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GIJÓN

Taberna Berciana

María del Pilar, Alfonso y Natalia, en su restaurante. /Carolina Santos
María del Pilar, Alfonso y Natalia, en su restaurante. / Carolina Santos

Alfonso y Natalia llegaron de donde los Cabarcos cocinaban oro y ahora pimientos, botillo, mencía y otras valiosas joyas

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Alfonso llegó del Bierzo pronto hará cuarenta y cinco años. Ser berciano marca. Y más de un extremo recóndito y fronterizo. No en vano se trata de una comarca capaz de superar en personalidad histórica, lingüística y gastronómica a muchas llamadas nacionalidades, por su aleación asturiana, gallega y castellana, forja final de un metal duro y brillante, el de su paisaje, sus habitantes, su vino mencía, sus embutidos y su camino jacobeo.

Con Alfonso venía su hija Natalia, muy niña, y las ganas de salir adelante en una Asturias aún prometedora.

Taberna Berciana

Dirección:
Calle Ezcurdia, 25. Gijón
Teléfono:
985 37 20 80
Apertura:
1975 en Ramón y Cajal; 1997 en Ezcurdia
Descanso:
martes
Propietario:
Alfonso Núñez García
Cocina:
María Luisa Marcos Puertas y María del Pilar Rodríguez Paraja
Sala:
Natalia Núñez Álvarez y Gema Miguens Díaz

Dado que la comunidad berciana contaba con muchos integrantes, y que los gijoneses íbamos apreciando las gracias del peculiar cocido a la viceversa, del jugoso botillo, de los tiernos y dulces pimientos o de las frutas cuyo cultivo íbamos abandonando –peras conferencia, castañas, cerezas, manzanas de mesa–, puso lo que mejor conocía y quería, un Bar Berciano.

Atrás quedaba su aldea de monte, frente al sorprendente pico amurallado y trillizo de La Tara (con el Pinouco y el Pinouquín), rincón mágico entre la orensana, pulpeira y también vinatera Valdeorras, el Sil y las Médulas:oro abundante con el que se enriqueció Roma mediante la durísima eclavitud indígena arruinando montes (pero nada de culpar y pedir reparaciones a los actuales romanos, por favor).

Y si atrás quedaba su aldea, adelante le esperaban cinco décadas de dedicación a los sabores de su origen, igualmente forjade originalidad:¿Un clásico? El cocido maragato de los domingos, igual de rico y con el mismo orden que en Castrillo de los Polvazares; cierto, el barrio de La Arena no posee 'la misteriosa estampa de aquel pueblo maldito, solitario y lleno de cruces' que ahora, lejos de las descripciones de Concha Espina, sufre muchedumbres y campos de estacionamiento. ¿Otro? Los pimientos asados sobre su delicioso jugo que van bien con todo y solos, mejor que mejor. El botillo con cachelos y verdura –no exactamente el butietcho tinetense aunque igual de intenso, apimentonado y seductor– formaría el trío adecuado si, además, el pulpo a la berciana –un soplo gallego– no completa el póker de ases. Cierto, el pulpo llegaba al Bierzo, y al resto de la España interior, salado, amojamado, como bacalao, y precisaba remojos y restituciones; ahora, donde lo fresco impera y lo congelado quita durezas, lo importante es la textura:María Luisa y Pilar, cocineras, la logran tierna, pero al dente.

Alfonso y Natalia, ésta ya anfitriona y heredera, realizaron una completa reforma hará una década que ha dividido la taberna en una primera zona de barra y mesas para tapeos, vinateos e informalidades, y en una posterior de comedor formal, ambas acogedoras y cómodas, donde, además de lo antes señalado, podemos inclinarnos por cachopos variados, calamares de potera, boquerones en vinagre, croquetas sabrosas, hígado encebollado (¡bien, lo vamos recuperando!), chipirones al ajillo, ensalada de pulpo y langostinos y otras imaginativas ensaladas bercianas donde la cecina juega su imprescindible papel.

Las raciones resultan abundantes, los precios justos y el trato cercano y siempre educado, incluso cuando la temporada alta y el cocido dominical (por semana bajo encargo)fuerzan la maquinaria humana. Pidamos vinos del Bierzo y de Ribeiro, y si con el café tomamos un aguardiente de alquitara destiladora de sus hollejos, la digestión fácil y plácida quedará asegurada.