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GIJÓN

Casavella

Antonio Rodríguez Acevedo. /PALOMA UCHA
Antonio Rodríguez Acevedo. / PALOMA UCHA

Una casa con historia. Ohistorias. Vivió laureles y fracasos, proyectos de tiempo y fugaces. Pero el actual lleva casi un lustro reafirmándose

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

El edificio se muestra esquinero y singular. A un lado la explanada del Molinón, al otro el Grupo Covadonga. Con bastantes décadas encima, posee aire montañés y el ventanal principal ve prolongarse el muro de su jardincillo en ángulo agudo. Luego le llegan vecinos de jardines y chalés, como Los Pisones –excelente vecino– hasta la rotonda de La Guía y el Río Piles.

Hay recuerdos. Aquí estuvo Paladares, de Urrutia, y El Secreto de Güelita, de Ana Isabel, dos cocineros importantes por pasado y presente. También establecimientos fugaces de una o dos temporadas.

Tal vez por eso Casavella, a punto de cumplir cuatro años, ha cruzado el ecuador de la estabilidad y convence a un público creciente de paseantes fluviales, amigos de las zonas abiertas y ajardinadas, socios del Grupo Covadonga, hinchas del Sporting (y del rival de turno) y allá por la temporada del bonito, incondicionales del arte hípico.

Antonio, el factótum ayudado por Gema, puso imaginación y voluntad para cambiar unos espacios difíciles:el piso bajo lo ocupaba casi exclusivamente la cocina, mientras que el alto quedaba para comedor.

Casavella

Dirección:
Carretera de Villaviciosa, 36. Gijón.
Teléfono:
634 765 813
Cocina y sala:
Antonio Rodríguez Acevedo.
Ayudantes:
Beatriz González y Gema Vázquez.
Apertura:
2015
Descanso:
Lunes y almuerzo martes.
Media a la carta:
25 euros
Tarjetas:
Se aceptan

¿Y los vinos, las copas, los refrescos, los combinados y la (que por cierto hay)sidra? Aparte de la terraza en la arbolada calle de Jesús Revuelta, el bajo ha dado para un afayaízu bar de tapeo, mientras los platos lentos y largos siguen sirviéndose arriba, donde el techo de doble vertiente cruza vigas y la decoración combina viejos objetos y cachivaches distribuidos por soportes graciosamente reciclados, del armario ropero al botellero y de la balanza a la guitarra.

Entre restaurante formal y chigre, merecen resaltarse –metiéndonos en materia manducatoria– los gloriosos torreznos, dulces y crujientes que, hijos de panceta rebuscada y atento aprendizaje supervisado por cocinera especialista, convierten la boca en una gustosísima tronada: oliva y gochu trotón suman colesteroles óptimos. Los caracoles con salsina picante anuncian, junto con otros colegas, el lento retorno de un clásico regional olvidado (¡con los magníficos ejemplares de nuestras murias!) y los cachopos de ternera asturiana y variado relleno no faltan. El cabrito merece encargo, y el churrasco de angus, punto leve. Hay además otros cortes de vacuno a la parrilla, mientras que jueves y viernes arrasa el cocido maragato. Un cocido con raíz: Antonio, hijo de berciana y orensano, creció en el barrio de La Arena donde sus padres tenían tienda de ultramarinos. Por estudios debía ejercer de calderero, pero pronto cayó en el arte y vicio de la hostelería: del Player's inicial al Baleal o el Bombay portuarios. Ytras treinta años bregando y dirigiendo pubs («cocinar me entusiasmaba», afirma y demuestra),recuperó del último cierre esta estilosa 'casa vieja' en arista que se destaca, amplía y proyecta.