Un conde que se llamó Amadeo y un marquesado otorgado por el Rey Amadeo I

BANCO. imagen de la zona en la que Don Amadeo estableció una sucursal del Banco de Gijón. / TANIA/
BANCO. imagen de la zona en la que Don Amadeo estableció una sucursal del Banco de Gijón. / TANIA

-I-

En su juventud, como tantos otros de su época, Don Amadeo emigró a Cuba, donde hizo inversiones en florecientes negocios, regresando a España en acomodada situación financiera. Fue socio fundador del Banco de Gijón que posteriormente presidió, estableciendo sucursal en Avilés en una casa de la Plaza Nueva, hoy Hermanos Orbón, con frente a la plaza de Pedro Menéndez, lindando con el café Colón, años más tarde pasaría al edificio de la calle de La Muralla donde hoy se encuentra el Banco de Santander.

Adquirió la empresa 'Industrial Zarracina', en la que comercializó un cava con el nombre de 'Conde del Real Agrado'. Presidió también la compañía de cafés 'Golfo de Guinea' y fue consejero de otras entidades bancarias e industriales, como el Banco Hispano-Americano, Altos del Alberche, Telefónica e Hidroeléctrica del Cantábrico, estaba en posesión de la cruz del Mérito Agrícola y era diputado por Llanes.

Tenía un domicilio en Avilés, pero con frecuencia residía en Madrid y en su casa solariega rodeada de extensa huerta de San Martín de Podes.

El 25 de marzo de 1965, el Ayuntamiento dio el nombre de conde del Real Agrado a la calle que une la primera rotonda de la de Palacio Valdés con la calle del Muelle.

-II-

El sexto título nobiliario otorgado a un avilesino fue el de marqués de Teverga, concedido por el rey Don Amadeo I de Saboya el 11 de febrero de 1873 a Don José García-San Miguel y López. Dicho señor había nacido en San Miguel de Quiloño, concejo de Castrillón, su padre, un hacendado terrateniente de aquel lugar, quizás previniendo el futuro nobiliario de su vástago, lo trajo a bautizar a la parroquia de San Nicolás de Bari, el recién nacido se llamaba realmente José García López y el párroco de la feligresía de origen se negó rotundamente a intercalar el San Miguel como apellido, razón por la que acudió a la parroquia de la Villa en demanda de su pretensión y el señor cura de Avilés, menos escrupuloso que el de San Miguel de Quiloño, no tuvo inconveniente en acceder a lo pretendido, justificando el bautizo diciendo: «por disensiones con el párroco de su lugar de origen procedí a bautizar », el así bautizado con apellidos más sonoros y menos vulgares, fue un activo trabajador y un hombre emprendedor con vista para los negocios, pronto se labró una regular fortuna que le permitió edificar una espaciosa y magnífica casa en la principal calle de la Villa, La Cámara, haciendo esquina con las de La Muralla y San Bernardo, la construcción tenía una armónica estructura, combinando en la fachada principal balcones y miradores y en el lateral con La Muralla una amplia galería, desgraciadamente hoy este inmueble ha desaparecido.

Mantuvo un activo comercio con las Antillas en la segunda mitad del siglo XIX, que repercutió en el desarrollo de Avilés; llegó a ser propietario de los más importantes navíos de su tiempo, con los que mantuvo durante años el tráfico migratorio de toda la región a Cuba y México.

Con independencia del trasporte de personas al Nuevo Mundo, exportaba avellanas, nueces, alubias y harina, e importaba lo que se denominó 'coloniales' que gozaban entonces de general aceptación en el mercado, tales como azúcar, cacao, café, aguardiente de caña llegando a ser el más importante naviero de nuestro puerto, destacando entre sus barcos de mayor tonelaje el 'Villa de Avilés', la goleta 'Julia', el bergantín 'Eo', la 'Eusebia' y 'El patriota asturiano' entre otros. En esta actividad naviera participaba como socio su suegro DonLeoncio de Zaldúa, pues en 1835 se había casado con su hija Doña Eusebia de Zaldúa de distinguida y adinerada familia avilesina. Fue alcalde de Avilés en 1832 y diputado provincial por su distrito en varias ocasiones. El 15 de agosto de 1872, visitó Avilés el rey Don Amadeo I de Saboya, y se rompió la tradición de que los regios visitantes se hospedasen siempre en el palacio de Ferrera; al no pertenecer este monarca a la dinastía borbónica no se le abrieron las puertas de dicho palacio, alojándose en la casa del importante naviero que se las abrió de par en par; en agradecimiento a su hospitalidad, seis meses después, el mismo día en que abdica y abandona España, 11 de febrero de 1873, le otorgó el título de 'Marqués de Teverga'.

