El último guardián Toda la actualidad del conjunto rojiblanco en canalsporting

Roberto afronta una nueva temporada con la intención de reeditar sus mejores etapas en la portería rojiblanca

MANUEL ROSETY
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Parece que fue ayer cuando Roberto llegó a Gijón, con una maleta cargada de ilusiones. Juanjo, ahora entrenador del Llanes, y Valencia, en la actualidad entrenador de porteros en Lezama, eran los objetivos a desplazar para ganar la titularidad.

El de Chantada conocía el banquillo del Celta, con el que no llegó a debutar en partido oficial. Con 23 años, el cartel que traía era el de un guardameta de futuro. Con Maceda de entrenador se hartó de tragar grada y banquillo. La oportunidad le llegó de forma testimonial, a modo de premio al trabajo, en el último partido, disputado en Badajoz, ante un rival sin afición y en un campo en el que apenas había un centenar de aficionados, que fueron a modo de manifestación contra los que habían desarmado el club pacense.

A la siguiente campaña, Marcelino ya tuvo dudas en la pretemporada, pero no se atrevió a dejar fuera del equipo a Valencia, por aquello de la veteranía. Pero a la cuarta jornada, en el Nuevo Colombino, Roberto entró en el once. El portero gallego recordará el golazo que le metió Sastre, en una desgraciada jugada, en un encuentro en el que Pablo Álvarez evitó la derrota.

El menos goleado

A partir de ahí, la línea del equipo empezó a ir hacia arriba y en diciembre se lograba un puesto de ascenso, por primera vez desde el traumático descenso de 1998. Al final, se luchó por subir en una temporada ilusionante, con recuerdos de todo tipo, con llenos en El Molinón y las apariciones más surrealistas del mundo del silbato, como la de Rodado, aunque, en el caso de Roberto, el recuerdo mejor fueron los 920 minutos consecutivos sin recibir un gol, con nueve partidos en los que mantuvo su portería a cero, racha que fue cortada por un penalti polémico en Córdoba.

Si buena fue la temporada de Roberto con el debut de Marcelino, excepcional resultó la de hace dos años, en la que se proclamó portero menos goleado de la categoría, con 31 tantos recibidos y un coeficiente de 0,82 goles por partido, mejor que el de Cavallero, del ascendido Levante, y de Cobeño, traspasado por el Castilla al Sevilla.

La pasada pretemporada fue mareante para Roberto. Pretendido por el Levante, su marcha se daba por hecha desde mayo. El portero gallego llegó incluso a pensar más en el equipo valenciano, con una oferta mareante, que en el Sporting, que lo reservó durante la primera fase de la pretemporada. Al final, ni el dinero ofrecido era real, ni los jugadores que entraban en el trueque aparecieron. El de Chantada pagó los platos rotos con una profunda decepción.

La campaña anterior fue más irregular para el equipo y la portería lo acusó. Ahora empieza otra temporada, con diferente competencia, aunque para Roberto siempre hubo rivalidad en la portería del Sporting. De todas formas, parte con ventaja y en su favor está el elogio de sus compañeros de portería, al destacar su forma de entrenar, con una gran dedicación y concentración, en la que asume un riesgo máximo. Él dice que hay que sufrir durante la semana para disfrutar los domingos.

Empieza su última temporada en el Sporting, según figura en el contrato, aunque en Gijón está afincado también como empresario y la ciudad le tira. Y mucho. De aquí a junio pueden pasar muchas cosas. Tiempo al tiempo.