Bronca en la cámara y amor en la... cama

Bronca en la cámara y amor en la... cama

A. CORBILLÓN

El corazón siempre funciona con impulsos que la razón no entiende. Y la política menos. La parte más emocional de ese músculo se abre para dejar que los sentimientos estén por encima de la ideología. Que se lo pregunten a la mujer de moda en el PSOE, la catalana Meritxell Batet, número 2 por las listas de Madrid para las elecciones del 20-D. Y a su marido desde hace una década, el secretario de Estado de Cultura con el PP, José María Lassalle. Coincidieron en las bancadas del Congreso en el arranque de la era Zapatero, en 2004. Ella era diputada del Partido Socialista de Cataluña (PSC) por Barcelona. Él, un prometedor parlamentario cántabro cercano a Rajoy. En una de sus primeras intervenciones, a Batet se le ocurrió citar un texto de los Imparables, colectivo de jóvenes poetas catalanes cuyo lema es "no hay nada prohibido o sagrado. Todo se puede cuestionar". Cuanto terminó, la abordó Lassalle, un hombre que suele llevar varios libros bajo el brazo. Nada se interpuso en un amor que venció las miradas sarcásticas de la Cámara. Un enlace en medio de irreconciliables estilos políticos. Diez años y dos hijos después, Batet se presenta ahora como prueba de "convivencia y puente" entre territorios (Cataluña y España).

Otra mujer ascendente es la lideresa de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, que desde hace algún tiempo mantiene un discreto noviazgo con Xavier Cima, de CiU. Esta pareja también alimentó su atracción en los pasillos del Parlament. Inés, nacida en Jerez de la Frontera, cree en el encaje de su tierra de adopción en España. Xavier no. En lo que sí parecen creer es en que ellos son tal para cual.