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PERLORA (CARREÑO)

Casa Sandalio

Ines Fernández y Fermín Alonso, en Sandalio. /PALOMA UCHA
Ines Fernández y Fermín Alonso, en Sandalio. / PALOMA UCHA

Hay sitios donde lo de siempre adquiere un gusto insuperabley aquí eso lleva más de tres décadas pasando

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

La sopa de ajo, la fabada, el pote asturiano (con fariñón) de los jueves, el cocido con su sopa de fideos y su compangu, o el pulpo con patatines de los martes, son lo que son y encima un poco más. Y ese poco más se nota como la magdalena de Proust, o como una tortilla de patatas jugosa y tierna tras las veraniegas y antaño obligadas siega y recogida de hierba con montaje de balagares.

Casa Sandalio

Dirección:
Polígono Perlora Urbano, 49A, Perlora (Carreño).
Teléfono:
985 87 11 81.
Cocina y sala:
María Inés Fernández González y Fermín Alonso Losa.
Ayudantas:
Begoña y Marisol.
Apertura:
1997.
Descanso:
Martes cena.
Media a la carta:
15 euros.
Tarjetas:
sí.
Sidra:
Peñón.

Lo mismo que al oler y probar el pulpo con patatines de los martes, o las patatas bravas con una alegre salsa de la casa, o el siempre principalísimo monumento gastronómico constituido por un par de huevos fritos –cuajados de clara pero líquidos e intensamente amarillos de yema– sobre patatas fritas de sartén y chorizo durín y casero.

Para el frío, callos; para cualquier momento, oreya y manos de gochusalseadines, chipironinos crujientes, higadín encebollado, cebollinas rellenas, parrochines frites, longaniza avilesina, tacos de bacalao y lo que Fermín y la concisa carta nos anuncien.

Una carta modélica en raciones abundantes y económicas, lo mismo que el menú; y una carta que, sin incluir nada del otro mundo, pone en letra lo que luego nos traeran como retazos de –quedó dicho– ese otro otro mundo ya citado del recuerdo, del camino de Swann, de la infancia, de las tardes de merendero o –tristeza final– de las vacaciones subvencionadas por la empresa en la histórica, obrera y playera ciudad vacacional vecina, perdida para el presente y entregada cruelmente a la inutilidad y la ruina.

Sandalio e Inés, que tras su jubilación traspasaron trabajos, deberes y atenciones a su hija María Luisa y a su yerno Fermín, abrieron el bar en el bajo del hogar recién construido, y la imagen de hogar campestre prepondera y se confunde en las calles enchaletadas de un polígono.

Si hace sol, apenas resaltan las sombrillas y sillas delanteras. Dentro y alrededor encontramos un pequeño espacio de barra, una terraza acristalada y otra abierta:espacios breves y fácilmente llenos.

Los fundadores, ella Villanueva de Oscos y el de Boal (albiones de casta), se conocieron aquí mismo, en Perlora, cuando una cantera daba trabajo a mucha gente, entre ellos a Sandalio, y los bares calmaban sedes y fames de una parroquia ajetreada que iba de la siderurgia a los baños de ola:uno de ellos el que atendía Inés.

No crean que sacarlos en Yantar fue fácil. Rechazan servir de foco; el boca a boca constituye su opción que, si peligrosa para otros, resulta óptima para ellos: «El nuestro es un bar sin mayores pretensiones, y no queremos abarcar más de lo que podemos», dice María Luisa sin falsa humildad.

Comer regia y gayoleramente, refartucándose, por una media de diez euros, no resulta lo habitual; al menos con el rotundo esmero que aquí usan. Yhay que contarlo.

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