Feliciano López y Sandra Gago se dan el 'sí, quiero'

Los novios, en una boda a la que acudieron recientemente. / S. GAGO
Los novios, en una boda a la que acudieron recientemente. / S. GAGO

La pareja se casa por todo lo alto en Marbella. La modelo lució un diseño de Jesús Peiró

A. P.

El tenista Feliciano López y la modelo Sandra Gago se dieron ayer el 'sí quiero' en Marbella. Fue un día feliz por partida doble, ya que los novios contrajeron nupcias el mismo día en que él cumplía años 38 años. Un buen augurio para un matrimonio que ha cuajado en poco tiempo -apenas llevan año y medios juntos- y que se dispone a dejar en ridículo a quienes se fijan con obsesión en que el deportista saca a la modelo quince años. Para los contrayentes, la diferencia generacional no es un inconveniente para proyectar una vida conyugal dichosa.

La primera consecuencia del enamoramiento se ha traducido en una mejora notable en el juego del tenista, según dice el interesado.

Es la primera boda de la modelo y estudiante de Periodismo y la segunda de Feliciano, quien ha sellado con su exmujer, Alba Carrillo, un pacto de no agresión.

Unas doscientas personas acompañaron a los novios en la celebración de su enlace, que tuvo lugar en la Finca La Concepción, a las afueras de la ciudad malagueña. Este cortijo es un lugar de ensueño, pródigo en palmeras centenarias, plantaciones de aguacates, chirimoyas, naranjos y un mar de almendros.

El menú corrió a cargo del chef Dani García. La novia vestía un elegante traje de hechuras clásicas diseñado por Jesús Peiró, mientras que la madre y la abuela del deportista encargaron sus vestidos al taller Yatelier Costura.

Exclusiva y tres días de fiesta

El personal contratado para la boda se mostró más que discreto. No en balde, los trabajadores habían firmado un acuerdo de confidencialidad, entre otras cosas para no frustrar la exclusiva concertada con una revista del corazón. El dinero que se pueda sacar el matrimonio saliendo en portadas le vendrá muy bien para costear unos festejos que durarán tres días.

Los invitados llegaron al lugar del enlace, celebrada por lo civil, en autobuses con los cristales tintados. Entre ellos se encontraba un personaje muy querido por el novio y referente ineludible para el tenis español: Manuel Santana, quien estuvo acompañado de su mujer, Claudia.

Horas antes de las nupcias, la pareja invitó a sus amigos a tomar una copa. Corrió el champán y hubo muchos brindis. En uno de ellos, el tenista gritó a voz en cuello: «¡Qué viva el amor!», mientras de fondo sonaba 'A mi manera'.