«Esa noche no la olvido, dejabas a los padres, ibas solo y no sabías a dónde»

Tres de los 'niños de la guerra' que en 1937 huyeron a la URSS recuerdan la experiencia que marcó sus vidas Un homenaje conmemora hoy su partida, a las 13 horas, en El Arbeyal

IRENE GARCÍA
PARTE DE LA HISTORIA. Araceli Ruiz, Mario García Ordóñez y Libertad Fernández, paseando ayer por las calles de Gijón. / P. CITOULA/
PARTE DE LA HISTORIA. Araceli Ruiz, Mario García Ordóñez y Libertad Fernández, paseando ayer por las calles de Gijón. / P. CITOULA

«¿Cada vez que me acuerdo de esa noche !». Mario García tenía seis años, Libertad Fernández cumplía los diez y Araceli Ruiz, doce. Setenta años después, el paso del tiempo no ha quebrado sus recuerdos que, para ellos, se mantienen tan vivos como el primer día. «Esa noche no la olvido nunca», insiste Araceli, en referencia a un hecho que hoy se ha convertido en un capítulo más de la Guerra Civil española, pero que para estos niños supuso dejar atrás todo lo que conocían y empezar solos una nueva vida en la Unión Soviética.

«Nosotros éramos niños y lo pasamos más levemente que los mayores, pero aún así estabas inseguro», explica Mario. «No sabías a dónde ibas o lo que ibas a hacer. Dejabas a los padres y te ibas sola», añade Araceli, quien también reconoce que «la novedad te llenaba, pero porque no sabíamos la tragedia que era». A su corta edad apenas podían entender qué pasaba.

La 'aventura' comenzó de forma parecida para los tres. La madre de Mario le trajo a Gijón desde Santa Bárbara, en San Martín del Rey Aurelio, donde estuvo algo más de un mes hasta que salió en el barco. Libertad también llegó a Gijón desde las cuencas, ella desde Sama, junto a sus dos hermanos. Cumplió diez años en Gijón, esperando para embarcar. Y la gijonesa Araceli salió desde el barrio de El Natahoyo con dos hermanas. «A algunos nos habían concentrado en una Quinta de Roces, esperábamos y esperábamos. Nos decían que si salíamos hoy, que si mañana y ya por fin llegó un momento en que dijeron, hoy se sale. Y vinieron los autobuses». Fue el comienzo del viaje.

Eran en torno a las once de la noche del 23 de setiembre de 1937 cuando los autobuses se dirigieron hasta el puerto de El Musel. «Como éramos niños, íbamos alborotando y nos decían: No gritéis que os pueden escuchar, que tenemos a la aviación encima; pero nosotros no entendíamos nada», relata Mario.

Cuando llegaron al puerto de El Musel estaba oscuro, pero en sus memorias se quedó grabada la imagen del barco que les esperaba. «Era un carguero de carbón, con una bodega única en la que íbamos todos y estaba muy oscuro», recuerdan. «Tenías que bajar por la escalera esa que se tambaleaba Iba toda mareada», explica Araceli. «Pasé el viaje mareadísima y me enteré después de las cosas que pasaron», apunta Libertad.

El viaje

El viaje duró varios días. No llegaron hasta el 3 de octubre, pero antes hicieron trasbordos. El primero en Francia, donde dejaron el carguero y, recuerda Araceli, «llegamos a un palacio, con camarotes, limpio...». Luego volvieron a cambiar de barco en Inglaterra y, finalmente, llegaron a su destino. El trayecto no estuvo exento de incidentes. Mario recuerda que «casi al llegar, hubo un temporal y un marinero cayó al agua. Recuerdo cómo le tiraban el salvavidas, el barco paró y regresó para cogerle». «El mar estaba muy bravo y muy feo», pero los niños vivieron el episodio como una aventura, «casi nos pareció hasta bonito», confiesa Mario. Libertad explica que con el tiempo también se enteró de que «un barco, el Cervera, nos persiguió y quería hundirnos».

Una vez en Leningrado, el recibimiento «fue buenísimo, con flores, música... Nos hacía olvidar la separación», dice Araceli, a lo que Libertad añade el recuerdo de ver al llegar «a los educadores llorando porque Asturias había caído en mano de los fascistas». Para ella, una vez fuera del barco, explica, que tuvo un sentimiento que tardó en comprender. «Me di cuenta de lo lejos que estaba y era una angustia muy grande».

Con carreras

Pese a todo, se quedan con lo positivo. «Casi el 50% hemos vuelto con carreras universitarias, algo que aquí jamas en la vida ni soñarlo porque nuestros padres eran obreros». Mario estudió Arquitectura Araceli empezó Medicina, pero cuando estalló la guerra, debido a las carencias, comenzó a trabajar en la recogida de algodón, durante algo mas de un año; luego, al terminar la guerra concentraron a la mayoría en Moscú y allí Araceli empezó a estudiar un peritaje de Construcción y Explotación de Carreteras y Puentes, trabajó de ello y finalmente estudió Economía; lo que también estudió Libertad.

Las primeras noticias de sus padres no les llegaron hasta pasado cerca de un año. «Las cartas que mandaban no llegaban por la censura de Franco y lo que nos llegó tenía que venir desde Argentina», recuerda Araceli. «Yo solo recibí una carta de mi hermano mayor que estaba en Francia», señala Mario. Y para algunos tuvieron que pasar décadas e incluso esperar a irse a Cuba para poder volver a ver a sus padres, como le sucedió a Araceli. «Fue gracias al Che Guevara, que era ministro de Industria y les financió el viaje».

Los tres recuerdan un gran recibimiento pero, señala Libertad, «lo bueno se acabó cuando entraron los alemanes». Empezó la Segunda Guerra Mundial y tuvieron que refugiarse de los combates.

El regreso

El regreso fue distinto para los tres. Los tres pasaron por Cuba. «Durante la revolución cubana los soviéticos necesitaban traductores especialistas y nos fuimos allí». Mario regresó hace diez años, cuando sus hijas ya se hicieron independientes. Él se casó allí y tuvo dos hijas que, eso sí, asegura, «se sienten muy asturianas». Araceli volvió nada más jubilarse en 1980. Hizo las maletas y regresó con su hija pequeña, la mayor llegó después. Libertad regresó a España desde Cuba, a diferencia de Mario y Araceli que todavía volvieron a Rusia antes. «Cuba fue el empuje para venir a España», coinciden los tres. Libertad recuerda que cuando pisó de nuevo Asturias sintió «mucha emoción y un nudo en la garganta». Fue para ella un momento difícil y alegre.

Los 'niños de la guerra' están ahora «muy agradecidos» de la acogida que encontraron al volver a su hogar en España. Hoy, a las 13 horas, recibirán un homenaje en El Arbeyal, organizado por el Ayuntamiento, ante la escultura de Vicente Moreira, en un acto que presidirá la alcaldesa. Ahora, cada uno a su manera, ha dejado su pequeño legado para evitar que su experiencia caiga en el olvido. Algunos escribieron sus memorias y otros, como el segundo marido de Araceli, ya fallecido, Saturnino Rodríguez, escribió un poema (aquí reproducido): 'Aquella noche'.

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