Los trajes de comunión que piden las familias asturianas

Todos los estilos conviven en estas ceremonias

Loli Suárez, en la tienda multimarca infantil de Gijón La pequeña Ángela. / PALOMA UCHA
Loli Suárez, en la tienda multimarca infantil de Gijón La pequeña Ángela. / PALOMA UCHA
ROSA IGLESIAS

Los meses de mayo y junio son los elegidos tradicional y mayoritariamente por las parroquias y colegios para celebrar las ceremonias de primera comunión. Los profesionales del sector ajustan milimétricamente sus agendas para las últimas pruebas, los últimos retoques y ajustes. Las posibilidades a la hora de elegir vestido para esta fecha son múltiples y variadas en función de gustos y necesidades. Los próximos días veremos en las calles convivir en armonía modelos clásicos, tradicionales y de inspiración 'vintage'. Sin olvidar las túnicas, que son la fórmula seleccionada por algunos colegios.

La joven diseñadora ovetense Lucía Incera, con atelier especializado en todo tipo de ceremonias (boda, invitada y primera comunión), tiene como prioridad los tejidos naturales y las siluetas lánguidas. Géneros como el plumeti, la organza, el lino, el algodón y el organdí de estrellas. «Es importante la comodidad de las pequeñas clientas y, para eso, nada como este tipo de tejidos». Vestidos largos en su mayoría, aunque por necesidades protocolarias o gustos pueden ser cortos. Lucía ha diseñado, entre otros, un vestido en dos partes. Dos piezas que juntas pueden satisfacer el largo de la ceremonia y prescindiendo de una de ellas el corto necesario para los juegos de la fiesta posterior. O la obligatoriedad impuesta por algunas parroquias de vestidos cortos, que tras la ceremonia pueden convertirse en ese modelo largo tan deseado por algunas niñas. Tras recibir el encargo son tres las pruebas necesarias. La primera se realiza en una toile, tejido de lienzo sobre el que se hacen los ajustes precisos sobre el cuerpo de la clienta. Una segunda visita con el modelo hilvanado y la tercera con el vestido totalmente acabado y pendiente únicamente del bajo. Los fajines, a gusto del consumidor, son rosa, azul e incluso en verde menta. Colores vivos sobre blanco roto.

El taller de Laura Bernardo, en el gijonés barrio de Pumarín.
El taller de Laura Bernardo, en el gijonés barrio de Pumarín. / DAMIÁN ARIENZA

Por el taller de Laura Bernardo, en el corazón de Pumarín en Gijón, y sobre todo por sus manos de profesional con veinte años de experiencia entre escuadra, cartabón, agujas, hilos y tijeras, pasa todo el espectro de la confección: ceremonia, calle y arreglos. Realiza vestidos a medida y atiende y cuida con especial mimo la actualización de un gran número de esos modelos que la mamá guardó como una joya y que, pasados los años, luce su heredera. Vestidos de los llamados de lorzas tradicionales con sus jaretas, sus vainicas y sus décadas a la espalda. Laura refiere que «las pequeñas viven el proceso con ilusión, encantadas de reestrenar el vestido materno». En la reforma, además de la talla, si fuera preciso, suelen modificarse aquellas mangas largas con puño obsoletas a día de hoy, por otras cortas o francesas. Además de añadir un nuevo fajín y una botonera corrida. Son estos modelos de gran volumen, que se apoyan en los tejidos, frunces y cancán interior. Tras las pruebas, «que serán las necesarias», el vestido se entrega finalizado, con un bajo provisional para la sesión de fotos previa. Y vuelve al taller, donde una semana antes del gran día se definirá el largo definitivo y, tras el toque de plancha correspondiente, saldrá hacia su destino. Que la joven clienta esté en plena época de crecimiento hace necesario que el largo exacto del modelo se deje para una fecha lo más cercana posible al estreno.

La diseñadora Lucía Incera, en su taller de Oviedo.
La diseñadora Lucía Incera, en su taller de Oviedo. / HUGO ÁLVAREZ

Otra opción para el gran día es el vestido confeccionado. Loli Suárez es la propietaria de la tienda multimarca infantil La pequeña Ángela, en Gijón. En sus perchas, ropa de calle y de ceremonia. Y una de las estrellas ceremoniales infantiles es la primera comunión. Conforman la colección de la boutique vestidos de diferentes firmas, de confección española en su totalidad, con el denominador común de las silueta fluida en tejidos de tul de seda. «Y de inspiración antigua, porque las siluetas con poco volumen son anteriores a lo que hoy se denomina clásico». El blanco roto es el color de las primeras comuniones de 2019. En la indumentaria actual son muy importantes los complementos y la moda infantil y la primera comunión no es una excepción. Son precisamente estos complementos los responsables de personalizar aún más los vestidos. Fajines con flores superpuestas, pequeños tocados y coronitas florales, guantes y esparteñas preciosistas también con florecitas. Sin olvidarnos de los guantes y limosneras de boquilla que siguen estando de total actualidad.

Por su parte, los niños cuentan con trajes de diferentes diseños, aunque la estrella sigue siendo el marinerito clásico o en tejidos naturales. Loli Suárez da los últimos toques a los vestidos que salen de su establecimiento mientras piensa en las novedades que verá en la feria del sector que se celebrará en pocas jornadas y que veremos en los escaparates la próxima temporada. Porque será en el mes de octubre cuando se empiecen a recibir los modelos para 2020. Y también los tejidos que conformarán puntada a puntada los sueños de la próxima primavera. Pero esa historia se escribirá en unos cuantos meses.