Regate de embrujo Toda la actualidad del conjunto rojiblanco en canalsporting

Diego Castro fue uno de los jugadores más espectaculares del equipo en la pasada temporada

MANUEL ROSETY
Regate de embrujo Toda la actualidad del conjunto rojiblanco en canalsporting

Fue una de las revelaciones de la pasada temporada y uno de los jugadores más espectaculares del actual equipo rojiblanco. Diego Castro se ganó la confianza del sportinguismo en poco tiempo. Su estilo de juego desequilibrante y espectacular es de los que gusta a la afición.

En el filial malagueño, Diego Castro ya se había dejado notar, pero la repercusión de un segundo equipo suele ser escasa. Sin embargo, a Emilio de Dios no le pasó inadvertido su rendimiento y se convirtió en su primer objetivo desde que pasó a ocupar el cargo de secretario técnico en el Sporting.

La entidad malagueña esperó a última hora para decidir que no hacía uso de la cláusula de renovación y sus técnicos bien que lo lamentaron en la pasada campaña, con la trayectoria del gallego en el Sporting.

La llegada de Diego Castro hizo olvidar a Juan, que se fue al Nástic. El de Pervera había sido el dueño de la banda izquierda en las campañas anteriores. Se pensaba que iba a acusarse su ausencia, pero, desde los partidos amistosos de la pretemporada, el juego del interior gallego causó sensación.

Además de haber participado en asistencias, también dejó su sello goleador. En este aspecto fue su mejor campaña, porque en el Málaga B había anotado tres goles en tres temporadas. Uno de los que marcó Diego Castro quedó enmarcado entre los mejores de la temporada. En Valdebebas, ante De la Red, con tres quiebros sentó al rival y disparó ante la media salida del portero. Entre las asistencias sobresalió la del tercer gol rojiblanco materializado en Tenerife, después de salir de un triple regate ante tres contrarios, para ver a Gerardo en el segundo poste, dentro del área de portería.

Diego Castro no fue una excepción en las rotaciones o descansos de Preciado, aunque sus ausencias fueron un lujo que el técnico cántabro no debió permitirse.

Tal vez uno de los momentos más emotivos fue el partido de Vecindario, donde el Sporting tomó un respiro a costa de dejar casi sentenciado el descenso del equipo que entrenaba su padre, Fernando Castro, a quien se parece más bien poco como futbolista, puesto que su progenitor era lateral derecho, correoso y rápido, en aquel Pontevedra que se enfrentó al Sporting en 1977. Si ambos se hubieran emparejado en un partido, el virtuosismo del chaval habría podido con la contundencia de su padre. Es una simple quimera.