Corazón rojiblanco

MANUEL ROSETY

AUNQUE Manuel Calvo inició su presencia física en el Sporting con el nacimiento de la sociedad anónima deportiva, la relación del empresario gallego con el club gijonés empezó mucho tiempo antes, a través de la empresa concesionaria de la publicidad estática y sonora de El Molinón.

El Sporting pudo llevar a cabo más de un fichaje con el adelanto de un nuevo contrato de Hizarco, cuando la liquidez brillaba por su ausencia en las arcas rojiblancas. En estos casos, aumentaba el plazo del contrato, elevaba la cantidad y la pagaba por adelantado. Pudo haber sido directivo, pero en aquella época rehusó ocupar algunos de los sillones rojiblancos de la plaza del Monte de Piedad. De todas formas, era considerado como una persona de la casa. Siempre que se le pidió su colaboración para solucionar un problema, nunca falló. Evidentemente, las complicaciones eran económicas.

En 1992 se convirtió en el accionista más importante, con la aportación de 360.000 euros en acciones, antes de que el Ayuntamiento tuviera que iniciar una campaña entre los empresarios de la plaza para cubrir la suscripción del capital social. La suya fue una inversión en sportinguismo sin presión, de corazón, que le dio un puesto en el primer consejo de la SAD.

Manuel Calvo pudo ver cumplido su deseo de ser presidente del Sporting, aunque cuando empezó la lucha por el poder acabó cediendo los trastos a José Fernández, después de que algunos supuestos amigos lo vendieran. Desde entonces, ejerció como sportinguista de a pie, en silencio y sin hacer oposición. Era lo que le gustaba. No necesitaba notoriedad. Le sobraba por su posición social. Se nos fue un sportinguista.

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