Asturias cataloga su patrimonio industrial

La Consejería de Cultura anuncia un «importante impulso» al inventario en los presupuestos de 2008 La novena edición de las jornadas sobre los 'paisajes de hierro' se inauguró en La Laboral

PACHÉ MERAYO.
FÁBRICA DE ARMAS. Se encuentra en Trubia y es uno de los enclaves industriales destacados. / E. C./
FÁBRICA DE ARMAS. Se encuentra en Trubia y es uno de los enclaves industriales destacados. / E. C.

Son la huella de las primeras industrias, de una revolución que cambió la historia del mundo. Muchas ya convertidas en fantasmas, en esqueletos de hierro y hormigón, siguen contando una época, hablando de su cultura, del desarrollo económico del que fueron testigos. Y es precisamente ese relato el que las está salvando de la destrucción. Pero para que la pervivencia sea un hecho, «no basta con asentir sobre su importancia», dicen quienes llevan años luchando por la conservación de lo que en 1955 el historiador Michel Rix bautizó como patrimonio industrial.

En palabras del nuevo director general de Patrimonio, Adolfo Rodríguez Asensio, los pasos a dar para alcanzar ese objetivo son tres: «Catalogar, diagnosticar y planificar. El primero para tener conocimiento de la riqueza patrimonial que existe, el segundo para saber en qué estado se encuentra y el tercero para convertir la mejor parte de lo inventariado en un valor cultural, es decir, darle un uso de futuro».

En estos momentos, confesó el representante de la administración central, «nos encontramos en la primera fase, y con intención de acelerarla». En los presupuestos del próximo año «vamos a inyectar un impulso importante porque no tener inventariado nuestro patrimonio es una importante deuda». Hablaba así Rodríguez Asensio ayer en Gijón, poco antes de participar en la inauguración de las IX Jornadas Internacionales de Patrimonio Industrial, organizadas por Incuna, la Asociación de Patrimonio Industrial Máximo Fuertes Acebedo.

Secundaba el interés por la heredad industrial la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, quien, como el director de Patrimonio, acudió a la apertura de los encuentros, en los que participarán hasta el sábado especialistas de 12 países. Fernández Felgueroso aprovechó la tesitura para solicitar a la Administración regional mayores recursos económicos con vistas a enfrentar el rescate en la ciudad de algunos de los elementos que ya han sido catalogados y están en vías de restauración. También solicitó la regente gijonesa ayudas para aquellos centros de interpretación que contaron con apoyo del Principado en su primeras fases y ahora se han quedado huérfanos de recursos regionales, como es el caso de Veranes.

Referente cultural

Hoy, lugares como la antigua sede central de la SHE de Ujo (Mieres), los astilleros Juliana Constructora Gijonesa (Gijón), la central hidroeléctrica de Arbón (Navia), las viejas factorías de la antigua Ensidesa (Avilés y Gijón) o el taller de cañones de la Fábrica de Armas de la Vega (Oviedo), por poner algunos ejemplos, son entendidos como un referente cultural. Algunos alimentan museos como el de la Siderurgia o la Minería . Se han convertido o se convertirán en carne de acción social y de interés restaurador.

Pero no todo lo que está considerado patrimonio industrial por definición debe ser rescatado. «La mejor manera de no conservar nada es pretender conservarlo todo», argumenta Miguel Álvarez Areces, presidente de Incuna, para adelantar que deberá hacerse una selección del catálogo y trabajar sobre ella. «De momento se están seleccionando 100 bienes, que tengan un valor fundamental. Por ejemplo Hunosa, tiene 14.000 fichas patrimoniales. Eso es un bien importante». En estos términos se pronunció también el director general Rodríguez Asensio, determinando, como también haría la alcaldesa, que «no todo se tiene ni se debe convertir en Bien Cultural». Sólo se merecerán el título aquellas construcciones que, bien por sí solas, o en conjunto con instalaciones o equipamientos esenciales, «ilustren el nacimiento o el desarrollo de procesos industriales o técnicos».

Se trata de recuperar no sólo los elementos que arquitectónicamente destaquen en una época de protoindustrialización, sino que tengan un valor histórico, «que sean señas de identidad de los grupos sociales involucrados en su desarrollo», advierte Areces.

Cabe recordar que fue Gran Bretaña, como cuna de la Revolución Industrial, el escenario del primer reconocimiento del patrimonio industrial. En 1959 se creó un comité especial para preservar los monumentos industriales, una iniciativa de recuperación que goza ahora de un reconocimiento internacional.

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