Guía de ocio real

Guía de ocio real

No es difícil encontrarse con los Reyes por Madrid en el cine o los restaurantes de moda. Locales ‘gastrohipster’, cine y copas, parte de su tiempo libre

IRMA CUESTA

Ha pasado una semana desde que @Raqueloffduty deambulaba plácidamente por el madrileño barrio de Malasaña cuando se dio de bruces con los Reyes y los monarcas, amablemente, accedieron a compartir una foto con su súbdita. El gesto de sus Majestades no solo hizo feliz a la joven internauta «Pensaba que en la vida iba a superar mi foto con Belén Esteban y mira», escribiría ella más tarde en Twitter, también se convirtió en la enésima prueba de que la pareja real, como cualquier otra de la aún nutrida clase media de este país, aprovecha los fines de semana que tiene libres para ir al cine, cenar en algún sitio de moda, tomar una copa con amigos o pasear entre el resto de los mortales.

Sus lugares habituales

Ten con ten Calle de Ayala, 6. ofrecen la más variada comida minternacional. Desde empanada de pitu a un risotto simulado con trufa de verano. También Isabel Preysler es habitual.
Musashi Calle Conchas, 4. Pequeño y concurrido restaurante japonés. Se puede cenar por 20 euros.
Asiana Travesía de San Mateo, 4. El precio por persona son 80 euros y no existe carta. Durante el día es una tienda de antiguedades y solo tiene siete mesas.
La Bicicleta Café Plaza de San Ildefonso, 9. Café y comida baja en grasas y vegetariana. Los dueños son unos locos de las bicis. Desayunos desde 2,50 euros; tartas y sandwiches, desde 3; copas, desde 7.
Casa Lucio Calle Cava Baja, 35. Su propietario, Lucio Blázquez, es uno de los últimos mesoneros de Madrid. Destacan sus huevos estrellados o sus callos. No menos de 60 euros/comida.
El Landó Pl. Legazpi, 8. También de Lucio Blázquez y también con huevos como plato estrella. Entre 40 y 60 euros.
Lamucca de Pez Plaza Carlos Cambronero, 4. Arrasa entre los más modernos de Malasaña. Aquí, comiendo cucús, celebraron los Reyes su décimo aniversario de boda.
El Rey de los Tallarines Calle San Bernardino, 2. Cocina asiática. Está entre sus preferidos.
Pizzería Enma y Julia Calle Cava Baja, 19. Comida italiana para ir con las niñas.
Pulcinella Calle Regueros, 7. Trattoria romántica.
Alfredos Barbacoa Calle Lagasca, 5. Don Felipe ya iba allí a comer hamburguesas cuando estaba soltero.
La Negra Tomasa Calle Cádiz, 9. Comida cubana amenizada con música.
Josealfredo Calle de Silva, 22. Referente de la noche madrileña. Cócteles al estilo americano.
Del Diego Calle de la Reina, 12. Aire neoyorquino en el barrio de Chueca.
La Rivera Pº Virgen del Puerto, s/n. Doña Letizia frecuenta esta sala de conciertos. Aquí escuchó a Supersubmarina y los Eels, entre otros.

Antes de Raquel, otros ya los habían inmortalizado en el cine. El sábado, Don Felipe y Doña Letizia iniciaron su escapada en una de las salas de Manoteras, en el barrio de Hortaleza, en donde, un día después de su estreno, vieron en versión original Irrational Man, la última de Woody Allen protagonizada por Joaquin Phoenix y Emma Stone. A la sesión de cine le seguiría una cena en Gumbo, en donde uno puede darse un buen atracón de comida típica de Nueva Orleans por 25 euros cabeza, y el paseo que los acercaría a Raquel.

No es seguro si ese deseo de convertir la suya en una «monarquía renovada para un nuevo tiempo» del que habló Felipe VI cuando accedió al trono está detrás de todo esto, pero lo cierto es que cada vez es más habitual encontrarse con los Reyes en un ambiente muy distinto al de un acto oficial. Es público que (según algunos arrastrados por la pasión cinéfila de la reina) la pareja suele acudir a los cines Renoir en donde lo mismo ven La vida de Adele que La teoría del todo o Diamond Flash, por citar algunos de los últimos títulos en los que se les ha visto ocupando butaca. Pero también que les gusta salir a cenar y disfrutar de todo tipo de comida, desde la clásica pasta italiana al más exótico sushi japonés.

Es verdad que la ruta real incluye DiverXo, el tres estrellas Michelin que dirige David Muñoz en el que Don Felipe celebró su último cumpleaños, y en donde el menú ronda los doscientos euros. También el mítico Lucio, al que es asiduo no hace mucho cenó allí con los expresidentes del Gobierno el rey emérito, o el Landó, famoso por sus huevos estrellados con patatas, increíbles pero a precio de una ración de percebes, pero ninguno de ellos están entre los más habituales porque los Reyes se decantan por la cocina más nueva y algo más asequible. Todo el mundo sabe que a Felipe VI le vuelve loco un local de la calle Martín de los Heros, el Ebla, en el que sirven sus kebabs favoritos; que les gusta la comida japonesa de Musashi, el ya citado Gumbo, o La Negra Tomasa, en donde pueden devorarse unos frijoles, unos buenos tamales y ropa vieja mientras Las chicas de la Habana cantan eso de Lo mío es el cubaneo.

