El jesuita Enrique Figaredo, Premio Vocento a los Valores Humanos 2007

El director Daniel Barenboim también ha sido distinguido con un Premio Especial del jurado

E. C.
Daniel Barenboim./
Daniel Barenboim.

El jesuita gijonés Enrique Figaredo ha sido galardonado con el Premio Vocento a los Valores Humanos 2007, en reconocimiento a la intensa y desinteresada labor humanitaria que lleva a cabo desde hace más de veinte años en el sureste asiático. Asimismo, el jurado ha resuelto otorgar un Premio Especial al director de orquesta Daniel Barenboim, por sus acciones para propiciar la convivencia entre israelíes y palestinos.

En su undécima edición, el Premio Vocento a los Valores Humanos, instaurado para distinguir los méritos de las personas e instituciones que con su vida o actividades son ejemplo de buen hacer para los demás, ha puesto su mirada en la encomiable labor de Enrique Figaredo. Nacido hace 48 años en Gijón, descubrió su vocación religiosa y de servicio mientras estudiaba Económicas e impartía clases a adultos de clase humilde. «Quería ponerle rostro a los números», recuerda el asturiano, primo carnal del ex director del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato.

Licenciado en Ciencias Empresariales, Teología y Filosofía, ha invertido gran parte de su vida en ayudar a los más desfavorecidos, concretamente, en Camboya. En 1985 se presentó como voluntario al Servicio Jesuita para los Refugiados, desde el que fue destinado al país asiático. Allí pasó tres años dedicados a trabajar en campamentos de refugiados. Su principal labor fueron los servicios sociales y la educación para los mutilados por las minas antipersona.

De vuelta a España para terminar sus estudios universitarios y ordenarse sacerdote jesuita en 1992, no dejó de lado el proyecto que había iniciado en Camboya. Solicitó regresar al año siguiente y desde entonces no ha abandonado el país del sureste asiático, donde en 2001 fue nombrado prefecto apostólico de Battambang, una región camboyana donde cada día se producen una media de tres accidentes por minas, de manera que una de cada 240 personas ha sido damnificada por ellas.

Convencido de que su misión es lograr que «la vida sea una fiesta» para todos, especialmente para los niños, dedica su tiempo a localizar, acoger y ayudar a cuantos sufren marginación, las secuelas de la guerra o mutilaciones. Y lo hace en un país mayoritariamente budista, donde sólo el 0,02% de la población es católica.

Numerosos galardones

El Premio Vocento a los Valores Humanos viene a sumarse ahora a los varios reconocimientos que ya ha merecido la labor de Enrique Figaredo, conocido en su misión como «el obispo de las sillas de ruedas». En 2004 le fue concedida por el Gobierno español la Gran Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad y, hace apenas unos meses, volvió a ser distinguido con el Premio Fundación Emilio Barbón por su ejemplo de búsqueda constante de vías de superación y de compromiso con los sectores más necesitados de la sociedad.

El jurado del Premio Vocento, encabezado por el presidente del grupo, Diego del Alcázar y Silvela e integrado por destacadas personalidades de la cultura, la empresa y la sociedad españolas, ha resuelto conceder también un Premio Especial al argentino Daniel Barenboim. Admirado tanto por su labor como pianista como por ser uno de los directores de orquesta más destacados de nuestro tiempo, el mayor aplauso, sin embargo, lo ha merecido por fundar en 1999, junto con su amigo Edward Said, escritor estadounidense de origen palestino, la orquesta West-Eastern Divan. Juntos obtuvieron el Premio Príncipe de Asturias.

Con sede en Weimar, Alemania, en la West-Eastern Divan trabajan juntos jóvenes de entre 14 y 25 años de países como Egipto, Siria, Líbano, Jordania, Túnez e Israel, intentado superar las enconadas diferencias existentes entre tales nacionalidades. Su meritoria aportación a la cultura y a la convivencia fueron valorados ya por el jurado de los Premios Príncipe de Asturias, que en 2002 le concedió el galardón a la concordia.

El jesuita Figaredo y el director Barenboim suman sus nombres a los de otros personajes de igual categoría humana y profesional, como Adolfo Suárez o Miguel Delibes, cuya labor viene reconociendo y agradeciendo el grupo de comunicación al que pertenece EL COMERCIO desde la creación, en 2001, del Premio Vocento a los Valores Humanos.

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