada bodega, en los altos tanques de cerveza, en las tuberías y griferías de presión, en el perfectamente restaurado cortafiambres Berkel de 1929, en los pata negra, en el expositor de tapas, en el muestrario de quesos y conservas, en las rotuladas pizarras de existencias y ofrecimientos, en las mesas de sillas y sofás, en el ajuar capaz de unir cestas chinas y potas de llar, y –resumiendo un ambiente que es único y múltiple– en la mezcla de fonda asturiana, pub inglés y mesón castellano donde sentirse relajado y dicharachero resulta casi un imperativo legal. O sin casi.

'Cada quince días, quince vinos distintos a copas',anuncia y cumple Hernán; sin repeticiones, abriendo la posibilidad de probar uno diferente cada día del año. Y dentro del cuidado almuerzo, los lunes toca –entre otros platos– pote asturiano, los jueves albóndigas de gochu asturcelta, los viernes patatas rellenas de carne, y los fines de semana fabada densa y tierna, como los densos y tiernos callos, pequeñinos y picantones, capaces de erizar bigotes y papilas gustativas.

Unas cocochas al ajillo con langostinos, un kebab de pato a la naranja con yogur griego, un canutillo de morcilla de Noreña en vino dulce, una longaniza de Avilés 'cocida con el cocido' según mandan cánones, una paletilla de lechazo churro al horno, un rabo de toro con pimientos confitados y un entrecot o un chuletón de vaca vieja gallega añaden seducciones.

Hernán pronto cumplirá dieciocho años ejerciendo de señor feudal de su Feudo. Señor, eso sí, atento, simpático, profesional y bien rodeado. Abrió caminos, escaló alturas y sobrevivió a una crisis especialmente devastadora en el callejero barrio del Carmen, pequeño Soho local, demostrando que si tu trabajo y tus clientes te hacen feliz (y tú a ellos) nunca perderás el buen camino.