Las lágrimas de Kiko Matamoros ante su hija

Kiko Matamoros./
Kiko Matamoros.

Laura Matamoros acudió a 'Volverte a ver' para solicitar a su padre que se comporte como un buen abuelo con su hijo recién nacido

JOSEBA FIESTRAS

Emocionado, sin palabras y con lágrimas en los ojos, Kiko Matamoros mostró su cara más tierna en 'Volverte a ver'. El duro por excelencia demostró en el programa de Carlos Sobera que no es tan fiero el león como lo pintan. Su hija, Laura Matamoros, acudió al formato para reclamar a su progenitor que la atención que no le dio a ella cuando era niña la tuviese ahora con su nieto. Y es que la joven acaba de dar a luz a Matías, y la maternidad le ha hecho recapacitar: «He sufrido carencias y no quiero que mi hijo las tenga contigo como abuelo», rogó la conmovida muchacha.

«Te juro que quiero a Matías (su nieto) con todo mi alma y a ti, también», acertó a decir Kiko antes de romperse. El polémico tertuliano no pudo evitar el llanto y su voz entrecortada delataba un nudo en la garganta. Y ante la situación, tomó el camino de la broma para salir adelante: «Y en la medida de lo posible intentaré que sea un buen madridista», soltó con guasa refiriéndose a que está dispuesto a llevar a su nieto al fútbol y a preocuparse por él. «Quiero disfrutar de mi nieto, quererle y que se sienta protegido», confesó sincero.

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Parco en palabras y sobrepasado por el momento, fue su hija la que sacó del embrollo a Matamoros. «Veo amor en sus palabras, pero le cuesta abrirse… Pero aunque lo veáis duro, en el fondo tiene un gran corazón», desveló con una sonrisa cómplice. Kiko aprovechó su presencia mediática para contar que no rechaza de plano regresar ante las cámaras, «pero no pienso volver a hacer lo que hacía, a estar todo el día en la tele», explicó dejando clara su postura ante una posible vuelta a 'Sálvame'. El controvertido colaborador también reconoció que estaba muy arrepentido «de unas cosas que conté de mi padre», remitiéndose a una entrevista que realizó en el programa vespertino de Telecinco en el que abordó la relación que mantuvo con su progenitor a quien calificó de «excesivamente duro» y con quien dijo que no se entendía. «Su muerte fue un baño de nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue», explicó entonces el tertuliano, y aquellas reflexiones en directo aun le duelen: «Le hice un daño innecesario a mis hermanos y a la memoria de mi padre y me voy a morir con esa pena», lamentó muy emocionado.

Al final, y después de varias confesiones –«posiblemente no haya sido un padre que haya estado muy encima de sus hijos», afirmó-, Kiko y su hija se fundieron en un tierno abrazo que hizo las delicias del público. «Te estaremos vigilando», bromeó Sobera al despedir al representante.

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