Joaquín Menchaca

Fue un destacado árbitro de fútbol y también de la elegancia, siendo recordado por sus trajes Príncipe de Gales

POR JANEL CUESTA
AMIGOS. Menchaca, segundo por la izquierda, con sombrero, ante la capilla de La Providencia. / E. C./
AMIGOS. Menchaca, segundo por la izquierda, con sombrero, ante la capilla de La Providencia. / E. C.

Cuanto más tiempo pasa es fácil comprobar cómo el mundo del fútbol lo abarca todo y su influencia se extiende mucho más allá de lo puramente deportivo, por lo que son muy pocos los que se abstraen de lo que acontece cada fin de semana en los estadios del país. Siendo ya el juego problemático de por sí, la cosa se complica cuando las repercusiones que puede ocasionar una decisión arbitral dependen de los aciertos o errores inherentes a la naturaleza humana. Y para bien o para mal, el juez supremo de un encuentro de fútbol es un hombre, muy valiente por cierto, porque lo de ser árbitro no deja de ser una profesión para hombres capaces de afrontar ciertos riesgos.

Recordamos hoy a uno de ellos, que marcó una época en el campo de juego y como árbitro de la elegancia. Sus trajes eran un ejemplo del bien vestir y, además, la tienda de Calzados Menchaca ubicada al comienzo de la calle Corrida, donde actualmente se encuentra la farmacia del Muelle, exhibía en sus escaparates los zapatos más caros de toda Asturias. Comprar y calzarse en Menchaca eran signo de clara distinción.

Joaquín Menchaca González nació en 1897 en la finca 'La Matona' del barrio de La Guía, donde se jugaban los primeros partidos en los inicios del 'foot-ball' en Gijón. Formaba parte de una familia de trece hermanos, doce hombres y sólo una mujer. Su tío y padrino, Joaquín Menchaca Salgado, era concejal, teniente de alcalde y luego alcalde de Gijón, aunque tan sólo durante quince días. No era de extrañar que todos los hermanos varones jugasen al fútbol en aquella enorme finca, pero sólo Joaquín llegó a vestir la camiseta del Real Sporting, alternando con los Estrada, Prendes, Moré y hermanos Villaverde, entre otros muchos. Eran tiempos de pura afición, por lo que alternó el deporte con los estudios de piloto de la Marina Mercante en La Coruña.

Al embarcarse como oficial tuvo que abandonar el fútbol definitivamente pero, dada su personalidad dentro del ámbito futbolístico, fue reclamado para arbitrar partidos de cierta responsabilidad entre equipos de Oviedo, Gijón y Avilés. Como es de suponer, si ganaba el Real Sporting la culpa era del señor Menchaca. En cierta ocasión en que los ovetenses perdieron en casa frente a sus directos rivales, en represalia, el club de la capital del Principado le pagó sus emolumentos dándoselo todo en una gran y pesada bolsa con monedas de bronce de diez céntimos.

Tiroteados tras un partido

También en Galicia, tras arbitrar un partido entre el Deportivo de La Coruña y el Celta de Vigo, al perder el equipo de casa, el coche en que viajaban fue asaltado por la multitud. Al llegar a Gijón se dieron cuenta de que tenían tres impactos de bala en la parte trasera. Aunque eso no fue nada comparado con un partido en San Mamés entre el Arenas de Guecho y el Atlético de Madrid, en el que a los quince minutos de juego ya había expulsado a ocho jugadores de los dos equipos, por lo que tuvo que suspender el encuentro. Necesitó escolta oficial hasta Santander, ante las iras de los seguidores de ambos clubes.

Joaquín Menchaca también llegó a la internacionalidad, arbitrando un partido en Lisboa entre Portugal y España. Luego sería presidente del Colegio de Árbitros de Asturias y, más tarde, presidente de Honor, además de recibir las Insignias de Oro de la Federación Española de Fútbol y del Comité Nacional de Árbitros.

De marino a empresario

Y si famoso fue Joaquín Menchaca como árbitro de fútbol, no lo fue menos como árbitro de la elegancia. En 1930 dejó su profesión de marino para continuar con el negocio familiar de venta de calzado en el número uno de la calle Corrida, negocio al que dio un gran impulso hasta 1962, cuando se jubiló con sus bien llevados 65 años de edad. Durante esos 32 años, llevar zapatos de Menchaca era un símbolo de elegancia, quien los calzaba se distinguía no sólo por la calidad de los mismos, sino porque al pisar hacían un singular sonido que conocíamos como 'rinchar'.

Los zapatos de Menchaca competían en calidad con los de Calzados Molinucu, de la calle de los Floros, propiedad primero del padre y luego del hijo del mismo nombre y destacados jugadores de fútbol ambos. Lo más curioso es que Calzados Menchaca tenía a pocos metros de su famosa tienda la más barata de Gijón, 'Calzados Segarra'. Sus zapatos no competían en lujo y calidad, pero curiosamente sí en duración, pues allí se calzaban todos los rapacinos del proletariado y se dejaban de usar no porque se rompían, sino porque crecían los pies.

Al jubilarse Joaquín Menchaca, el comercio siguió regentado por su hijo del mismo nombre hasta 1970. Joaquín Menchaca contrajo matrimonio con Ángeles Suárez, de cuya unión nacieron tres hijos, María del Rosario, Alfredo y Joaquín. Nuestro personaje de hoy falleció el 5 de enero de 1978 a los 80 años de edad. Somos muchos los que le recordamos por sus elegantes trajes 'Príncipe de Gales' gris marengo o azul de rayas, pero sobre todo por el brillo y el 'rinchar' de sus insuperables zapatos, que calzaron los pies de lo más selecto del Gijón de nuestros amores.

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