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«El secreto del éxito está en hacer las cosas siempre igual»

Marino García, con una caja de galletas La Luarquesa. / JOSÉ SIMAL
Marino García, con una caja de galletas La Luarquesa. / JOSÉ SIMAL

La fábrica de Luarca que surte de galletas a numerosas cafeterías aún conserva fórmulas de su fundadora, de 1885

POR JESSICA M. PUGA

El origen de la empresa La Luarquesa se haya en 1896, después de que Adolfo García y su mujer, Eduviges López, abandonaran la vida en el campo de su Otur natal para regentar una tienda de ultramarinos en Luarca. Vieron negocio en el pan y las galletas, así que en ello se especializaron. Ahora, la cuarta generación, con Marino García Jaquete a la cabeza, continúa su estela siguiendo dos fórmulas del siglo XIX, lanzando nuevos productos y esperando que vea la luz una gama de galletas bañadas en chocolate. Y todo, desde su nave del Polígono Industrial Almuña II, donde en enero iniciarán una tercera ampliación de maquinaria.

Un emprendedor del siglo XIX. «Mis bisabuelos tenían una casa de labranza y vacas en Otur, de donde eran, pero esas labores no les gustaban, así que vendieron todo para ir a la capital de la zona, a Luarca. Ahí cogieron una tienda de ultramarinos en la que según la época lo mismo te vendían cartuchos de escopeta que madreñes, huevos o mantequilla. Aún existe y pertenece a la familia; es un alquiler de renta antigua por el que nos pagan 3,46 euros al mes. Mi bisabuelo también tuvo coches y lanchas de pesca de alquiler, puso una fábrica de ladrillos y trabajó de camarero por las noches en el casino de Luarca porque la tienda no daba para alimentar a sus siete hijos».

El pan era lo que daba dinero. «De camarero, mi bisabuelo conoció al banquero Vicente Trelles, con quien congenió. Mi abuelo me contó que su padre siempre había tenido la idea de poner una panadería porque era lo que daba dinero en la época, y eso mismo tuvo que ser lo que le contó a Trelles. Con el dinero que le prestó el banco pudo comprar 15.000 metros cuadrados a la entrada de Luarca por Navia y ahí montó La Luarquesa. En la planta de abajo se hacía pan y en la de arriba, de aquella, dos tipos de galletas: bollitos de mantequilla y mantecadas de Luarca. Todavía conservamos el facsímil con las fórmulas que mi bisabuela utilizaba en 1885, y son las que seguimos».

Ingredientes de toda la vida. «El éxito de cualquier producto de alimentación es tener una materia prima buena, trabajarla lo mejor que sepas y hacer las cosas siempre igual, no hay más secretos. Nuestras recetas se mantienen estables en base a la mantequilla. De los 18 tipos de galletas que producimos, solamente en dos utilizamos margarina, y es por demanda de los clientes. Comemos con los ojos y con las modas, y tan pronto somos veganos como antiazúcar... Somos así. Nuestra labor requiere, principalmente, mantequilla, huevos, harina, azúcar, frutos secos y fruta confitada y seguir unos tiempos de amasado, cocción y enfriado determinados. Como no utilizamos ni colorantes ni conservantes, nos defendemos con un buen embalaje: los hay desde 1,50 euros el kilo a los diez».

Planes de futuro. «El presente de La Luarquesa pasa por desarrollar líneas de fabricación nuevas y por el cambio de ubicación, en mayo cumplimos once años en el polígono de Almuña. En enero empezaremos una tercera ampliación de maquinaria. Estamos trabajando en dos nuevas galletas, una saldrá en un par de años para celebrar el 125 aniversario de La Luarquesa. Además, tenemos en el tintero una línea de galletas bañadas en chocolate puro. Las ideamos hace dos años, pero aún están sin estrenar porque para producirlas necesitaría implantar un tercer turno. No lo hago porque no quiero morirme en el intento, conociéndome me quedaría más tiempo en la fábrica y ya estoy de cuatro y media de la mañana a siete de la tarde».

Ligas diferentes. «No nos podemos comparar con una multinacional, que es un monstruo: no somos competencia porque no jugamos en la misma liga. Sí me puedo pelear con los grandes en calidad, pero ellos producen en una hora lo que nosotros en un día. No sé los kilos que producimos, pero para que una jornada sea productiva, o sea, para cumplir con los pedidos, tenemos que sacar 480 piezas al minuto. Somos 19 empleados. Tenemos a gente increíble que es parte de la familia, personas que se jubilan tras más de 40 años trabajando con nosotros. La que menos lleva ahora es un año y porque hubo una jubilación».

La galletita del café. «Cada hostelero es libre de elegir qué quiere dar con su café, desde luego, pero hay una cosa que no entiendo: los que se molestan en todo, en tener buen café y un local agradable, y lo estropean por cuatro céntimos que cuesta una galleta. Es lo mismo que pasa con el pan en los restaurantes. Nuestros productos no son baratos, pero quien los prueba, repite».