La lista sigue con Ten con Ten, Asiana o La Cantina de Matadero; Lamucca de Pez, El Rey de los Tallarines o la Pizzería Enma y Julia a la que suelen ir cuando salen con sus hijas. Vamos, que nadie duda de que sus Majestades están a la última. «Tal parece que un community manager con su barba hiperpoblada y sus pantalones pitillo hubiese diseñado la lista de locales que frecuentan los nuevos Reyes. No se puede estar más al día en gastronomía. En su lista de habituales hay comida de varias naciones, y restaurantes de decoración chic. La Cantina de Matadero es la estrella de público y crítica más reciente de la capital. Lamucca del Pez arrasa entre la modernez de Malasaña. Sirven de ejemplo porque son además dos locales de cocina sofisticada, pero de aire informal, una imagen que probablemente les venga al pelo a los nuevos monarcas. Nada de los callos de don Juan Carlos, mucho más apropiado para estos tiempos un genuino plato criollo en La Negra Tomasa. Incluso con las copas atinan en su afición por la coctelería, que parece resurgir dentro de esta fiebre gastronómica que ya parece invadir todo», apunta David Remartínez, periodista del Grupo Vocento y bloguero gastromómico.

«El cambio de Don Felipe es espectacular»

Hay quien opina que, además de demostrar buen gusto, los nuevos hábitos de los monarcas son también muy saludables. «Es la forma de estar al tanto de lo que ocurre, de alejarte de esa burbuja en la que otros de su categoría viven», asegura la periodista Rosa Villacastín, que achaca a Doña Letizia buena parte de esa cercanía de la que, de un tiempo a esta parte, parece hacer gala su marido. «Nadie duda de que, desde que se casaron, el cambio de Don de Felipe ha sido espectacular: es mucho más simpático (que no lo era), ha ganado en confianza, incluso se expresa mejor. Y es que, hasta ese momento, el círculo del rey era, como es lógico por otra parte, el de un niño pijo y rico».

La periodista apunta que la reina Letizia, en contra de lo que hizo su suegra, que nunca quiso tener amigas, o incluso el rey Don Juan Carlos, que aunque sí los tuvo siempre los buscó entre el elitista club de millonarios patrios, sigue manteniendo el contacto con sus amigas y quedando con ellas para cenar o tomar una copa. «Esas mujeres saben lo que es tener que pagar un hipoteca y trabajar para sacar adelante a sus hijos, y ella, igual que va a comer a casa de su padre o su madre en donde el ambiente nada tiene que ver con el de la Zarzuela, no ha dejado de tratarlas porque se haya convertido en reina».

Mientras uno se imagina a doña Letizia y sus amigas en La Bicicleta, un local de Malasaña para amantes de las bicis y del café que ofrece repostería orgánica y platos vegetarianos, al más puro estilo de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York, se pregunta si verdaderamente, como asegura Rosa Villacastín, es ella la auténtica artífice de ese viaje a la tierra del Rey.

Un escenario distinto

Fernando Ónega avisa de que él, de quien verdaderamente sabe algo, es del «Rey viejo» no en vano es autor de Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar (2015), pero también es de los que ve normal que Don Felipe y Doña Letizia, «que son jóvenes y animados», aprovechen los fines de semana para pasear, ir a al cine o cenar con sus amigos igual que muchas otras parejas. «Andar a escondidas tiene que ser un tormento, de modo que me parece normal que salgan y se diviertan como cualquier otro matrimonio, aunque es cierto que en España no estamos acostumbrados a tanta normalidad», dice el periodista apuntando que, aunque es cierto que sus predecesores nunca acostumbraron a salir juntos y compartir planes de ocio, también lo es que el cambio que en este país ha supuesto la desaparición de ETA es clave para entender que hoy en día uno pueda salir un sábado del cine y darse de cruces con sus majestades. «Es evidente que cuando salen van irremediablemente acompañados de un aparato de seguridad que, se deje ver o no, siempre está ahí, pero también que hace unas décadas, con la banda terrorista en plena efervescencia, no podían moverse como lo hacen ahora».

Circunstancias políticas aparte, el conocido periodista también cree que en todo esto que está pasando tiene mucho que ver la reina que, como otras muchas mujeres, centran a sus maridos, se encargan de que no abandonen el buen camino y les enseñan todo lo que no han sido capaces de aprender solos. Y es en este último apartado en el que entran la comida del sábado en casa de su suegra, los paseos nocturnos, las escapadas al cine, al restaurante de moda o un concierto de música indie. Así, sin más, en mangas de camisa.