«Khashoggi no era ningún traficante»

El gijonés Julio Santos García, en Gijón, donde vive de nuevo./
El gijonés Julio Santos García, en Gijón, donde vive de nuevo.

El gijonés Julio Santos García trabajó en el equipo de seguridad del magnate

MIGUEL ROJO

Su gesto es serio, y a pesar de sumar ya 60 años, algo en la mirada de Julio Santos García (Gijón, 1956) advierte de que tras esos ojos que siempre miran a los de quien le escucha habla alguien a quien no le gusta andarse con tonterías. Tras la mili, se alistó en lo que entonces eran las COEs, las compañías de operaciones especiales; después, en la legión extranjera francesa. Y de ahí, a Canarias, donde se hizo legionario. Esa vida le hizo duro, y quizás por eso se fijó en él un contratista de seguridad, que le ofreció un trabajo 'especial'. Ponerse al servicio de Adnan Khashoggi, el multimillonario de origen saudí fallecido el pasado martes. «Uno de mis primeros trabajos fue recoger a su hija Nabila, y llevarla a un banco para que hiciese un ingreso», recuerda. Desde el primer momento se cayeron bien, y poco a poco él fue ganando responsabilidad en La Baraka, la finca marbellí de Khashoggi, y confianza. «Era una relación muy personal», recuerda.

Tanto del magnate como de su familia, este gijonés, que estuvo cinco años a su servicio solo habla cosas buenas. «Él era un gran hombre, muy sencillo». Y pone como ejemplo las dos visitas que hizo con él a Asturias. «Vinimos en coche desde Madrid, donde tenía otro piso, y se quedó en mi casa de Libardón, en Colunga», recuerda. Allí, se le quedó grabada una imagen: «El hombre más rico del mundo, en calzoncillos y camiseta en mi huerta, sacando patatas con una fesoria. Después las limpiaba cariñosamente con sus manos y las echaba al cesto. Me dijo: 'Ya verás que tortilla nos comemos después'». También recuerda una visita con él a Covadonga y otra a Gijón, y un paseo por el parque de Isabel la Católica. «Cuando vio El Molinón, me dijo: 'Voy a empezar la reconquista de Asturias por aquí. En España, si compras el equipo de fútbol de una ciudad, ya la tienes en el bolsillo'». Finalmente, no cumplió Khashoggi su deseo de hacerse con el Sporting... También habla maravillas de Nabila, su hija. «Habla nueve idiomas, es inteligente y muy occidental. Le gusta mucho vestir bien, ir muy arreglada», describe. Y también recuerda que estuvo en su casa de Libardón. «Me dijo que habían sido unos días de los más felices de su vida».

De aquellos tiempo de Marbella tiene miles de anécdotas y recuerdos. Y una definición clara: «Aquello sí que era corrupción y no lo de ahora». Coches de lujo, aviones privados, -«estuve en decenas de países, debí dar unas cinco vueltas al mundo con ellos»-, negocios, diversión, maletines, fiestas interminables...

«Cuando a su hijo Mohammed le apetecía ir a Australia a ver a AC/DC, por ejemplo, me mandaban con él en avión», relata. Un día le digo a Khashoggi, «¿Por qué en vez de mandar a tu hijo a los sitios no te traes aquí a la gente a tocar?». Dicho y hecho, por Marbella pasaron Phil Collins, James Brown, Joe Cocker... «y hasta Ilegales». También conoció a Ruiz Mateos, a Jaime de Mora de Aragón, a la empresaria Olivia Valere... Y a Liz Taylor. «Nabila le compró una casa en Beverly Hills, y ella, a cambio, visitó Marbella», explica este gijonés.

Ahora, tantos años después, todo ha cambiado. Quizás demasiado. La vida le llevó por otros caminos, gastó mucho dinero, se metió en problemas y acabó de nuevo en Gijón. Ahora está en el paro. «No encuentro nada, vivo al día», se lamenta. Lejos quedan esos días en los que se codeaba con millonarios y yates de lujo. Tras la muerte del que fuera su patrón -«que no jefe, que yo nunca aceptaría tener jefes»-, tan solo lamenta no poder haberse despedido de él. «Iba a ir a presentarle mis respetos, porque sabía que estaba mal, pero no me dio tiempo». Y quiere dejar muy clara una cosa: «Adnam Khashoggi no era ningún traficante, era un hombre de negocios al que utilizaban todos los gobiernos para realizar compra y venta de armamento. Él era un mediador, un comisionista, pero no un traficante. Y conmigo siempre ha sido una gran persona». Cuando se va, no mira atrás. Simplemente avanza hacia adelante, como siempre hizo en la vida.