«Salí a comerme el césped»

Alberto Lora jugó ayer su primer partido con el Sporting. El jugador no se amedrentó y dejó una grata imagen

J. B.
DEBUTANTE. Lora sonríe ayer ante el oleaje de la playa de San Lorenzo. / LUIS SEVILLA/
DEBUTANTE. Lora sonríe ayer ante el oleaje de la playa de San Lorenzo. / LUIS SEVILLA

El pulmón del filial del Sporting se trasplantó ayer al primer equipo. Era una operación de urgencia. Delicada. Había que practicar una incisión certera sin dañar ninguna parcela vital. El equipo iba a perder el primer partido. Preciado no dudó. Es un buen cirujano. Dirigió su mirada a la banda. Observó a los jugadores que estaban calentando. Y su dedo señaló a Lora como recambio de Marcos Landeira.

El joven centrocampista recibió la bendición de Quini y saltó al césped, aunque no pudo evitar la derrota: «Estoy muy contento por haber debutado. Llevaba mucho tiempo esperando este momento y tenía mucha ilusión. Fue una alegría enorme, aunque también una pena porque el equipo perdió y cortó la racha que llevábamos».

Igual que un veterano. El futbolista de Móstoles no se escondió. Se ofreció a sus compañeros. Jugó el balón con criterio y arriesgo lo justo. Lejos de amedrentarse, la imagen de Lora se diferenció más bien poco de la que ofrece en sus partidos con el filial. Un medio centro omnipresente. Una pesadilla para los rivales. Quizás había imaginado su debut varias veces. Puede que hubiera disputado ese partido con el Celta muchas veces en su cabeza. De forma ficticia, pero en parte real. Por eso la presión del 'novato' no le pudo. «Sólo pensaba en salir al campo y comerme el césped», reconocía ayer.

Sorprendido por el debut

El madrileño salió en una fase complicada. Tres minutos después de que Okkas pusiera patas arriba la sólida defensa del Sporting y marcara. Una fase en la que el equipo estaba desorientado. Aturdido. Herido gravemente en su interior. Por eso, el gol sepultó las esperanzas de Lora. No esperaba saltar al campo tras el gol. No era el mejor momento para un debutante: «Creía que podría jugar unos minutos si el partido iba bien, pero me sorprendió que me llamara cuando nos marcaron el gol». Preciado es así. Imprevisible. Valiente. Le gusta asumir riesgos. Tiene las cosas muy claras. También conoce a la perfección los orígenes de Lora. De donde viene. Su cuna futbolística.

Se crió en la cantera del Real Madrid, a pesar de dar sus primeros pasos en el Móstoles. Allí, los jugadores son vigilados con lupa. Una política muy dura. La élite del fútbol base. Desde alevines les acostumbran a convivir con la presión. Los que no valen se quedan por el camino. Y Lora llegó a convertirse en el capitán del primer equipo juvenil. La referencia. Por eso, el partido de ayer no era tan distinto. No suponía un giro radical. Un salto de calidad difícil de asumir. Nada de eso. «La verdad es que en el Madrid siempre tienes mucha presión y mucho público. He jugado torneos con 10.000 personas en la grada y eso me beneficia», reconocía ayer el joven jugador.

En lo que tardó en ponerse la camiseta y quitarse el peto le cogió el ritmo a la Segunda División. No necesitó nada más.

Fotos

Vídeos