«Fue duro, pero volvería»

La primera expedición española a la Antártida emociona a Candás al destapar la placa que recuerda su viaje, «la experiencia de una vida»

I. GÓMEZ
HOMENAJE. El capitán de la 'Idus de Marzo', Santiago Martínez Cañedo, descubre la placa que desde ayer conmemora en el puerto de Candás la salida de la expedición a la Antártida. / TANIA/
HOMENAJE. El capitán de la 'Idus de Marzo', Santiago Martínez Cañedo, descubre la placa que desde ayer conmemora en el puerto de Candás la salida de la expedición a la Antártida. / TANIA

El 15 de diciembre de 1982, la goleta 'Idus de Marzo' zarpó del puerto de Candás rumbo a un mundo helado que ningún español había pisado antes. Fue un viaje histórico y científico sin precedentes, pero para los 24 tripulantes que llevó aquel navío, de 110 toneladas de peso y 28,5 metros de eslora, supuso una experiencia inolvidable. «Este viaje representa un patrimonio personal que no tiene cotización en banca», resume Santiago Martínez Cañedo, capitán de aquel primer barco español que llegó a la Antártida.

Con motivo del 25 aniversario de aquella hazaña, sus tripulantes se reunieron ayer en el muelle de Candás, donde descubrieron un placa conmemorativa del acontecimiento. Este acto estuvo presidido por Alberto Vizcaíno, hoy director general de Pesca del Principado. Entonces, sólo era uno más. «Un gran tripulante», recuerda Martínez Cañedo.

La jornada conmemorativa comenzó en el Museo Marítimo de Asturias, en Luanco, que cuenta con una nueva colección de gran valor histórico y, sobre todo, sentimental. Entre los objetos cedidos por la tripulación -reunida al completo tras un cuarto de siglo-, se encuentra la bandera de Asturias que ondeó en la goleta mientras daba la vuelta al mundo.

El aniversario ha servido para volver reunirlos y contar a los demás cómo fue aquella aventura. «La idea surgió de un empresario mallorquín, que se puso en contacto con nosotros cinco meses antes de que acabáramos el barco. Nos lo propuso, lo estudiamos y, finalmente, dijimos que sí», explicó el capitán del 'Idus de Marzo', quien recalcó que «para un marino, este proyecto es la experiencia de su vida. No fue tan importante la ida. Lo más importante fue volver».

Sabían que los primeros hielos los verían en marzo, una de las peores épocas. No obstante, apostaron por el viaje y lograron colocar en la Antártida la primera bandera de España, que también se conserva ya en el Museo Marítimo de Asturias. «Todos volveríamos, a pesar de lo duro que fue», aseveró Martínez Cañedo.

Fue duro el trayecto, de más de 10.000 millas, sometido a veces a vientos de más de 80 nudos (135 kilómetros por hora) y, en alguna ocasión, a olas de 14 metros. «Y la rueda del timón estaba en cubierta», indicó el marino.

En la Antártida estuvieron 24 días, soportando temperaturas de entre 12 y 16 grados bajo cero: «Las guardias no podían ser de más de veinte minutos, porque nadie aguantaba». A pesar de los inconvenientes, «jamás dejamos de comer un plato caliente», anotó Martínez Cañedo. Gracias a Josu Otazua, un restaurador vasco que, entre cazuelas, luchó contra las inclemencias del mar.

Agua de 2.000 años

Las dificultades llegaron cuando escaseó el agua. «Teníamos una planta potabilizadora, pero con las bajas temperaturas del agua, no funcionaba. Entonces cogíamos trozos de hielo de 2.000 años de edad -que se distingue porque tiene un color azulado- y cocinábamos con ello. Podemos decir que bebimos agua de 2.000 años», explicó el tripulante.

Estos recuerdos volvieron ayer a la mente de todos los que formaron aquella expedición pionera, reunida por primera vez después del desembarco, que tuvo lugar en Cádiz el 10 de junio de 1983. Después, cada uno siguió su camino profesional y personal. Y la histórica goleta, construida en Navia, «hoy está haciendo cruceros en Yokohama, en Japón». Porque, según el armador, «es preciosa, tiene una apariencia frágil pero es muy fuerte». Como los aventureros.

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