Quimonos de luto por Cristian

Los compañeros de kárate del joven fallecido por meningococis acompañaron a su familia, que recibió el primer dan a título póstumo

O. E. M. M.
EMOCIÓN. El sensei Ricardo García, con los padres de Cristian y los jóvenes karatecas. / LUIS SEVILLA/
EMOCIÓN. El sensei Ricardo García, con los padres de Cristian y los jóvenes karatecas. / LUIS SEVILLA

Brazaletes negros en los blancos quimonos. Los que compartieron con Cristian de Prado Fernández una de sus mayores aficiones, el kárate, le rindieron ayer un sencillo homenaje en un acto también sencillo que sirvió, sobre cualquier otra cosa, de recuerdo y de apoyo e intento de consuelo a su familia en un momento en el que nada les puede consolar. Los chicos y chicas que practican kárate en el gimnasio Azteca, donde acudía también el joven de La Calzada de 17 años fallecido el pasado viernes víctima supuestamente de una infección meningocócica, se reunieron ayer, momentos antes de comenzar su rutina deportiva, ante la familia de Cristian.

En silencio, los jóvenes presenciaron cómo su profesor, que también lo fuera de Cristian, Ricardo García Mendaña, hacía entrega a los padres del joven fallecido del diploma que le acredita, a título póstumo, con el primer dan, el primer grado que se puede adquirir una vez alcanzado el cinturón negro, y que le ha concedido la Federación Asturiana de Kárate.

Cristian lucía ya ese color en su quimono y estaba a punto de examinarse del grado que ayer sus padres recibieron por él. José Luis y María Isabel, acompañados de su otra hija y algunos familiares más, tan sólo guardaron silencio. Y pidieron una foto que Ricardo García se comprometió en hacerles llegar.

Poco más había que decir, y el profesor lo sabía. «No sé qué deciros», repetía después del sonoro aplauso que todos los deportistas dedicaron a Cristian, a su memoria y a su emocionada familia. Recogieron el diploma y abandonaron el gimnasio donde su hijo pasó tantas horas. No en vano, el que fuera su monitor recuerda una y otra vez la pasión que sentía por el kárate, a través del que canalizaba muchos de los sentimientos que su timidez le impedía mostrar de otra forma. Recordado por todos como «un chico sano, que no fumaba y no bebía», practicaba este deporte desde los ocho años. Muchos otros chicos compartieron con él sus horas de entrenamiento. Incluso en los últimos días, cuando Cristian ya no se sentía bien. Por eso, ayer, tanto los que acudían a su clase como los que lo hacen a otras horas, se reunieron a las ocho en el gimnasio.

Tras los emotivos minutos de homenaje en el gimnasio, y mientras la familia de Cristian de Prado abandonaba la sala, ellos continuaron con el kárate. Sigue el entrenamiento mientras los padres, la hermana y todos los demás familiares de Cristian se enfrentan ahora a muchas dudas, a la medicación preventiva y a la ausencia del joven, cuando sólo tenía 17 años.

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