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GIJÓN

Casa Román

Román e Isabel brindan con sidra. / ARNALDO GARCÍA
Román e Isabel brindan con sidra. / ARNALDO GARCÍA

Uno de nuestros favoritos 'del mar al plato' vuelve tras una ausencia de meses, que muchos devotos hemos considerado interminables años

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Anteayer reabrió y lo recuperamos. Dicho apropiadamente, lo repescamos. Igual que antes en esencia, y un poco mejor en presencia, que bien ya estaba, pero las reformas siempre añaden puestas al día y reparten brillos.

Román cerró durante medio año, muchísimo para sus clientes. Y aunque anunció y señaló las causas mientras las paredes y suelos de su chigre iban multiplicando grietas, el amigo y comensal podía percibirlas directa y frontalmente al ver la profunda restauración -mejor dicho reconstrucción- de los grandes edificios modernistas vecinos.

Casa Román

Dirección:
Marqués de Casa Valdés, 6. Gijón
Teléfono:
985 358 813
Inauguración:
1996
Cocina y sala:
Román Gutiez Viña e Isabel Álvarez Fernández
Menú toda la semana:
17 euros
Media a la carta:
35 euros
Descanso:
Lunes y almuerzos del martes (mañanas)
Sidra:
Cortina y Villacuberas

Por lógica telúrica, mientras éstos, con sus azulejos, balcones volados, miradores alineados de madera y cristal, y artísticas verjas y molduras, retornaban a la vida tras un prolongado abandono, el que acoge la lonja de nuestro amigo y de Isabel, padecía tales fuegos contiguos del ave Fénix, incluidos varios subterráneos para aparcamiento.

Anteayer celebramos la vuelta a la normalidad arreglada y dispuesta. Y con ella la vuelta a los quehaceres de Román, cuyo nombre acoge las palabras 'mano', 'mar' y 'amor', la concreta trilogía de su vida y de su cocina, forjada desde neñu cuando pescaba en bote con su padre por las altas costas de su parroquia, La Providencia.

Y entonces, un entonces aún a la vuelta de la esquina, las piezas llenaban generosamente la cubierta.

«Nuestra mar, ahora tan esquilmada, sigue a pesar de eso generosa y gourmet; también atractiva y traidora. Se la ama incluso pensando en los miles de marineros gijoneses y del resto de Asturias que se ha tragado a lo largo de los siglos», comenta.

Y recordamos el famoso cuadro '¡Aún dicen que el pescado es caro!', de Sorolla.

Con su padre aprendió a pescar, con su padre y su madre a cocinar, a los catorce años entró a trabajar en Casa Rey, donde pudo ejercitar los aprendizajes caseros. Tras fallecer el propietario, adquirió y dirigió el negocio: «Compraba el pescado en Luanco, también salía a buscarlo personalmente para lo que aprobé los títulos de patrón de pesca litoral y mecánico; antes, parte de lo que ofrecía y preparaba lo había sacado yo mismo con caña, palangre y tresmallo», recuerda y echamos de menos.

La Providencia, denso foco hostelero, perdió lenta e inmerecidamente en la última década del pasado siglo parte del favor y del fervor público que gozaba desde el XIX por su Virgen, sus romerías, sus chigres y sus merenderos; entonces Román e Isabel decidieron trasladarse al centro de Gijón y sentar plaza.

Plaza del pescado, por supuesto.

«Me surto directamente en las lonjas de Luarca y Puerto de Vega, y escojo las piezas atendiendo a mis personales apreciaciones de idoneidad y precio: gusto pagar y cobrar lo lógico del momento. Si una especie anda disparada, busco otra que se adecúe. Eso sí, jamás entran en mi cocina cebones de piscifactoría».

Sí entran, cantábricos y coleantes, lenguados, rubieles, rodaballos, chopas, pixines, besugos, salmonetes, samartinos, lubinas, bugres, centollos, ñoclas, almejas, y lo que manden desembarcos y elecciones a ojo sabio y severo.

En consecuencia, el cimiento que sostiene y da sentido a Casa Román, queda dicho y rubricado, son los pescados próximos a la plancha o a la espalda; otrosí ocurre con los mariscos: «Tengo únicamente lo que decido traer, y prefiero un par de cosas que me convenzan a un montón dudoso», garantiza.

Una garantía que mueve y conmueve.