Adriana Ugarte: «Soy una besucona y una pesada»

Adriana Ugarte: «Soy una besucona y una pesada»

La actriz le planta cara a la ‘Operación bikini’. «No somos estatuas, el cuerpo se degrada porque es materia»

ARANTZA FURUNDARENA

«Todos somos drogadictos sentencia Adriana Ugarte. Unos del poder, otros del dinero, otros del reconocimiento, otros del afecto...». Un cortometraje patrocinado por la cuenta 1,2,3 Smart del Banco Santander ha llevado a la actriz a esta cruda reflexión. Dirigido por Kike Maíllo, el corto tiene formato de thriller futurista y se titula Cuánto. Más allá del dinero. En él Ugarte interpreta a Lucía, una mujer que termina vendiendo sus experiencias y sus recuerdos para poder seguir disfrutando de un lujoso estatus económico. La película se estrenó el pasado jueves en los cines Callao de Madrid. «No me parece tan futurista apunta la actriz. En el fondo es un reflejo llevado al extremo de lo que hoy día vivimos y cómo a través de las redes sociales nos exponemos de tal manera que perdemos la noción de quienes somos. Me llama la atención cómo algunas personas anónimas narran en las redes toda su vida privada».

No es su caso. La intérprete madrileña se cuida mucho de airear su intimidad. «Mi vida personal es demasiado normal como para que pueda aportar algo o generar un cambio útil en la sociedad», justifica. Pero como, según ella, todos somos «drogadictos de algo», no puede esquivar la pregunta obvia: ¿Cuál es la adicción de Adriana Ugarte? «Yo tengo un enganche a besar a mis perras que no es normal confiesa riendo. Vamos, que si hubiera multas ya estaría a cero... Soy una besucona, una pesada». Y cuenta que el pasado Día Internacional del Beso se dedicó a besar a sus mascotas «y a toda la gente que amo». Sin dar nombres. Porque hasta ahí puede (o quiere) leer la ex pareja del actor Álex González.

En lo material, Adriana no se declara adicta al dinero pero sí ahorradora. «Soy muy hormiguita admite. Pero también sé disfrutar. El dinero debe de estar a nuestro servicio y no al revés. Comer es uno de mis grandes placeres y ahí no escatimo». Más que de restaurantes con estrella Michelin, Ugarte es de locales sencillos, «esos tesoros escondidos donde por ejemplo te preparan un arroz con bogavante que te mueres...». Sobre el uso que le dan al dinero ciertos políticos prefiere no opinar. «En esos temas me pronuncio solo de puertas para adentro», advierte... Tal vez escaldada por las informaciones que vinculaban a su abuelo materno con Francisco Granados, presunto cerebro de la trama Púnica.

Hija de magistrado y letrada (además de escritora), Adriana se crió en el adinerado barrio madrileño de Salamanca y asegura que en su casa se practica el ejercicio de la justicia. «Creo que tenemos un sentido de la honradez muy potente. Claro que la corrupción me preocupa ataja la actriz, pero en este país somos muy dados a criticar la corrupción del vecino y es muy importante vigilar de cerca nuestras corrupciones personales porque creo que todos en cierta manera defraudamos en un ámbito o en otro. Yo soy más partidaria de mirarme a mí con lupa que a los demás, porque criticar al vecino siempre es muy fácil».

La defensora del pueblo

Estudiosa, tímida, inquieta, muy curiosa y aficionada a experimentar... Así era Adriana Ugarte de niña. «Me lanzaba a denunciar lo que me parecía injusto y en mi casa me llamaban la defensora del pueblo recuerda divertida. También me encantaba imaginar historias, relatos Tenía un mundo interior muy desarrollado».

Hoy, la última chica Almodóvar («con Emma Suárez me llevo fenomenal»), la conmovedora Sira Quiroga de la serie El tiempo entre costuras, la inconfundible intérprete de rostro dulce y fotogénico marcado por una leve cicatriz en la barbilla, herencia de un accidente de coche que sufrió cuando tenía cinco años, sigue siendo a sus 32 una mujer reivindicativa. Esta semana ha colgado en su cuenta de Instagram un par de imágenes suyas en bikini para defender el derecho a tener celulitis, estrías y cartucheras...

«Es que soy seguidora de redes sociales y lo que más abunda son fotografías de mujeres adictas al gimnasio o que muestran platos de comida pero que no tienen mucho aspecto de comérselos de manera gustosa protesta. Me falta ver placer y disfrute en las redes. Hay miedo a salirse del canon de lo apolíneo. Por eso hay que recordar de vez en cuando que no somos estatuas, que somos personas vivas y el cuerpo se degrada porque es materia». La actriz, que en verano rodará una película en Francia, y a su vuelta otras dos en España, ha declarado su particular guerra a la operación bikini. «Nunca voy a tener un cuerpo de pasarela porque mido 1,66 razona Y ya me encargaré yo de que no se me marquen demasiado las costillas».