Errasti en su cansancio

MARIO ROJAS/
MARIO ROJAS

Eduardo Errasti es bohemio de los de pipa y bolsón de cuero (lleno de libros). Los bibliófilos todavía se pelean por las primeras ediciones de sus libros, pero él se muestra ya muy cansado de la literatura, de su competición de egos y las puñaladas con forma de sonrisa. Tiene diez libros de poesía y siente que ninguno ha servido para nada: 'Cualquier noche puede ser la última', 'Ocho poemas que he hubiera haber escrito', 'Siempre me ha gustado la última fila de los cines', 'No hay mejor poeta que el poeta muerto' , 'Mujeres', 'Nunca te fíes de la gente que sonríe', 'Sol de hielo', 'Memorias de un gentilhombre', 'Lugar de lo informe' e 'Invasión preferida'. Respecto a 'Sol de hielo' fue propuesto ese año por Antonio Gamoneda y Francisco Brines para el Nacional de Poesía. «Ya no escribes, Errasti, ¿qué te ocurre?». «Me ocurre que soy feliz. Simplemente. Como decía Whitman: 'Basta estar con los que uno quiere'». «Odias a los venecianos, a los dandis, a los singulares». «Sí, has acertado. Ahora amo la vida por encima de la literatura y me joden las máscaras. No me interesan nada los novísimos. Me la trae al pairo que Casanova se la menee o no se la menee en el jardín de los Ufizzi. Escribo para la panadera de mi barrio, tío». «Siempre te has definido como un obrero de la palabra». «Es la definición clásica que da Maiakovski. El poeta es un obrero de la palabra. Esto encaja con múltiples concepciones: la escritura como lujo, la letra para gente con tiempo, el escritor como gran burgués, etcétera». «Pero eres vanidoso, Errasti». «No conozco ningún escritor que no lo sea. Si no tuviera vanidad no escribiría. Pero creo, o creía, en la palabra para construir un mundo mejor, etcétera. No como juego de salón del Luis Antonio de Villena de turno». «¿La panadera de tu barrio te guiña un ojo o se aprieta las tetas cuando entras?». «No, Medrano. Ni me guiña un ojo ni se aprieta las tetas». «¿Las tiene muy grandes?». «No lo sé, tío» «¿Estás muy cansado?». «Voy a cumplir cincuenta años. Quizás por eso leo compulsivamente a Neil Young, Patti Smith. Otros muchos soportes musicales. Y vendí, a título de catarsis, toda mi biblioteca por cuatro perras. Aún así quiero seguir leyendo poemas que me hagan daño».

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