«La moda española no es la de los divos de antes»

El diseñador Miguel Marinero, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, en Gijón./ARNALDO GARCÍA
El diseñador Miguel Marinero, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, en Gijón. / ARNALDO GARCÍA

El diseñador Miguel Marinero imparte una clase magistral en Gijón y reclama más apoyo para los modistos asturianos

PABLO A. MARÍN ESTRADA

Miguel Marinero lleva más de cuarenta años confeccionando moda con su firma y es hoy uno de los nombres clave del diseño español con proyección internacional. Enamorado de Asturias y con casa en Llanes, ayer estuvo en Gijón impartiendo una clase magistral en la jornada 'Moda como fenómeno cultural' de la Asociación de Diseño y Moda de Asturias (ADYMO), un colectivo al que sigue y para el que reclama más apoyo institucional.

-'Crear moda como forma de hacer cultura' es el título de la clase que imparte en Gijón. ¿Nos olvidamos de esa dimensión creativa de la moda más allá de lo comercial?

-Se trata de un negocio, obviamente, pero la verdadera realidad de la moda es que no solo podemos entenderla como una tendencia o una distinción de estatus social: es ante todo arte y cultura. No tenemos más que pensar en lo que en su día hizo Coco Chanel, en lo que ha hecho Galiano: puro arte que ha pasado a la historia.

-Sus propios diseños han bebido en artistas contemporáneos.

-Siempre hemos buscado esa vertiente, inspirándonos en artistas como Kleen o Ibarrola para ofrecer algo más que un diseño, algo único y con ese valor añadido. Es algo que me gusta recordar en estas charlas, donde intento también contar cómo trabajamos desde que surge esa inspiración hasta que se convierte en líneas de colección, cómo elegimos los colores, los tejidos, etc. Y cómo es nuestra marca: un negocio familiar en el que mis hijos aportan frescura, juventud e ideas.

-La colección que presentó en la última Fashion Week de Madrid se inspiraba en sus propios comienzos en los 70, reivindicando esa estética.

-La llamamos 'Archives' y partía del año 75, con prendas que ya son historia de la firma, pero las actualizamos al momento actual, porque no se puede vivir pensando en aquella época: ni los volúmenes, ni los hombros, el cuerpo, ni siquiera los colores son hoy los mismos. Fue emocionante poder rescatar material de esos comienzos en los que ya luchaba por hacer lujo 'Made in Spain'.

-¿Cuál es el secreto para haber logrado mantenerse en un mundo tan competitivo?

-Supongo que ser fiel a tus principios y a tus ideas. Cuando los abrigos y otras prendas eran baratas y se confeccionaba todo en China, Grecia o Marruecos, yo apostaba por ese 'Made in Spain', hacer las cosas aquí. El resto supongo que se ha debido al tesón, seguir insistiendo con la crisis y, después de tener asentada la marca de piel -que es nuestro ADN-, abrirnos a trabajar en todo tipo de textil. Ahora estamos en un buen momento, nuestras colecciones están viajando fuera de España.

-Siguen apostando por la piel, a pesar del movimiento en contra o de que marcas como Gucci renuncien a ello...

-Es que no es verdad. Gucci vende chalecos de cocodrilo, prendas de pitón y Armani tiene piel y polipiel en sus escaparates. No lo entiendo. Me encanta Stella Mccartney porque es consecuente con sus ideas y la aplaudo. En su tienda todo lo que tiene es puro nylon, plástico y petróleo. Luego puedes pensar que una prenda sintética la entierras y tarda 500 años en desaparecer, aunque yo lo respeto. Nosotros utilizamos siempre cordero español, merino, que es estupendo, y las chuletas también: son corderos que se comen y después se usa su piel.

-Al margen de polémica ¿cómo ve la moda española actual?

-Vive un momento muy dulce y que no es el de los divos de otro tiempo. Nuestro reto ahora es la internacionalización, algo que está impulsando la Asociación de Creadores, a la que pertenezco y donde hay gente joven muy competitiva y preparada. Charo Izquierdo, desde la organización de la Fashion Week, también ha dado un vuelco espectacular en ese sentido.

-Y en Asturias, ¿cómo ve el nivel de diseñadores?

-Conozco sobre todo a la gente de ADYMO y lo que me trasmiten es que les falta apoyo, un empujón para que sus cosas puedan dar el salto fuera, como ya ha hecho Marcos Luengo. Viví el desinterés que hubo en ciertas personas cuando en 2004 hice 'Los cubos de la memoria' de Ibarrola y quise traerlo a Oviedo. Luego conseguimos llevarlo a la Laboral y fue impresionante. Debería ayudarse a los creadores asturianos.

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