Llegó entonces la primera república, en la que se sucedieron en el cargo, rápidamente, los 'jefes del poder ejecutivo', hasta que fue proclamado en Sagunto el rey Don Alfonso XII el 29 de diciembre de 1874, el cual por Real Orden de mayo de 1876 confirmó el título que su efímero antecesor había concedido en su reinado de dos años y tres meses.

Fallece el primer marqués de Teverga el 14 de noviembre de 1884, heredando el título su hijo primogénito Don Julián García-San Miguel y Zaldúa, que había venido al mundo a las tres de la tarde del día 8 de marzo de 1841, según consta en la partida de bautismo que obra al tomo XII, folio 446 del archivo parroquial de San Nicolás de Bari.

Ya en otras ocasiones nos hemos referido detalladamente a este ilustre avilesino, más a modo de conciso recordatorio hemos de destacar que estudió leyes en la universidad ovetense, doctorándose en Madrid en 1865 con una tesis titulada 'La legislación histórica española, relativa a la institución matrimonial'. Ejerció la abogacía en Oviedo, donde fue profesor de la Universidad, miembro de la Comisión de Monumentos y correspondiente de la Academia de la Historia. Desde su juventud fue considerable su labor divulgadora mediante artículos sobre temas políticos, sociales y económicos, siendo de los primeros eruditos que cayeron en la cuenta del valor de la prensa diaria para llegar al 'gran público'.

En 'El Faro Asturiano' fue contumaz defensor de la autenticidad del Fuero de Avilés, que por entonces sufría los embates de algunos académicos. Colaboró con Bellmunt y Canella en su monumental obra 'Asturias' escribiendo en ella la parte relativa a Avilés; posteriormente el discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia llevó por título 'Avilés, noticias históricas', origen del libro que publicaría más tarde en 1897, obra de singular interés por los datos que aporta, totalmente agotada y que como ya destacamos más de una vez debería ser reeditada.

Perteneció al Consejo de Estado y a la Real Academia de Jurisprudencia siendo diputado a Cortes por el distrito de Avilés, de 1869 a 1907, durante treinta y ocho años y senador vitalicio desde 1907 hasta su fallecimiento, ocurrido en Olmedo en 1911 cuando contaba 70 años. Ocupó altos cargos en la Administración, desempeñando los de Director General de Beneficencia, subsecretario de Gobernación y ministro de Justicia.

A él debe Avilés la canalización del río Raíces y la de la ría, el trazado de lo que se llamó carretera del Torno, unión de Avilés con el puerto comercial, la construcción de la dársena de San Juan de Nieva, el saneamiento del playón de Raíces, el ramal del ferrocarril Villabona-San Juan de Nieva y la adquisición de los terrenos donde había estado el convento de los Mercedarios, para planificar el ensanche de Avilés y construir la iglesia nueva de Sabugo, sin contar las numerosas aportaciones que hizo con fines benéficos y asistenciales.

En pago a su quehacer el Ayuntamiento dio su nombre a una de las más importantes calles, y aunque se dice y se ha escrito en letras de molde que las calles se concedieron al primer marqués de Teverga, ello no es cierto, pues su nombre figura en los acuerdos municipales de concesión, así el 15 de enero de 1892 se denominó 'Marqués de Teverga', Don Julián, a la calle que primero fue 'Alameda Nueva' y luego 'La Muralla'. El 12 de febrero de 1897 se da el nombre de Julián García-San Miguel, marqués de Teverga a la calle de La Cámara. En 1917 se sustituyó este nombre por el de José Manuel Pedregal, volviendo el marques de Teverga a ocupar la de La Muralla. El 18 de julio 1979 se vuelve a dar a la calle el nombre de La Muralla, suprimiendo Marqués de Teverga y el 16 de mayo de 1883 se da su nombre a una travesía de la zona industrial de la ría.

El pleno de 30 de agosto de 1901 acordó erigirle una estatua en lugar adecuado, acuerdo que nunca se cumplió. Su retrato, pintado por Dionisio Fierro se colocó en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento el 12 de abril de 1896, hubo de ser restaurado en 1889 encontrándose hoy en el Salón de Recepciones municipal. No es necesario destacar la ingrata falta de sensibilidad en la memoria de quien tanto bien hizo a su Villa natal.

El 30 de abril de 1965 se expidió carta de sucesión a favor de Don Victoriano García-San Miguel Escriñá, casado con Doña Delfina Fernández Solórzano, que no residen en Avilés.

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